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lunes, 11 de agosto de 2008

La otra versión del amor II

Tuya fue esa primera,
Esa que adornabas con alhajas y trampas.
La pintaste y sin pudor la hiciste tuya,
Cómodamente colgada en tu pared,
Como un trofeo de lengua y sexo.
Pero era otra - o quizás todas-
( pero tú no lo viste)
Era negra y estaba rota.
Desdentada, mordía largamente tu cuello.
Tenía el órgano ceniciento y los muslos húmedos.
Jamás fue tuya, y si lo fue, te mintió.
Que ella no conocía la verdad de frágiles símbolos.
Ella misma era otro símbolo
(pero tú no lo leíste)
Era doble y lanzaba arañazos.
Tu reflejo opaco, tus miles de palomas abultadas,
Tu pequeña sacristía y tu cáliz medio vacío,
No fueron suficientes para amaestrarla.
(pero tú no quisiste admitirlo)
Llevabas tanta prisa y eras tan ciego,
Que cuando se convirtió en oruga,
Tú aún creías era mariposa.
Necesitabas una certeza,
Aunque miope,
La alimentabas, era certeza.
Pero desengáñate, ella jamás fue ella.
La hermosa máscara era traicionera,
Y de amor jamás quisiste entender,
En su lugar, te comiste tu lengua.
( pero tú nunca lo desvelaste).

domingo, 4 de mayo de 2008

A ti


A ti que no escuchas,

que no ves,

que no sabes.

A ti te escribo, a ti te hablo, a ti te pienso.


No sé si leerás ésto, no sé qué pensarás... ¡Tan poco sé de ti!

Hubo un instante de tiza en el cual me creí parte de ti, de tus caprichos, de tus silencios. Ese instante se fue como una canción.

Cuando vi tu espalda, entendí te habías ido.

Cuando yo no estuve, entendiste me había ido.

Y así sucesivamente nos fuimos el uno del otro. Sin una explicación, mucho menos una razón.

Porque yo así lo quise, porque no me pediste que me quedara, porque...Ya no sé por qué, ya ni sé si vale la pena preguntarmelo.

Quizás no notaste el hueco vacío, quizás jamás fui esa mujer.

Pero hoy quería hablarte, contarte historias. Hoy que te sé muy lejos, o al menos ausente.

Porque no tienes que decirmelo, cuando los corazones se pierden, las distancias se hacen interminables - poco importa si los cuerpos aún se rozan-

No estás...

Tampoco estoy yo.

Nos perdimos en un sueño que nadie advirtió tenía el olor a pesadilla.

A ti quiero dedicarte esta noche, sus copas, sus cenizas, todo lo que pueda traer en ella.

A ti que no sabes cómo me siento, pues jamás te lo dije.

A ti quiero llamarte, cuando sé que mi voz se perderá en un silencio sin oídos.


Mi fragilidad...

Maldita ella.


Como una muñeca me rompi y no lo viste.

Mi fragilidad, tu fragilidad.


No sé como llamarte, como buscarte.

Cuando llegas, me escondo. No quiero sepas que lloro.

No quiero que sepas que me dolió ese adiós prematuro, ese beso amenazado, mis tacones alejandose de tu puerta.


Me dijiste habías escrito para mí, nunca esas palabras conocí.

Pues no me retuviste - siempre me dijiste que no lo harías- ¿Por qué pensé sería distinto conmigo?

Siempre te dije que no era buena quedandome ¿Por qué iba a ser distinto ahora?


Todo me parece un cenicero colmado, confuso, quemado, dolido.

Temo el viento se lleve las cenizas, temo alguien venga y quiera limpiar el cenicero.

Temo perderte y que me duela.

(pero ya me duele ahora)


Lo que callas,

lo que no sé decir.


Siempre escuché lo que no me decías.

Fui y volvi, porque no quería cambiar.

No quería hablar,

no quería perder,

no quería salir.

Quería vivir en el ayer.


A ti...

¿Dónde estás?

No te encuentro.


A ti....


viernes, 4 de abril de 2008

Coleccionista de soldaditos




Ella, nunca supo mucho del amor. Nunca quiso saber demasiado, al menos desde su mirada intima. Es cierto, buscó amor y más de alguna vez lo encontró.
Entendía que lo que llenaba su corazón y humedecía su sexo era algo que podría llamarse amor, lo bautizó.
Más tarde le quitaría el nombre y renunciaría. Y así esa interminable continuidad del encuentro y la pérdida.
Pero cada vez que en medio del escepticismo más grande algo remotamente parecido a esa musa la asalta, olvida todo lo aprendido, olvida que el fin está próximo.
Y vuelve a bautizar sentimientos, a alzar monumentos.

La tristeza, eventualmente, llegará. Y se llenarán sus horas de cenizas y vino, y se alimentará de recuerdos amarillento, de la hipérbole del dolor, que en esencia jamás fue tan doloroso pero si no había tragedia, habría que inventarla de lo conocido.
Y culpar a hombres por pecados que jamás cometieron pero que a ciertas horas de la noche desearías los hubieran hecho, sería más lógico el dolor, tendrías una justificación a tus horas muertas y a tu necesidad imperiosa de amar y ser herida.

Corazón de mujer. ¿Quién te comerá?

