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martes, 1 de abril de 2008

La otra versión de mí


Un poema para Macarena


La otra versión


La otra versión es la que escribo en sueños

una voz que la letra retiene

repitiéndola

como una línea de Robert Desnos:

tanto soñé contigo que pierdes tu realidad


La otra versión eres tú, sigilosa,

cuando tus días pasan de largo a mi lado,

cuando el viento derrama

tu cabellera sobre mi memoria.


Vicente Lastra



Soy ésta, y soy otra.

Una suerte de alteridad, el espejo es doble.

Estoy yo contemplándome, y hay un otro más allá del cristal y en mi reflejo.

Yo no lo veo.

Una versión de mí se acuña en otros ojos, no los míos.

Soy todas y ninguna.

La reina, los secuaces, el bufón.

Mi pobre armado de ilusiones

Un castillo suspendido en mi aliento.

Pilar es sólo uno de mis nombres, no los soportes de mi imaginación.

Son símbolos de la mujer que fui.

Yo hablo de símbolos de personas, su esencia queda aisladas y como fuera de mi alcance.

Sólo hablo de imágenes mentales de otros, no de otros.

Y así las versiones de mí son símbolos de creaciones mentales, de otros sobre imágenes mías.

El cuadro es a todas luces difuso, simbólico e ilusionista.

El espejo no soy yo, y quien yo entiendo ser, es mi mera construcción.

Las mujeres en mí son infinitas, una suerte de esquizofrenia, que a tiempos es nula, pues no soy ninguna.

Una idea de mi ronda sus mentes, intentan nombrarla, retenerla.

Tengo una jaula, y el pájaro es feliz en ella.

Pero también soy la dueña, quien cierra la jaula, quien proporciona el alimento y el agua.

Soy el axolot, el ajolote, el protagonista, el lector, el escritor, Cortazar y Macarena.

domingo, 23 de marzo de 2008

Verily she has looked on the Tiger ( locución para significar la locura o la santidad)




Tomé mis cosas; unos cuantos fantasmas y mis maletas y me fui.



Durante 4 días estuve perdida entre éstos parajes; yo y el río.



El viaje fue fecundo e irrepetible.



Encontré a un viejo señor que me quiso cual nieta suya, juntos nos sentábamos horas junto a la cocina a leña a beber chocolate caliente. Me llenó de historias, de pasado, de sabiduría, de dulzura.



Era una casita perdida a las orillas de ese río místico. Aprendí a recolectar moras para luego preparar suculentos pasteles, cuyas recetas - me decía él- eran de su madre.



Mis días se sucedían así...



Temprano por la mañana me despertaba, observaba el volcán y su majestuosidad, llegaba a la cocina donde el olor a café abundaba. Luego me vestía y partía a recolectar frutas.Más tarde cocinaba y ya listos los quehaceres, partía en busca de silencios.



Me internaba en el bosque, buscaba claros para observar el río. Encontré un árbol cuyas raíces yacían fuertes en tierra y cuyo cuerpo titánico se suspendía sobre un laguna - la conjunción entre dos ríos- Ahí me quedaba, viendo cambiar la luz, el agua que corría mansa.



Encontré pescadores y muy contentos de ver a alguien perdido por ahí me invitaban a pasear con ellos por el río.



La hora sin sombra ( el mediodía) ya llegaba y emprendía el regreso, sin pausa pero sin prisa, me llenaba de cada olor, cada color, cada textura. Aprendí los nombre de los arboles, sus identidades, las flores, las madreselvas.



Llegaba nuevamente a la casa, ahí me espera Don Eduardo sonriente con el almuerzo sobre la mesa. Comía lentamente en la terraza, escuchando el rugir constante del río y sus saltos.Poco a poco llegaban turistas, me sonreían. Alguno que otro creyendo que yo vivía ahí me preguntaba sobre el lugar, yo gustosa le respondía.



Era hora nuevamente de ir a perderme. Y así pasaba mi tarde.Cuando el frío comenzaba a llegar, me refugiaba junto a la chimenea. Escondida en el sillón, junto al chocolate que traía humeante Don Eduardo, me quedaba horas.




Generalmente a esas horas se escuchaba Bach, y yo alternaba la lectura a la simple contemplación.



