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lunes, 21 de abril de 2008

NN


" - ¿Lo creerás, Ariadna?- dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió- "

La casa de Asterión, Jorge Luis Borges.



Supe que ya no volvería, que estaba dicho de una vez y para siempre. Los símbolos perdían color y yo ya no sabría volver a pintar.

Tenía los ojos al borde de un río, esperaba la llegada de la corriente.

Las manos perdían claridad y se perdían entre las tejas secas.

Las hojas no paraban de caer, y las veía surcar el aire, perderse, pisarlas.

Le dolían las hojas.

No había agua para sanar sus heridas, volverían otros colores a asaltarla en mitad de la noche.

Supo ya no volvería.

Ya no recordaba el camino, lo había olvidado al andar.

La silla vacía en el medio del salón. Nadie preguntó.

Quizás ya todos la había olvidado, quizás nunca la recordaron.

El dolor no venía impreso, nadie lo vio, pero ella supo estaba ahí.

Lo abrazó, venía de un largo viaje hasta su isla. Su pobre barquita naufragó.

El dolor... nadie me explicó que dolería.

Nunca supe cómo llegué aquí. Me lo he preguntado una y otra vez, vuelto a vivir los momentos, tratar de calzar los tiempos, los fragmentos. Todo ha sido vano.

Y ahora me veo, una imagen que oscuramente trata de acordarse de mi.

Vueltas y vueltas. Quiero olvidarme de todo y que todo me olvide.

Me duele... y nadie me explicó.

Todo se rompió y ya nunca más los cristales calzaron.

Olvidé el diálogo -sospecho alguien lo borró-

Nadie aplaudió, es que nadie vio.

Nadie supo donde estoy. Yo tampoco lo supe, y ya nadie me lloró.


lunes, 14 de abril de 2008

Bifurcación


No hay caminos que no bifurquen y se pierdan...
Quisiera contar que he vivido
gritar que existo
que soy más que un nombre placado en un pedazo de carne
finita
He pensado tantas veces
y a tan poco me saben reflexiones en el tacho de basura
escondidas,
por temor,
bajo mi cama...


He querido volar
no he encontrado alas

Me he perdido...
Nadie me ha encontrado

Y después....
después ya ven, quedan las cenizas de sueños
mil veces soñados...
Gasto minutos en vanas bocanadas de tabaco
Moriré...
quizás.
Existiré...
quisiera.
No he entendido quizás la gran biblioteca
ni al hombre parado
al hombre que lee.
Me lee, quizás, a mi
en una idea....
Me he negado a ser lo que ellos ven
he querido ser más...
suficiente para éste cuerpo
que carga conmigo y sé está cansado.
Muerdo un labio
Y sacio la carne...
succiono la sangre para entender que sangro
y si existo, al fin, dolerá
y anhelo una finitud trascendente
más allá de los caminos que creo y quemo
por miedo a ser, finalmente, encontrada
salvada.


Secretamente, espero ser una mujer en el desierto
sin más agua que mi propia saliva
sin más carne que mis huesos...
Y si un día, un viajero, osará buscarme
me encontrase dibujada en un grano de arena
como se dibuja el universo
en lo ínfimo, en lo pequeño...
Y entender al fin, que no somos más ilusiones
en un mundo aún más ilusorio.
Perseguir una nube
recordar un pasado
vivir y no saber por qué...
VIVIR.
Y bifurcan ideas, se multiplican sin alcanzar jamás el infinito en la repetición.
Yo soy eso.
Mi propia creación de mortalidad.
La mujer maldita que come de mi carne
conoce los atajos... y me pierde
yo dejo que me pierda
Y así...
olvidar por ser
crecer por entender
herir por sentir
ser por morir algún día
y ya ven...
Los he perdido a ustedes también...
en un jardín absurdo, del cual espero no escapen ilesos.
Vale la pena herirse con las espinas del rosal...
Yo misma bifurco y me encuentro al otro lado del espejo.

lunes, 7 de abril de 2008

La mujer que serías




Nombrarte con aquello que sabíamos podría perdurar, como un trozo de eternidad clavado en símbolos que hablaban de otros símbolos, símbolos que hablarán de ti.


Decirte que no hay ojos más tristes que los tuyos, que jamás la realidad fue más perfecta que cuando la nombrabas.Sólo una niña, los pies de cristal, el corazón desmesura. Así eras tú.