Nadie piensa en ti a estas horas. ¿Por qué seguir creando historias en dónde alguien sufre por ti, en dónde tú sufres por alguien?
La tranquilidad te asusta más que nada. Eres un constante desastre. Una figura borrosa en el espejo. Nadie nunca te conoció. No dejaste a nadie te amará, quien quiso hacerlo, sufrió tu huida.
Las mentiras que creaste con perfecta cordura, funcionaron.

Él te olvidó, tú jamás pudiste. Jamás has olvidado.

Cada hombre, por fugaz, vive en ti. No los dejas ir. Tu corazón no es capaz de quedarse y jamás se dejo capturar pero tú, egoísta, raptaste y comiste corazones a destajo.

Jamás fue miedo al dolor, como hacías a otros creer. De hecho el dolor es lo que finalmente buscas. Comienzas grandes historias, anhelando ese final oscuro que desgarrará tus entrañas. Y en medio del dolor, anhelas a quien alejaste.
Sufres ausencia por auto imposición y los culpas a ellos.

Si lo piensas, jamás has llorado a un hombre. Quizás alguna lágrima perdida, jamás el llanto. Y ¿ es qué no fue amor? Claro que lo fue, pero el dolor es un arte, que necesita de trabajo, de dedicación. Y tú sin duda has sido una artista.


Corazón de mujer. ¿Quién se perderá en ti?

Tantas relaciones, tantos intentos por hacerte creer que algún día podrías conjugar en plural el verbo amar.

A cada hombre, a cada corazón que ha pasado por ti, le has entregado una parte, una pieza equívoca de tu esencia, una pista traicionera del camino. Los has perdido a todos por igual, consiente de que jamás anclarían en puerto seguro.

Te sabes suficientes en tu cuerpo, buscas un pedazo de cama calentado por otro, materia para saciar un instinto pasajero. Nada más.
Y mentiras tras mentira, los has engañado a todos, sin excepción.
Tampoco sabes si quieres ser real.
La clandestinidad te va muy bien.
Vives la vida que has elegido, la vida por la cual has luchado día tras día.
Tu corazón es desmesura, y no lo quieres de otra manera. ¿Para qué? ¿Por un pobre amor?

Tus ficciones te han llevado a pensar que el amor es un producto de tu imaginación, otro símbolo que habla de la mujer que fuiste.
Al final, te dices, todos son símbolos y existen sólo en la medida en la que tú creas en ellos, cuando dejas de soñarlos, desaparecen.
Y no te duele, no realmente.
Ahí estás, corres por una ciudad, huyes de él, de su recuerdo, de tu recuerdo.
No lo quieres en tu vida, esperas un desenlace insólito, lo humano te limita.
De él tomaste aquello que necesitabas, luego tendrías que irte, buscar otros corazones, más vivos.
Eres mar, te haces mar y él se pierde en un puerto al cual no regresarás.
Corazón de mujer, nadie nunca te comprenderá, jamás quisiste que lo hicieran.
Eres feliz en tu dolor imaginario, en tu huida y en la fantasía de un nuevo encuentro.
Ahí está, ese nuevo cuerpo que encajara en tu sexo.
Sabes que lo dejarás, sabes que el amor es aprender a morir. Y te lanzas al abismo de su voz, sin miedo, los ojos bien abiertos.
Él no sabe, jamás sabrá. Tú quieres amarlo, que te amé. Lo demás será tiempo sin tiempo.


Tu colección de soldaditos luce perfecta sobre un estante; alineados, cada uno distinto al otro, cada cual parte de un fragmento de tu vida.
Los observas, los admiras, les hablas y abandonas la habitación.
Ya volverás con otro compañero de filas, otro soldadito mutilado.
















miércoles, 2 de abril de 2008

Otra versión de "Esa noche"


Otra versión de "Esa noche".





"Llego sin explicaciones,
Sólo el verano como coartada, y un trago como alevosía
En tus ojos percibo incertidumbre,
No entienden que solo acogido en tu pecho encuentro mi canción.


Tus labios quemando mi piel,
Tu respiración evapora con su vapor mis pensamientos
Y mi sangre furiosa busca escaparse de mis venas.


Ímpetu, y un dulce placer contenido.


Poco a poco te he hecho culpable de este suave pecado que el vino ha conminado.
Entre tus piernas tu calor se mezcla con mi fuerza.


No pretendo mundos paralelos, hay tantas copas rotas tras de mí…
…Y ahora que te tengo a ti, esta noche es la canción de un serafín.
Cada caricia una esquirla de lo que pudo ser.


Te encuentro en algún punto distante. Tras las palabras, las miradas y las manos inquietas. Allí, tú espera impaciente, tan lejos de las fútiles explicaciones de una razón difuminada que huye de tus labios. Mi beso, sólo un poco de las formas de no entender y dejar ser.


Y yo sin respuestas, sólo mi cuerpo, sólo yo apretando tu cintura contra la mía


Y el espacio entre nosotros se me hace eterno, inabarcable. Como una carretera circular de excusas, de versos incompletos, de abrazos que no fueron. Esta noche, sólo por esta noche, eso parece ir desapareciendo por la calma.


La noche hablo.
El pensamiento ceso.
Era la cercanía de los cuerpos.