Por las noches, nos quedábamos los dos en la cocina hablando, él recordando, yo aprendiendo.



Me fui escapando de algo, con huellas por sanar, otras por borrar.




Queriendo ser otra, quizás no queriendo ser nadie en particular.



Y algo maravilloso sucedió, una suerte de metamorfosis, una revelación.



Soy otra, soy la misma, soy yo.



Encontré un lugar para ser feliz, un espacio-tiempo, una dimensión divina, un minuto cósmico para verme, entenderme, amarme.



Todo aquello que me afligía no sé cómo, no sé dónde, se perdió. Y en su lugar han venido revelaciones de mi ser. Como un espejo en el cual mi pasado, mi presente y mi futuro yacen en armonía.



Quién fui, quién soy y quién seré... lo encontré.



FIN ( O el principio)

miércoles, 24 de enero de 2007

Reflexiones de media noche

¿Es acaso posible que en punto, inexacto e inequicovo de nuestras vidas, un simple deseo, la conjunción exacta de palabras y latidos, nos lleve a un futuro del todo desconocido más del cual todo anhelabamos?
Quizás les paresca estupida tal pregunta, estupida si pensamos que el común de la humanidad cree y necesita creer en el libre albedrío.
Pero ¿Qué tan libres somos? O mejor aún ¿Qué tan libres somos capaces de ser, queremos ser?
¿Cúantos de ustedes se sientes capaces de responder, sinceramente, a tales preguntas?
Yo, personalmente, no me siento capacitada aún.
Supongo que depende del día, de la hora, del pretexto adecuado, la respuesta que soy capaz de dar.
A tiempos me siento libre, creo tener la fuerza para ser libre y gritarle al mundo que seré yo quién decida, quién traze el mapa de mi vida, de mis logros, de mis errores. Pero no podría mentir y no decir que a otros me siento una pieza más de un historia escrita hace siglos. Que aveces las puertas que abro y cierro, son las misma puertas que debía cerrar y abrir. Como si el destino fuera esa fuerza mayor que me diera la impresión de elegir lo que siempre fue y tuvo que ser.
¿Qué si me siento menos humana pensando así? Lo dudo.
Una parte de mi grita por su fe en el destino y esa contradicción de elegir para después decir que "todo fue como tenía que ser, que todo llego en el momento preciso, ni un minuto tarde ni uno antes". Y entonces reflexiono sobre la perfección ¿ es acaso posible que la perfección sea esa precisión que sólo un predestinamiento puede otorgar? Si la perfección es esa conjugación exacta de elementos destinados a unirse y formar una simetrica figura, no estamos acaso hablando de que la perfección no es un deselance humano y por lo tanto elegido a conciencia pero el desenlace de una unión precisa, en el momento preciso de los elementos precisos. Es decir la obra de un destino anterior.
Podría hablar de religión, pareciera ser el cauce natural de tanta divagación pero una vez hace ya muchos años alguien me dijo que no hablará jamás de religión o politica en la mesa. Y no sé por qué hoy tales convenciones asaltan mi mente y mi escritura. Quizás porque aún soy parte de un libro de modales y convenciones. Quizás nunca me liberé del todo de esas cadenas familiares.
Quiero creer que lo hice pero esa soy sólo yo.
Tal vez el pasado fue lo que tenía que ser y en esa misma dinamica mi futuro no podrá jamás ser distinto al futuro que mi pasado ya revelaba.
Es como vivir entre rejas.
Y es que claro el pájaro se mueve en su jaula y sin ser del todo libre siente como el espacio de su encierro crece. Yo como ese pájaro he abierto la puerta de la más pequeña de mis jaulas y a medida que avanzaba el espacio de mi encierro crecía y sin entenderlo del todo me sentía más libre aunque las rejas se mostraran incolumes.
Podría escribir versos de ausencia pero en su lugar divago....

Podría volar lejos pero me quedo en tierra...

Podría... y el condicional de pronto mina mis deseos y todo es posible en un futuro, aunque el futuro puede que nunca llegue.

No sé si en algún momento un asalto de claridad me diga lo que quiero me digan, tampoco sé si lo que quiero me digan sera lo que realmente quiero.

¿Cómo saberlo?

Son tán sólo reflexiones de media noche... nada más, nada menos...

Son...

¿Basta?

Siempre.