Contarte historias que jamás sucedieron, que nunca lo harán -sólo en el mar de tus sueños-.El mar espeso en él que cuajabas ficciones, un hombre para ti, un soñador, un bufón, tus secuaces, tu pobre armado de arena.


Flotar de nube en nube, comer y respirar algodones. Tal era tu anhelo.


Deambulabas por la ciudad, te confundían con otra, intentaban nombrarte (porque ellos necesitan nombres para que sea real), y así iban forjando a una mujer que en poco se parecía a la niña que eras.

Tenías ese dejo de irrealidad, esa dosis de fantasía, locura decían algunos.

A ti no te molestaban los juicios, apenas te enterabas de lo que allí se tejía. Sin darnos cuenta, tu imaginación había volado hasta perderse en esa dimensión a la que jamás accederíamos.

Si alguien intentaba cogerte la mano, saltabas asustada, temías diluirte en pequeñas partículas de deseo y ficción.

Tranquila veías pasar el tiempo, sin jamás pensar que éste pasaba en ti.

Habías construido un castillo a tu exacta medida, perfecto para tu imperfección. Y desde la más alta torre veías surgir personajes insólitos, amantes póstumos, árboles parlanchines, duendes traviesos, niños con alas.
Comías corazones pero te asegurabas que nadie osara acercarse al tuyo - no lo entenderían- te decías entre risas y suculentos pedazos de carne rojiza.

No querías crecer, no querías abandonar tu pedazo de tierra yerma. Eras feliz en ti misma, con tus enigmas y acertijos.

Te mirabas las manos a contraluz, las entendías tuyas. Volvías a redescubrir cada rincón de tu cuerpo, nombrándolo todo por la primera vez. El vértigo y la ansiedad de ir creando con la mirada curiosa y las palabras mágicas todo un universo; una mujer.



Tenías los ojos tristes, pero no era cierto, tenías la mirada de una niña inventado a la mujer que sería.








martes, 1 de abril de 2008

La otra versión de mí


Un poema para Macarena


La otra versión


La otra versión es la que escribo en sueños

una voz que la letra retiene

repitiéndola

como una línea de Robert Desnos:

tanto soñé contigo que pierdes tu realidad


La otra versión eres tú, sigilosa,

cuando tus días pasan de largo a mi lado,

cuando el viento derrama

tu cabellera sobre mi memoria.


Vicente Lastra



Soy ésta, y soy otra.

Una suerte de alteridad, el espejo es doble.

Estoy yo contemplándome, y hay un otro más allá del cristal y en mi reflejo.

Yo no lo veo.

Una versión de mí se acuña en otros ojos, no los míos.

Soy todas y ninguna.

La reina, los secuaces, el bufón.

Mi pobre armado de ilusiones

Un castillo suspendido en mi aliento.

Pilar es sólo uno de mis nombres, no los soportes de mi imaginación.

Son símbolos de la mujer que fui.

Yo hablo de símbolos de personas, su esencia queda aisladas y como fuera de mi alcance.

Sólo hablo de imágenes mentales de otros, no de otros.

Y así las versiones de mí son símbolos de creaciones mentales, de otros sobre imágenes mías.

El cuadro es a todas luces difuso, simbólico e ilusionista.

El espejo no soy yo, y quien yo entiendo ser, es mi mera construcción.

Las mujeres en mí son infinitas, una suerte de esquizofrenia, que a tiempos es nula, pues no soy ninguna.

Una idea de mi ronda sus mentes, intentan nombrarla, retenerla.

Tengo una jaula, y el pájaro es feliz en ella.

Pero también soy la dueña, quien cierra la jaula, quien proporciona el alimento y el agua.

Soy el axolot, el ajolote, el protagonista, el lector, el escritor, Cortazar y Macarena.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Hybris


He amado mi vida y todo lo que ella conlleva con pasión, con fervor, en demasía.


Sin jamás apaciguar el fuego, alimentándolo en su lugar.


He desbordado anhelos, he mordido, arrancado y saciado cada pedazo de mi vida.


Tanto amor guardaba dentro, tanta fuerza...


Que hasta la pena y el dolor los he vivido en hipérbole, con cada centímetro de mi piel.


La vida ha sido para mí, amor.


¡Amar!


Amar lo amable, amar lo oscuro, lo sórdido, lo doloroso. Amar aquello que no se ama. Amar.