Empezó esa delicada tradición. Esa magia pura del descubrimiento. Esa búsqueda incesante por los delicados rincones susurrantes de tu cuerpo. De la infinidad de tus detalles, la delicadeza de tu cuerpo único.


Ímpetu, y la proximidad de nuestros latidos.


Y respiro tu perfume. Me alimento de tus suspiros. Bebo el placer culposo de tu cuerpo.


Y conviniste con un beso. El pacto de sentir por el otro, en un mundo propio aunque averiado.


Y se dejó llevar tu cabello. Así también nuestros sentidos. Y nos escuchó la noche, que se hizo eterna en mi memoria.


Las sábanas vírgenes esperan nuestro color.


Mi cuerpo abandonado. Mi conciencia subsumida en letargo. Mi latido, punzante.
Parte de mi se queda contigo, y tu perfume, impregnado en mi memoria como un detalle sublime.


Y entre amor y sueño, o entre sueño y ternura, un dulce desmayo da paso a la paz.


Al despertar todo es distinto.
En tus labios se dibujan las palabras de tu partida.
En la ventana, la pena vuela.


Son los ojos los únicos sinceros, que retienen el sabor de esa noche.


Y ahora que me tomo un café, rememoro, y luego…


…percibo que no hizo falta más,
sólo, quizás, un poema para recordar. "


Felipe Valdivia

martes, 1 de abril de 2008

Esa noche



Vienes a mí con amor diluido en alcohol, quieres embriagarme con resquicios de un sentimiento.




Intentas convencerme de un mundo paralelo, un mundo de copas y ceniceros.




Te digo que no quiero seguirte, que estoy cansada, que me vendría bien un taza de café.




Me buscas con la mirada, con las manos, con los labios.




Me buscas en los cabellos, en las heridas y en mis silencios.




Intento explicarte y sellas mis labios con un beso.




Intento no comer de tu carne, pero tú me susurras al oídos palabras suaves.




Con fuerza llevas mi cuerpo contra el tuyo, condensando el espacio intermedio, haciendo un solo aire para dos corazones.




De pronto, calló la voz en mi cabeza y la mía propia.




Era la cercanía de cuerpos.




Comenzaba a reconocerte como se reconocen los niños, a amarte como aman las mujeres, y a desearte como desean los hombres.




Primero, el tacto suave y por encima de la ropa, trazando tu silueta, sin tocarla realmente, apenas un roce, una provocación, una potencialidad.




Luego, tus ojos en los míos, como poseyéndome con la mirada.




Tenías los brazos fuertes, los sentía próximo en mi cintura.




Habíamos destruido cualquier universo intermedio, era tu cuerpo y el mío, casi una sola carne.




Y entonces sentí, sin miedo, como poco a poco ibas arrancando pedazos de tela, acercándote a mi piel desnuda, yo a la tuya sin más.




Tu aliento era intenso en mi oído, el estremecimiento constante.




Te besé porque no había otra cosa en el mundo que pudiera hacer. Sentí había nacido para este instante, para comerte la boca.




Tu lengua suave recorrió la mía traviesa, la calmó, le cantó canciones de cuna.




Era yo, eras tú. Ansiábamos ser uno.




Saciar tu sudor, su carne. Perderme en la copa vacía de tu aliento.




Tus manos asperas surcaban las imperfecciones de mi cuerpo tembloroso.




Poco a poco me iba desprendiendo de mí, haciendome tuya.




Alternaba tu boca, con la copa de vino.




Bebías de mis labios y yo te bebía a ti.




Soltaste mi cabello, que como espuma desparramó sobre mis hombros desnudos, llenos de ti.






Las sábanas blancas para el amor.




Los muros impregnados de sudor y noche.




Aquella noche, no bebí café pero tuve amor.




Estoy segura no volverás a amarme como lo hiciste entonces, pues jamás fui tuya como esa noche.






La mañana me encontró en tus brazos, yo tomé mis cosas y me fui a caminar.




Quizás despertaste y olvidaste me amaste como lo hiciste.




Yo me llevo todo de ti, te dejo alguna marca de mi cuerpo en las sábanas.




Amor, fuiste amor una noche.




No hacía falta más.










lunes, 31 de marzo de 2008

me dijeron



Me dijeron que así comenzaban las historias de amor. Yo les creí.


Que era él y era ella. Pues, dije que estaba bien. ¿Qué les iba a decir?


Y ahí estábamos, años después. Yo me iba diciéndole no sé que cosa, que estaba cansada, que las mentiras me hacían mal, que me dolía el cuerpo.


Él comenzaba a gritar, palabras envenenadas. Yo no le quería oír.


Era la misma habitación que nos había guardado y hechizado, años antes, cuando me dijeron que así comenzaban las historias de amor.


Yo aceleraba el paso en el estrecho pasillo, el mismo pasillo que me mostraste, años atrás.


Tú me seguías, los ojos desorbitados, ibas gritando, no sé que cosa, que no te amaba, que me odiabas, que me fuera.


Yo no te quería escuchar.


Pero era la misma voz, que años antes, me había susurrado palabras llenas de anhelos.


Yo escapaba. Tú no podías dejarme ir.


Quise correr y entonces sentí tus brazos cogerme por la cintura, como tantas veces lo habías hecho con una gracia ceremonial, instantes antes del amor.


Me empujaste contra tu pecho, los brazos tensos de cólera, me atrapaste cual pulpo rabioso.


Yo te gritaba, jadeaba palabras negras, lloraba con espasmo y entonces cedía.


Todo era caótico.


Tus gritos, mis gritos. Tu dolor, el mío. Tu corazón, mi cuerpo.


¿ Quién eras tú?
La penumbra te hacía parecer un monstruo bíblico. Sentí miedo.


Frente a frente, violentaste mis labios con los tuyos.


Pude sentir tu lengua pastosa forzar la mía, tus dientes querían arrancar de un mordisco mi labio inferior.


No cedías, querías comerme.


La garganta cerrada, no pude gritar.


Los brazos anestesiados con los tuyos, no pude golpear.


Las piernas rendidas contra el piso, no pude correr.


De pronto, tus manos asperas comenzaron un viaje dantesco por entre mi blusa.


No eran caricias, eran rasguños, arañazos.


Conocías mi cuerpo y por tanto tiempo lo amaste, que no pude comprender que me hicieras daño.


Tomaste mi cara y me obligaste a mirarte, quise matarte con mis ojos.


Pero no eran tus ojos, no los pude reconocer.


No mirabas, las pupilas dilatadas, arrancabas trozos de tela.


Encontré fuerzas en mi abdomen y grité con voz desgarrada.


Entonces, silencio.


Frente a frente, te odié.


¿Quién eras tú?



Él y ella. Yo asentí. Me dijeron que el amor podía doler. Dije que estaba bien.


¿Qué les podía decir?


Seguramente dolería.

lunes, 10 de marzo de 2008

De encajes y adiós




Y te vas, lo sé, no tienes que repetirlo. Basta ya, puedo ver tu sombra desaparecer por el umbral, qué más quieres explicar, no quiero por qués, no quiero cómo, no me interesa, si te vas, yo me quedaré.


Yo guardaba un sueño, cómo pudiste no verlo, cómo pudiste seguir, y para qué quiero yo gritarte tus culpas, te vas igual.


Vete ya, ya estás ahí, no te detengas, no pienses demás, si te vas, marchate de una vez y para siempre.


Yo no tengo por qué aceptar tu miseria, tu auto compasión, yo de eso no quiero nada.
No soy como otras, eso ya lo deberías saber. Siempre te lo dije, que si un día decidías irte, te fueras sin más.


Házlo rápido, fácil, el dolor no tardará en llegar, estés o no estés aquí, te quedes un minuto más o no.


No hay vuelta atrás, no necesito de tu compasión, nunca la quise,

¿qué te hizo pensar que ahora sería distinto?


Sólo porque te vas, nada cambia, yo soy la misma y mis convicciones no han cambiado de curso ni se han camuflado, siguen en pie de guerra, ahora que estás en la puerta sin regreso.


Si no encontraste nada más aquí, nada que valía la pena, ¿por qué quieres hacerme pensar lo contrario?


Yo entiendo, creeme, entiendo. Yo también fui tú, yo también estuve en el umbral, yo también me marché, creeme sé lo que piensas y lo que no. No me mientas.


No tiene sentido, conozco demasiado este juego como para caer en él, como para sufrir por él, como para esperar algo distinto de lo que es.


Yo misma inventé los atajos, cada camino, cada desvío, cada balla.


Ahora, déjame tranquila, déjame en esta habitación sin ti, que cuando dijiste querías irte, para mi corazón te marchaste poco importó si tu cuerpo se quedó o no.


Las palabras, mi vida, tienen la fuerza de un fuego, tienen el verbo creador y destructor.


Tú elegiste las palabras del amenazado, del asesino.


No escondas el puñal, fue tu arma, camina orgulloso, asume.


La vida es así, qué pensabas, quién te mintió, por qué quieres mentirte, mentirme, ambos sabemos que este es el final y no hay nada más que decir, todo está claro.


Y ya sé que algo de confusión te amenaza allá afuera, que el arrepentimiento puede caer en el café que más tarde sorberás, será amargo, lo sé, lo sabes pero eso nada cambia, que nada tiene que ver ese sabor en tu lengua pastosa con el desenlace.


Si piensas que retrasando tu partida dolerá menos, lo siento, sabes que no será así. Que a ti también te dolerá, quizás más que a mí, pues yo culpa alguna guardo.


Pero la vida se camina, aprende y no mires atrás, sólo encontrarás una tierra equivoca, llena de abismos, de ficciones, de pesadillas, nada real.


Todo será como ese sorbo amargo de café, de lengua pastosa, de garganta cerrada, de pecho corrompido, de sexo vacío.


Tu sexo, querido, él notará mi ausencia, quizás más que tus brazos pero no te preocupes, será pasajero, hasta que encuentres otro sexo distinto al mío que encaje, con o sin más pretensiones, en el tuyo.


¿Viste? Todo se sucederá.


¿El miedo? El miedo, mi vida, es una ficción. Existe sólo en la medida en la que se crea en él, tú lo creas, tú lo alimentas, tú lo haces fuerte; es tuyo.


No tienes por qué seguir ahí, aún te veo, sé que no te has marchado, esperando quizás que yo salga corriendo y te suplique, y alimente tu ego, y te llore, y te grite, y me arrodille...


¿Por qué esperas aquello que sabes jamás haré?
Sólo quiero verte ir, no regresar, perderte.