Mi corazón jamás ha encontrado paz alguna.


Es un vértigo constante.


La furia de un corazón demasiado vivo.


La sinrazón de alma rebelde.


Mi fragilidad yace en el acto mismo de amar, de respirar.


Ya lo sé, quien me ha visto realmente me lo ha dicho; soy demasiado.


Para algunos, es mi pecado. Para otros, su envidia. Para mi, mí esencia.


No tengo control alguno.


Mi corazón galopa y espasmo tras espasmo bombea torrentes de sangre, sin medir consecuencia o rostros.


El daño es irremediable, el dolor la amante.


Hambrienta de sustancia, arranco trozos de vidas.


Devoro corazones que se marchan, amo hombres que son ciegos, alimento niños que tienen alas.


No tengo una razón. Soy la pasión que asusta y aleja.


No me gustan los espejos, mi imagen me arrastra a la profundidad de un sentimiento imnombrable.


Las palabras están viciadas. Y nada tiene que ver el dolor con el dolor, el amor con el amor.


No hay final.


Que todo tiene que ser saciado en su totalidad.


No hay remedio.


Que no hay corazón que no deba ser comido.


Es la risa y es el llanto.


El éxtasis y el más hondo abismo.


No hay punto intermedio.


Y mi cuerpo se destroza y mi corazón se hunde y aún así tengo que seguir.


Algo en mí me arrastra, me condena, me rechaza y me busca.


Soy un cuerpo consumido por el deseo y mi carne está destinada a ser deseo.


Mi humanidad no es más que el grito de un deseo por saciar.


Entre mi fantasía y su realidad.


El mundo espera de mi cordura y compostura, he sido incapaz.


Mi locura no es más que una pasión incomprendida y temida.



"Novia.-

Con los dientes,

con las manos, como puedas,

quita de mi cuello honrado

el metal de esta cadena,

dejándome arrinconada

allá en mi casa de tierra.

Y si no quieres matarme

como a víbora pequeña,

pon en mis manos de novia

el cañón de la escopeta.

¡Ay, qué lamento, qué fuego

me sube por la cabeza!

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!


[...]


Madre.-

No quiero ver a nadie. La tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes."


Fragmentos de Bodas de Sangre, Federico García Lorca.


viernes, 2 de noviembre de 2007

Viaje para uno



Sí, me perdí. No sé bien cómo ni cuando pasé de sentirme tranquila en mi piel a no reconocerme en el espejo.


No es algo extraordinario, suele ser una constante en mi vida. Me encuentro y me pierdo. Como el mar, ese interminable vaivén.


Comienza con el mareo, la turbulencia, la incongruencia, la fobia social...




Hoy me perdí pero no bajé los brazos, hoy decidí perderme físicamente también.




Es sencillo, apagas el celular, tomas las llaves y enciendes el motor.


Llevo cigarrillos, fuego, música... Ligero el equipaje para un viaje dantenesco.


Y de pronto ya no me preocupa mi nombre, ni mi identidad, mucho menos lo que otros esperan de mí. Soy simplemente yo y miles de kilómetros pavimentados.




Bajo el vidrio y siento como el viento golpea mi rostro, mi pelo da vueltas y respiro.


Canto a todo pulmón una canción conocida, primera, segunda, tercera, cuarta y quinta. Ya nadie me puede detener.




Chequeo el estanque: lleno.




Vamos, no hay nada que perder, no decirle a nadie si quedarse o escapar.




La costanera, amplia y expedita. Unos pocos autos y yo.




Ruta cinco norte: mi salida.




Adiós,adiós.




Está atardeciendo, calculo que llegaré a Zapallar en unas dos horas, ya estará oscuro. ¡Mejor!




Hay algo de nerviosismo en este arrebato de libertad, es la primera vez que manejo tal distancia sola. Pero antes de caer en un torbellinos de temores, sonrío. ¡Dulce primera vez!




Hoy todo es la primera vez, hoy no tengo pasado, no tengo futuro. Hoy es sólo lo inmediato, lo aleatorio, lo que la carretera disponga.




Enciendo un cigarrillo, aspiro el humo negro y me siento viva. Hace tanto que no me sentía viva.




Miro por el espejo retrovisor. Atrás queda la universidad, mis fracasos, mis logros, aquel hombre, mis amigos, mi familia. Atrás queda mi vida. ¡ Al fin!