De amor nunca supe mucho. Pero supe lo suficiente como para entender un final.


miércoles, 21 de noviembre de 2007

Hybris


He amado mi vida y todo lo que ella conlleva con pasión, con fervor, en demasía.


Sin jamás apaciguar el fuego, alimentándolo en su lugar.


He desbordado anhelos, he mordido, arrancado y saciado cada pedazo de mi vida.


Tanto amor guardaba dentro, tanta fuerza...


Que hasta la pena y el dolor los he vivido en hipérbole, con cada centímetro de mi piel.


La vida ha sido para mí, amor.


¡Amar!


Amar lo amable, amar lo oscuro, lo sórdido, lo doloroso. Amar aquello que no se ama. Amar.


Mi corazón jamás ha encontrado paz alguna.


Es un vértigo constante.


La furia de un corazón demasiado vivo.


La sinrazón de alma rebelde.


Mi fragilidad yace en el acto mismo de amar, de respirar.


Ya lo sé, quien me ha visto realmente me lo ha dicho; soy demasiado.


Para algunos, es mi pecado. Para otros, su envidia. Para mi, mí esencia.


No tengo control alguno.


Mi corazón galopa y espasmo tras espasmo bombea torrentes de sangre, sin medir consecuencia o rostros.


El daño es irremediable, el dolor la amante.


Hambrienta de sustancia, arranco trozos de vidas.


Devoro corazones que se marchan, amo hombres que son ciegos, alimento niños que tienen alas.


No tengo una razón. Soy la pasión que asusta y aleja.


No me gustan los espejos, mi imagen me arrastra a la profundidad de un sentimiento imnombrable.


Las palabras están viciadas. Y nada tiene que ver el dolor con el dolor, el amor con el amor.


No hay final.


Que todo tiene que ser saciado en su totalidad.


No hay remedio.


Que no hay corazón que no deba ser comido.


Es la risa y es el llanto.


El éxtasis y el más hondo abismo.


No hay punto intermedio.


Y mi cuerpo se destroza y mi corazón se hunde y aún así tengo que seguir.


Algo en mí me arrastra, me condena, me rechaza y me busca.


Soy un cuerpo consumido por el deseo y mi carne está destinada a ser deseo.


Mi humanidad no es más que el grito de un deseo por saciar.


Entre mi fantasía y su realidad.


El mundo espera de mi cordura y compostura, he sido incapaz.


Mi locura no es más que una pasión incomprendida y temida.



"Novia.-

Con los dientes,

con las manos, como puedas,

quita de mi cuello honrado

el metal de esta cadena,

dejándome arrinconada

allá en mi casa de tierra.

Y si no quieres matarme

como a víbora pequeña,

pon en mis manos de novia

el cañón de la escopeta.

¡Ay, qué lamento, qué fuego

me sube por la cabeza!

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!


[...]


Madre.-

No quiero ver a nadie. La tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes."


Fragmentos de Bodas de Sangre, Federico García Lorca.


domingo, 11 de noviembre de 2007

Un corazón se come o se rechaza


Sería falso si no te lo dijera; un corazón se come o se rechaza

[...] Mi corazón no puedo dejarlo en tu cajita [...] ya te regalarán uno mejor [...]


Enrique Lihn


Mi corazón, niño, no puedo dejarlo en tu cajita ni en tus manos ni el cajón de velador.


Mi corazón, lo siento tanto, no puedo regalártelo para que montes un santuario ni un baúl de los recuerdos.


Mi corazón, perdoname, no puedo dejarlo contigo ahora que yo me voy.


Te prometo que ya vendrán otros corazones, unos mejores, más llenos de vidas.


Y te llenarán de anhelos, de sueños, de caprichos.


Podrás guardarlos y acurrucarlos en las noches frías.


Podrás, incluso, construir una jaula de cristal para ellos. Y sin miedo de perderlos algún día, serán tuyos por siempre.


Pero mi corazón es fugaz. Tiene alas y se echó a volar mientras yo te escribía estas palabras.


Ni siquiera yo he podido retenerlo.


Tiene voluntad propia y jamás lo he saciado en su totalidad.


Tanto como a ti, a mi me confunde.


Pero, vamos, dejemos el daños atrás y olvida mi corazón que él, lo siento, ya te olvido.


Yo te recuerdo aún pero él, él se alejó.


Mi corazón se come o se rechaza.


Jamás le gustaron las vitrinas. O lo tomabas con las dos manos y de un bocado lo comías o se iba de tu lecho.


Es necesario que le claves tus dientes hambrientos y arranques pedazos de su carne. Tragues enajenado su materia. Succiones su sangre, sus temores, sus pasiones.


No hay manera de contenerlo sino es haciéndolo tuyo, parte de tus entrañas.


Yo sé que tú no sabías aquellos. Yo sé que asusta comer un corazón ajeno. Yo sé que nadie jamás ha tenido el coraje o el amor para hacerlo. No es tu culpa. Es culpa de mi corazón.



Un corazón se come o se rechaza.


El mío, se rechaza pues comerlo sería equivalente a morir.


Entiendo entonces que no debo angustiarme si corazones extraños se alejan asustados es sólo que mi corazón les explicó y ellos rechazaron.