Hoy soy yo y unos cuantos sueños de bolsillo o aquellos que guardo en la guantera en caso de emergencia.




Antes de partir, arriba de un cerro cualquiera, llamé a mis cercanos dándoles cuenta que estaba bien, que no me llamarán, que me iba lejos a estar tranquila. Algunos se asustaron, otros se alegraron, ninguno entendió bien. ¿Qué más da?




Supongo más de alguno habrá pensado que todo esto tenía relación con la ruptura reciente. ¡Qué ingenuos! Si tan sólo supieran que mi corazón voló muy lejos, con o sin él.




Acá voy, las luces encendidas pues el Sol ya se escondió. Son 120 kilómetros por hora. Serán infinitas las velocidades, yo estoy volando.




En teoría viajaría con mi familia pero he decidido hacer este viaje sola.




Quiero perderme una y otra vez. Y la carretera sigue avanzando y atrás muy atrás va quedando todo.




Cada kilómetro que avanzo es un kilómetro de reivención, de libertad.




Suena "1973" de James Blunt. Simona, You're getting older /Your journey's been /Etched on your skin.




Aquí voy, arrancando una por una las cicatrices. Como si de pronto no fuera el asfalto lo que las ruedas aplastarán y dejarán atrás pero fueran las marcas de mi vida.




Poco a poco, a 140 kilómetros por hora, voy borrando cada palabra de mi libro. Me espera una página en blanco.




¿Mi nombre? ¡Qué podría yo saber!




Singing "Here we go again"




Echo un vistazo al reloj del panel. 21.15 pm de un Viernes 2 de noviembre de 2007.




Una de esas tantas coincidencias, un día 19 de Julio de 1988 a las 21.15 pm nací.




Será que hoy, 19 años más tardé volveré a nacer sobre ruedas y alejándome de casi dos décadas de historias.




Hoy, cuando llamé a uno de mis más cercanos amigos, me comentó que había hablado con mi ex. Y me sorprendí al descubrí que no había pensado en él. ¿ Será que el dolor finalmente se fue?




Sinceramente, creo que se debe a la certeza de que él no piensa en mí, que debe estar de fiesta en algún local de la quinta región, buscando mujeres y entre tragos y mentiras debe haber besado a más de alguna. ¿Qué más da?




Man we were killin' time/ We were young and restless /We needed to unwind /I guess nothin' can last forever - forever, no Summer of 69 Bryan Adams, suena.




Ya llevo más de una hora de viaje. Y de pronto me asalta algo parecido a la nostalgia. Culpo a la canción. Sí, es la canción, no soy yo. - Qué capacidad de mentirme a mi misma-




You'll deny the truth - believe a lie /there'll be times that you'll believe you can really fly/but your lonely nights - have just begun/when you love someone.




Y así, sin pensarlo, cambio la canción. ¡Qué fácil!




150 kilómetros por hora. No hay nadie, sólo yo y algunos camiones de carga.




¿La maca? No sé, se perdió. Se quedó en algún lugar entre la costanera y el primer peaje.




¿Quién maneja entonces? Alguien que solía ser la maca, alguien que quiere ser otra. No, no, alguien que no quiere ser nadie.




¡Quiero ver el mar! Es extraño, pero periódicamente me ahogo y necesito sentir ese rugir de agua y sal. Esa inmensidad avasalladora, mojar mis pies en sus aguas y cerrar los ojos.




La ciudad me enferma casi tanto como me alimenta.




Hoy voy buscando al mar, hoy voy buscando libertad.




Quiero arrancar todos estos trozos de tela, de piel, de recuerdos, de vanos pensamientos, de lágrimas de cocodrilos, de obligaciones y bautizarme nueva.




Hoy quisiera creer en Dios. Tener algo superior a lo cual aferrarme, un manual de respuestas absolutas y miopes.




Bajo la velocidad. ¿Habrá alguna iglesia cerca? Me han bajado las ansías por confesarme. No para expiar mis pecados pero para sentir que alguien me escucha, que no soy sólo yo la que carga con este sinfín de pensamientos absurdos.




Una canción más tarde, acelero.




Mi Dios necesita de mucho menos, a veces ni siquiera de una palabra derramada al viento.




And I am finally seeing /Why I was the one worth leaving. Suena: The district sleeps alone tonight. The Postal Service.




Siento deseos de encender mi celular, quizás esperando ver un mensaje de llamadas perdidas, de una llamada perdida de él. Me contengo, total no llamará, celular prendido o apagado, da exactamente igual.




Estoy por llegar. Ya he tomado el desvío y comienzo a reconocer en la oscuridad el camino.




...When it struck me/ That I've been waiting since birth to find a love that would look and sound like a movie /So I changed my plans and rented a camera and a van and then I called you/"I need you to pretend that we are in love again" and you agreed to. Suena: Clark Gable. The Postal Service.




Recuerdo entonces, que mi amor platonico, ese ser que por tantos años amé y que sospecho aún podría hacerlo, podría estar cerca.




No sólo somos vecinos en la gran ciudad, pero también aquí, en la playa. Su casa es separada de la mía por sólo un alambrado de púa.




¿Quiero verlo? Siempre quiero verlo pero ¿Será bueno verlo? Sospecho que no.




Él, es ese hombre. No sé cómo describirlo. Él ha sido para mí el fin y el comienzo.




Infinito.




I want so badly to believe that "there is truth, that love is real"/And I want life in every word to the extent that it's absurd.




Nos conocimos hace ya, calculo, 7 años. La ingenuidad a la vuelta de la esquina. Volcó mi corazón, mis creencias una y otra vez. Aún hoy es capaz de hacerlo.




Si existió alguien que yo sintiera me comprendiera, fue él, aunque jamás sospechó la vastedad de su entendimiento.




Hoy por hoy somos buenos amigos. Lo quiero, me quiere. Nos vemos poco, lo necesario.




Pero siempre está ahí, jamás se ha ido. No sé bien por qué.




I know you're wise beyond your years, but do you ever get the fear/That your perfect verse is just a lie you tell yourself to help you get by?




Enciendo el decimo quinto cigarrillo del viaje. Aspiro con la misma ansiedad del primero.




No sé si son los nervios de efectivamente encontrarlo acá o la simple automacía del vicio.




Si lo encuentro y me pregunta, como todos lo harían ¿Qué haces aquí?


¿Qué mierda la respondo?


¿Me vine a perder?




Cambio la canción y de un paraguazo espanto todos mis pensamientos.




La mente en blanco, la ruta, las luces y el sonido cada vez más vivo del mar.




Abro la ventana y siento el frío. Es justamente el frío que necesitaba, ese que anestecia y exorcisa.




No me doy cuenta cuando ya llegué.




Aquí estoy. Me bajo del auto, tomo mi bolso, cierro el auto. Cruzo el puente que separa el estacionamiento de la casa. Y pienso el fetiche Ferrer Echavarrie, o más bien sólo Echavarrie ( sólo de mi abuela) por el art deco, la modernidad y el lujo.




Giro la llave en la cerradura y aquí estoy. La casa de Zapallar. Amplia, lujosa, moderna, chic.




Tiro el bolso en el sillón de cuero blanco. Dejo las llaves en la mesita del living e inmediatamente salgo a la terraza.




Veo toda la bahía, sus luces. Abro mis brazos y dejo que el viento me acaricie como ningún hombre lo ha hecho.




Echo un vistazo a la casa vecina, veo luces encendidas pero no veo su auto. Seguramente no está. Mejor.




En la cocina saco una copa de Martini y me preparo un Martini con una pizca de limón y una cereza. Tomo mis cigarrillos, un cenizero. Cojo una manta y me voy a la terraza.


Pongo música, es un cd de blues. Perfecto.




Y aquí en la terraza, bebiendo, fumando, pensando, viviendo decido que me quedaré hasta que amanezca.




Ya he cumplido con inmortalizar este viaje en este escrito.




El computador ahora lo guardaré y seremos la noche y yo, hasta que nos encuentre el amanecer.




No sé cuántos días me quedaré, dije que volvería a más tardar el lunes pero puede que decida alargar mi viaje.




Hoy soy libre.






Mi copa ya está vacía, debería traer la botella.




Hace frío pero me gusta, me siento viva.




Atrás quedó todo.




Adelante será lo que yo decida.














domingo, 28 de octubre de 2007

Ese miedo


Este es el miedo...

Ese miedo a mi misma, a mis demonios, a descubrir aquello que sospechaba; mi incapacidad.

Pensar que este no era mi lugar, era una cosa. Descubrir que no tengo espacio, es otra.