Quizás algún día un loco despistado y hambriento encuentre mi corazón y sin pensarlo lo mastique.


sábado, 3 de noviembre de 2007

Aquello que perdura - Tu corazón en el mío-



En un mundo que está en constante cambio, en dónde la primavera del verano están a una cuadra de distancia, en dónde los sueños mudan de agujero en agujero ¿Cómo esperamos que todo siga igual como alguna vez lo conocimos?




Inevitable son esos saltos bruscos, esas grietas en la calle de tu infancia, esos huecos en tu corazón.




Vas creciendo y en el camino van quedando, inevitablemente, cosas atrás.




A tiempos porque tú mismo así lo eliges, a tiempos porque el vértigo te gana y para cuando te quieres dar cuenta ya estás miles de kilómetros más allá.




Los amigos inseparables de la infancia, allí parecen haber quedado.




Incluso aquellos no tan lejanos, se pierden. Un paso atrás, una esquina de desventaja y ya los perdiste.




Suele pasar con las relaciones también.




Amas, crees conocer el amor, tienes quince años y una mañana te despiertas con casi veinte y recuerdas un vago recuerdo que oscuramente trata de acordarse de él.




E incluso no son necesarios cinco años de distancia, a veces bastan unos meses, toda una vida.




En un mundo que cambia tan aprisa ¿Cómo pretender mantener aquello que es parte del pasado?




Recuerdas a esa niña que destrozada por un corazón roto juraba no volver a amar.




Recuerdas las noches con tus amigas maldiciendo al genero opuesto, apostando tu vida a que no volverías a caer en los brazos de un sapo, que tu príncipe azul llegaría montado en su blanco corcel.




Recuerdas las peleas con esas mismas amigas, esas absurdas conversaciones en las cuales ninguna se escuchaba y cruzabas el salón para llorar en el hombro de otra, jurando no volver a dirigirle la palabra a aquella mujer.




Recuerdas los portazos en tu habitación, los gritos sordos contra tus padres, esa infertil rebeldía.




Y sigues recordando y entonces caes en la certeza que todo ya pasó.




Nada resultó ser tan definitivo ni tan terrible.




Y una noche cualquiera te encuentras pensando en cuan fácil ha llegado el olvido y el perdón, incluso la risa.




Sabes que amaste alguna vez, que alguna vez te rompieron el corazón, que abandonaste amistades, que gritaste y pataleaste. Sí, lo sabes.




¿Cuánto has cambiado?




A veces dirías que mucho, otras no tanto.




Y es como las estaciones, cambian sucesivamente pero para siempre volver a encontrarse.




Puede suceder que un invierno sea más duro que el anterior, que una primavera tarde más en llegar o que un verano sea más corto pero al final siempre será el otoño que antecede al invierno que precede al verano que es anunciado por la primavera.




Sea el hemisferio sur o norte, tendremos siempre ese toque de invierno y verano, de otoño y primavera.




Y es un consuelo de media noche sentir que aunque hombres han venido y hombres se han marchado, aquellos que realmente amamos saben quedarse por siempre en nuestro corazón.




Así, en esos días extraños en que dudas de todo, ves acercarse caminando con la misma soltura de la primera vez, a aquel hombre.
Te sonríe a lo lejos, caminas hacia él. Y justo en medio de la misma calle que los vio crecer, sientes que sus brazos te entrelazan.




Tiene el mismo olor, reconoces sus ojos, su protección. Y entonces vuelven a caminar, sin decir palabra, el mismo camino que habían de caminar todos estos años.




Sabes que son distintos, que ambos crecieron pero aún sientes ese calorcito en tu corazón.




Él vuelve a tomarte por la cintura, a estrechar tu cuerpo contra el suyo y una vez más sus narices se rozan. Jamás se han besado y no te importa.




El beso es el amenazado, su amor lo que queda flotando cuando él te deja en tu puerta y camina hacia la suya, unos metros más allá.




Antes de cerrar tu puerta, te quedas mirando como él se aleja. No sabes cuándo lo volverás a ver, pero sabes en el fondo de tus entrañas que lo harán.




Están a sólo un "¿Salgamos a caminar?" de distancia.




Así han transcurrido 7 años. Y así, supones, pasarán mil años.




Lo amaste con fervor, añoraste te amará de igual manera.




Lo odiaste, esperaste a que regresará del lugar a donde nunca fue.




Le mentiste, soñaste que él te decía la verdad.




Y hoy sabes él está ahí.




Te susurra que te quiere, que no se lo digas a nadie, que él no quiere a nadie.




Ríes y le prometes será su secreto.




Te busca y te encuentra.




Lo buscas y lo encuentras.




Con él, eres.




Lo sabes en tu piel, en sus ojos, en tus labios, en sus silencios, en sus bromas.




Recuerdas como él te decía que no hablarás jamás de un "nosotros" y te regocijas cuando lo encuentras a él hablando en plural.




Jamás le has pedido algo y sin embargo te lo ha entregado todo.




Cuando del mundo no quieres saber, es a él a quien buscas porque es... él.




Y así por mucho que las cosas cambien, que pierdas o ganes, te acurruca la certeza de que siempre estará él, en la acera de al frente dispuesto a caminar contigo una vez más.




¿El amor?




El amor hemos sido nosotros. Dos fantasmas que nadie podría asegurar que alguna vez se conocieron, que sólo las calles de su infancia podrían atestiguar su existencia.