Este es el miedo blanco, de dientes afilados que hoy me mira al otro lado del vidrio.

Cierro la ventana, creyendo en vano, que aquel gesto le impediría su entrada.

Sonríe.

No he tenido un lugar ni en mi cuerpo ni en los contextos.

Se me han ido los días en aparentar.

Y finalmente jamás he sido.

Duelen las ficciones, los pragmatismos, las ideas, las revoluciones, la resignación, la quietud, el status quo, el cambio.

Quiero escaparme y sé que no habrá lugar. Que cualquiera, como éste, no sabrá incorporarme.

¿Qué hago aquí? Jamás he sido como ellos. Jamás seré como ellos.

Mi prisión, la más absurda de todas resulta ser mi propia esencia.

Maldita ella, malditos ellos.

Y maldigo y nada gano.

Caminos bifurcan y no encuentran jamás esa orilla en la cual encallar.

Me pierdo sin saber que jamás me encontré.

He querido creer y ha sido una simple quimera soñada por alguien más, alguien distinto a mi, alguien como ellos.

He sido una extranjera, sin papeles, sin residencia, sin nombre...

Un anónimo, una máscara...

Nada real, quizás un fantasma.

Y es el miedo...

El miedo de jamás pertenecer.

¿Quién he sido yo?

Ni el amor, ni la verdad, ni la muerte, ni el mal, ni el bien...

Nada de eso ha calzado mi paso aritmico.

Mi cadencia es extranjera en una acera que jamás fue mía, que jamás lo será.

Y así bienvenida ha sido la soledad a mi armado de pobres ilusiones.


Ese miedo...

Quizás eso ha sido lo único verídico en todo esto; el miedo.


Y yo... un miedo de alguien más.


De nada sirvió el frágil vidrio trás el cual me escondía, ni siquiera las margaritas en mis ojos...

El miedo se hizo dueño y señor de mi habitación, mordiendome suavemente el cuello.




martes, 3 de julio de 2007

La mujer que soñaba






Por un sueño, la mujer que soñaba...






Era tarde o quizás,pensara ella, demasiado pronto pero lo cierto era que venían de todas partes a decirle que ya era hora.



Sueños venían a despertarla, a sacudirle la dulce modorra como pequeñas hormigas recorrían su rostro.



¿Para qué despertar?



Había creado un mundo a su medida, tantos años...



No era más ni menos, era el compendio exacto de sueños, ficciones, papel maché y carne.






Había crecido- decía su madre- ella no quería hacerlo.






Una noche cualquiera había lanzado sus sábanas por el balcón.



Era una huida o quizás la puerta más amplia a su jaula.






Reconocía sus manos, las miraba a contra luz y en penumbra. Las sabía suyas.






Alguien una vez habían mencionado- no recordaba su rostro ni su nombre- que su vida sería la vida de la mujer que soñaba.






Quizás jamás despertó. Nunca quiso hacerlo.






Su tierra era ese cerco de madera mal pintada, su casa el abobe quebrazido, su ventana el ojal y su corazón... su corazón era algo incomprensible.






Abría bizarramente sus ojos y los cerraba avergonzada.






El pudor de ver el mundo. El temor de ser vista.






La clandestinidad le iba muy bien.






Y entonces quería vivir. Y entonces quería amar. Y entonces quería...






Luego se alejaría, echaría a correr.






Las tragedias urbanas, el zumbido inscensante y las flaquezas humanas la agobiaban.






Los hombres eran seres que, a tiempos, desdeñaba.






Finalmente, la idea a la cual se aferraba era sólo eso, una idea.






Jamás la realidad calzó con su visión. Demasiado estricta, esperaba lo imposible del mundo. Esperaba el mundo fuera lo que ella hacía de él en sus ficciones.






Y el desencanto era lógico. Jamás saciarían su sed.






Ya ni sabe si culparse por hacer de su vida algo tan lejano o culpar al mundo por ser lo que es.






La habían amado. Fue amor humano. ¡Qué desilusión! Ella se cansó, ella se fue y a ella le dolió.






Se supo mujer maldita.






Esta era la vida de la mujer que soñaba.






Pero ¿qué iba a hacer? Le habían regalado un cuerpo. Por no desilusionar a su creador aprendió a vivir.






Estas son sus instrucciones para sentir.






Que lo humano, a ella no le basta, no lo quiere.






A veces se siente perder, marchitar y a otras se esfuerza por mentirse.






La mentira más grande...



Ella humana



Ella amante



Ella mujer



No es lo que otros creen. Jamás lo será, no quiere serlo.






No amará a aquel hombre y el amor que él le da no será jamás el amor que ella busca.






Es simplemente la vida de la mujer que soñaba.






Y así sigue en su sueño.






Bienvenidos






domingo, 8 de abril de 2007

Desnuda




Siempre supe sería yo una mujer amante, el amor lo conocí antes de conocer las palabras y desde entonces y para siempre le tendría en mis entrañas, creciendo al margen y a la par de mi vida.



Pero lo que sin embargo no sospechaba es que con el tiempo la mujer amante sería una mujer fácil de querer pero imposible de amar.



Lo que nadie supo ver, ni siquiera mis ojos encontraron luz, fue que el alma tortuosa y oscura de la mujer sería lo que a otros asustaría y con el tiempo alejaría.



No fue que yo no supiera amar fue simplemente que como amaba, como amo, nadie entiende.



A una mujer maldita el amor le mira por entre los barrotes de su cárcel.



Porque la muerte viste de mujer y calza tacones de aguja....
La muerte tal vez he sido yo.
Siempre supe jugar el juego del amor, siempre supe sonreír a tiempo y ocultar la esencia negra tras un semblante de ojos bizarramente abiertos.

Nadie sospecho.
A tiempos logré incluso engañar a mis sentidos...
Pero hoy que he despertado desnuda en mitad de la calle entiendo el peligro de mi disfraz.
Porque ayer alguien irrumpió en mi habitación, ayer alguien se invitó a mi claustro y ayer alguien me desvistió.
No recuerdo con exactitud su rostro ni su nombre.
Recuerdo el miedo.El miedo blanco que amenaza con la verdad.
A él lo olvidé.
Él a mi me olvido

Sólo escuché la puerta cerrándose en el instante mismo en el que te ibas.
Nunca entendí que habías venido buscando, si en mi desnudez lo habías encontrado, si pensabas acaso volver...




Supongo que como todos, la verdad callada te asustó.



Ya nunca más le volví a ver...

Nunca su nombre dijo



Supongo que nunca existió.

martes, 30 de enero de 2007

La habitación

Este es un texto que escribí hace ya más de un año, hoy revisando viejos escritos, divagando con el pasado lo he encontrado.


No pretende ser un gran texto pero creo bien refleja la desilución y la ansiedad que en algún momento sentí.


El mundo no es siempre un jardín un rosa y duele vivir. Somos todos reos en una habitación.











No hablen, que nos escuchan, susurren.
No quiero que nadie se entere, que nadie salga ileso de esta blanca habitación, donde duermen plegadas mis alas.
Ni siquiera Dios, que bien se esta solo y desesperado como yo. Pero no le abran las puertas. Déjenlo errar entre los vivos, no dejarlos vivir, como ellos hicieron con él, mientras vivía.
Callen. Que odio a la felicidad, que me ha quitado lo poco y nada que me hacía feliz. Y ahora rugen mis huesos por venganza. Quiero que el mundo calle para gritar mi desencanto, mi maldición.
Habitantes transitorios de esta habitación, los tomo rehenes, los condeno a leerme sin oír. A que sientan lo húmedo de estas paredes, a que desciendan conmigo en mi viaje dantenesco. Apago las luces. Bienvenidos a la nada. Les habla el personaje que viste de desnudes sus pecados.
Yo que amé, yo que muero en este agotamiento de encender velas a los muertos, que nada podrán venir a reclamarme, yo que vivo ilegalmente, sin papeles, en esta vida de la cual todos se hinchan. Yo y nadie más, les grita, los acurruca de palabras secas en un tintero embotellado.
Ahora bien, reconózcanme, mírense, y luego olviden. Olviden el mundo de gargantas abultadas, la plaga de palomas urbanas, el rebaño de ovejas cabizbajas y conviértanse en lo que yo he sido, parásito de esta fabrica, porque no produzco, porque finalmente no soy rentable, soy loca y me aíslan y me encierran. Ahora yo los aíslo, yo los encierro, yo les grito y yo los creo. Porque solo a los locos, a los ángeles caídos, nos huele la carne de enfermo, nos duelen los huesos vulnerables y nos asechan las flaquezas inhumanas.
No importa si la inercia del mundo los lleva gestar botellas vacías, me importa que en estos cinco segundos de ceguera sufran lo que yo he sufrido. Que duelan los pragmatismos, las imágenes y que le declaren la guerra a la Magia y al acopio de derrotas diarias. Que sientan, lo que yo siento, yo enemiga. Quiero que sepan que, yo, aún a costa del riesgo me niego y no me rendiré jamás. Si se asustan, si sucumben, si miran de arriba a bajo y no Lo ven, no hay problema para entonces ya habrán caído tan bajo que no serán ustedes.
No hablen muy alto, que estoy angustiada, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y a la materia, tantas veces las rodillas hincadas en el suelo. A veces, me cuesta seguir, y aunque me parezca injusto, me empeño en conjurar todos esos humos de mentiras y bocas de ciegos desdentados. Ya no puedo elegir, ustedes tampoco podrán, es Mi deseo. Me hago carcelera de mi prisión, que decido compartir con ustedes. ¡No me miren piadosos! No soy victima, soy Díos.
La misericordia será mía o no será.
Ahora, cierren los ojos, que no quiero me vean. Ustedes que antes jamás habían querido verme, no supliquen lo que ahora les niego, solo porque no quisieron antes. Vuélvanse yo, sientan la indiferencia humana rasgar sus frágiles máscaras de cartón desechable. Como Edipo arranquen sus ojos, porque son culpables. Yo los miraré, piadosa. Yo que también arranqué mis ojos, pero por odio a ver las cicatrices que sus fusiles tatuaron en mi piel.