Envueltos en clandestinidad, así nos hemos querido, así hemos sido nosotros mismos y así hemos crecido tomados de la mano.





Éste ha sido nuestro tango.
No lo cambiaría por nada en el mundo.


lunes, 22 de octubre de 2007

Mi derecho a amar y ser amada


¿Para qué se buscan y construyen relaciones, si no es para amar o al menos intentarlo?


Sí, yo como todos exigo hoy mi derecho a amar y ser amada.


Porque quiero soñar, amar, crecer, aprender, equivocarme, ser amada... aunque sea en potencia.


Mi vida siempre supe sería conjugada por el amor, no puedo subyugarme ante menos.


Merezco soñar y pedir lo imposible.


Lo limites jamás fueron algo a lo cual adhiriera.


Y si hoy me encontré frente a un hombre que decía no querer enamorarse pero aún así seguir juntos ¿ Dime tú cúal es el punto?


¿Cúal es la idea de estar junto a alguien si no es para al menos pensar en amar?


No, simplemente no puedo. Sería negarme a mi misma y a mis sueños.


Es mi derecho a amar y ser amada.


Porque el dolor, la rutina, el desgate de una relación sólo pueden compensarse con la idea del amor. De otra manera, sería un mal innecesario e injustificado.


Lo mundano de toda interacción humana se justifica sólo por el amor.


Es eso lo que hace de algo pequeño, una maravilla.


Y aunque entiendo puedo quererlo, que fui feliz con él, si no puede ofrecerme si quiera la potencialidad del amor, entonces yo debo seguir en busca de ese elixir precioso.


No voy a negar mi libertad si no es en nombre del amor.


Nadie dice aquí que es fácil o inmediato, requiere ciertamente trabajo pero es la esperanza de un sentimiento divino al final del camino lo que nos alienta. And make it worth it.


Yo estoy más que dispuesta a sufrir la vida si es por amor.


Nací por el amor, no podría abandonarlo. No ahora, no por él.


Aquí cada uno es libre de decidir como vivir su tránsito, si decide que el amor queda excluído, respetable su desición mas irreconciliable con mi cosmovisión.



Grito por mi derecho a amar y ser amada.
Lucho por mi derecho a amar y ser amada.



viernes, 5 de octubre de 2007

Dos palabras



Clareaba el alba afuera del auto




Pero éramos dos.




Dos, entonces. Dos, para siempre.




Dos; tú y yo.




Sobre ti, un instante congelé. " Como una fotografía, guardar para siempre en mi mente este instante"




Me mirabas, era dulzura, era anhelo, era...




Sentía tus manos pintar mi figura, reconocerme con el cuidado de quien coge una flor de un jardín ajeno.




- ¿Alguna vez has imaginado cómo sería hacer el amor?- pregunté.




- Sí, muchas veces.-




Silencio.




Todo era la primera vez. Todo tenía ese temor infantil, de quien por primera vez toca y nombra las cosas por su nombre.




Durante todo ese día, o que había sido de él, sentí como de sus labios querían salir dos palabras. Y sin pensarlo, le cerraba la boca con mis manos. No quería escuchar, tenía miedo a escuchar.




Y entonces de madrugada, escribí sobre su frente con mis dedos, dos palabras, un universo. " Te amo"




Sentí como su cuerpo se estremecía.




-¿Por qué no lo dices?-




-Me da miedo, no puedo-




Y rápidamente comenzé a calzar mis zapatos y antes de poder huir, él me cogió muy fuerte del brazo.




Mi expresión era pavor. No hablaba. Quieta, él me sostenía muy fuerte. Y entonces él dijo:


-Te amo-




Las palabras eran incapaces de abandonar mi lengua, mi garganta. Y entonces con un soplo de aliento iba responder, pero él se precipitó y cerro mis labios con sus dedos.




- No lo digas, si no puedes-




Y sin saber cómo ni por qué encontré la fuerza que tanto me había faltado y dije :


-Te amo-




No quiso creer y entonces lo grité más fuerte y con una sonrisa. Me creyó.




Dos palabras.




Y una vez dichas, una vez sentidas el universo estalló.




- Aunque dure un minuto, que sea el más lindo de nuestra vida- me dijo.




Perdí todo miedo. Lo amé como sabía lo hacía pero era incapaz de aceptar.




¡Te amo!




Sí, hoy te amo.




lunes, 24 de septiembre de 2007

Locura de pecho


Es cierto,

nos equivocamos.


Es cierto,

así nos perdimos.


Nos faltó coraje.

¿Podrías reprocharmelo?


Quizás deberías.


Pero ¿ qué ganarías? Si al final nos abandonamos.


No era a ti este corazón, no eran a mi tus heridas.


¡Tamaña ilusión que alimentamos!


Prudencia se llamó ese tiempo preterito que nos separó.


El tiempo todo lo cambió,

todo destruyó

todo reiventó.


Vamos, regalemos una oración a ese rosario que perdió sus cuentas.


Me cantas para dormir,

y no sabes que hace ya mucho que me desperté.


Nunca dos locos pudieron sobrevivir.


¿Pensaste nosotros podríamos?

Todo se desintegra con la docilidad de un niño de pecho.



Que fue un sueño negro,


¿Hacía falta algo más?




martes, 14 de agosto de 2007

¿Es esto el amor? Historia T y M




Nuestra historia...






Ha transcurrido con la dinámica de un sueño o de una pesadilla.






No recuerdo muchas cosas, tanto por mi afán de rechazarla tanto por mi afán de idealizarla.






No sé con certeza si el amor que tuvé es el mismo que hoy guardo, si es verdad o es un capricho.






Lo cierto es que has vivido en mí desde entonces.






Recuerdo, muy vagamente, el instante en el que todo terminó.






Ahora con el privilegio del tiempo y la restrospectiva logro calzar algunas piezas en este confuso y a tiempos absurdo rompecabezas.






Sé que no te lloré lo suficiente entonces, que encontré un atajo para seguir mi vida y dejarte al margen.






Sé que encontré la fuerza y olvidé nuestra historia, la llené de odio y de rencor. Pude seguir tranquila.






Te convertiste en una sombra aterradora, de la cual huía constantemente.






No te lloré, no me dejé sentir el dolor, me prohibí extrañarte. Nadie me preguntó si me dolía, todos parecían tan felices con mi desición que yo, por no despertarlos a la verdad aterradora de que te amaba, callé y aprendí a fingir.






Adorné nuestra historia al gusto del público, la desfiguré y yo misma la creí.






Te convertí en un ser despreciable y me tranquilizé al saber que había hecho lo correcto a los ojos de todos.






Así transcurrió casi un año.






Entonces, ante la posibilidad de marcharme lejos, te busqué. Pensé que todas las heridas habían sanado y que sería simplemente un adiós, nada más.






Ahí te encontré, habías cambiado tú también. Tenías a otra mujer a tu lado, como yo a otro hombre. Nada nos ataba, estabamos a salvo. ( al menos eso creí)






Pero no bastó mucho tiempo para descubrir que nada había sanado, que de tanto disfrazar la verdad jamás la enfrenté.






Yo por orgullo, callé.






Y venías tú llenándome de anhelos, de palabras, de promesas...






Volvimos a abrir nuestra historia.






Yo me negué, por miedo y orgullo.






Pero aunque mis labios pronunciaren un "no", sabía muy bien que no había vuelta atrás, que habías regresado para no marcharte. Y que mi mundo había rápidamente girado sobre sí mismo hasta perder todo equilibrio y centro.






Eso fue hace ya seis meses, quizás más.






Y hoy, después de multiples intentos y luego negaciones, aquí estamos.






Sigue siendo el mismo problema y el mismo miedo y el mismo dolor.






Pero esta vez yo había decidido arriesgarme, pero esta vez tú habías decidido no hacerlo.






¿Es que jamás llegaremos a un acuerdo?






Y lo más terrible es que sé que como yo te amo, tú me amas aún.






Ambos lo sabemos, siempre lo hemos sabido.






Pero, desengañate, el momento perfecto jamás llegará.






Nos vamos perder en miedos, dudas y preguntas sin respuestas.






Y volverá el orgullo y el dolor y uno de los dos, me temo seré yo, se marchará jurando no volver más.






Pero volveremos. Es la historia de nuestra vida.






La verdad es que no tengo mapas ni señales y ando perdida llorandote lo que jamás te había llorado.






Me he vuelto a perder este sinfín de recuerdos caducados y sueños de niña.






Y aunque ya no sea una niña, tú me haces sentir que lo soy, porque contigo pierdo todo lo ganado y aún así deseo y me quedo.






Maldigo tu nombre entre lágrimas y sollozos, luego vuelvo a invocarte.






Te odio y te rechazo, luego te amo y te busco.






¿Es esto el amor? Dime, ¿ es esto el amor?






Si finalmente nos encontramos ¿ será eso el amor?






Ya sé que el amor duele pero ¿ duele así el amor?






He llegado a pensar que jamás nos volveremos a tener pero que sin embargo seremos incapaces de dejarnos ir.






¿A cúantos hombres he de amar? Hasta hoy eres sólo tú. ¿ Es eso el amor?






Ya no son las cosquillas ni la emoción, el tiempo ha cedido y te conozco, te aborresco y aun así te amo.






Odio tu sentido del humor, odio tus silencios, odio tu voz galopada y violenta cuanto discutimos,
odio que seas tan cerrado, odio tu afán de siempre tener la razón, odio tu egolatría,
odio tu racionalidad, odio tus impulsos, odio tu fortaleza, odio tu soberbia,
odio tus mentiras, odio tu descaro, odio tu facilidad de hacerme daño,
odio tu perfección al momento de herirme y de amarme,
odio que me conozcas como lo haces, odio que tengas la palabra perfecta,
odio que me calmes, odio que me ayudes, odio tu testarudez,
odio que me abrazes cuando te grito, odio que me discutas,
odio que me hagas callar, odio cuando me ignoras,
odio cuando me haces reír, odio cuando no recuerdas algún evento del pasado, odio tu absolutismo, odio tu franqueza, odio tu ironía, odio tu locura,
odio que ames...






Sí odio tanto de tí pero lo que más odio es que te amo así y te amo porque eres así.






No eres ni cercano al hombre perfecto y sé que no debería amarte pero lo hago. ¿ Es esto el amor?






¿Qué mierda es esto sino es amor?