Ahora, mis yemas sangran, ha sido a su pulso que he construido este castillo, que he forjado esta absurda prisión. Y con su sangre remendaré el elixir perdido. Sacrificados como animales, beberé de sus cálices, me hastiaré de su esencia, me ahogaré en su materia. Succionaré sus vidas para no morir por falta de la mía. Seré Dios, me alimentaré de vidas ajenas para no morir en el olvido y en la falta de existencia. ¡Qué ilusión más perfecta! Yo, un Dios, ustedes, reos.

Callen. No hablen, susurren.

Las puertas se abren, corran, escapen pero no olviden jamás que la prisón más perfecta es aquella que nosotros mismos creamos. Y que no basta sentirse libre para romper las cadenas que con el tiempo hemos forjado, a nuestra exacta medida.

viernes, 26 de enero de 2007

Dejar el pasado atrás



Dejar el pasado atrás...


execivamente atrás...




Necesito olvidar, necesito la cura al pasado y sus abismos, necesito vivir el presente y desligarme del pasado.


Es urgente que mis ojos se vuelquen al exterior.


He vivido colgada de lo que fue, aferrada con uñas y dientes al resplandor benevolente del preterito. Siempre cuidadosa de no olvidar porque el futuro era incierto y el pasado seguro.


Y ¿Qué he ganado? Dime tú, qué he ganado.


Nada, no he avanzado.


No he querido y luego no he sabido avanzar, construír por miedo a destruír lo que el tiempo ya había desechado.


Es una venganza al dolor.




Pero hoy necesito caer, golpiarme en la cabeza y sufrir amnesia.




Porque el pasado no ha dejado que mi cuerpo y más importante aún, mi ser, sean libres.


Las cadenas que yo misma forje hoy estrangulan mi piel, cortan mi circulación y estoy a un paso de la auto destrucción.


El pasado fue un refugio. Alzé un muro y procuré nadie lo franqueara jamás, me hice rea de mis fantasmas.


Pero hoy me niego, hoy grito pero hoy nadie me escucha. Nadie tenía que escucharme, yo misma me asegure que nadie lo hiciera. Pero grito igual pero nadie me escucha.




Así fue, así me perdí.


Dejé todo de lado por no mirar, porque mirar hería mis pupilas. No quisé mirar y así me perdí.


Alguien soltó la cuerda, supongo se canso. No lo culpo.


Caí.


No fue que me hayan dejado caer fue que yo misma no quisé quedarme.


Callé.




El silencio fue el amenazado.




Y así sé que ya no estarás....


No te dije que te quedarás, tampoco dije te fueras...


Y por las palabras calladas entro el dolor.




Yo que no quise sufrir, yo quien se alejó por no herirse... Hoy por no hablar perdí.




El pasado sigue rondando, me asecha y no soy capaz de decirle que ya no le quiero.


El futuro se aleja porque no soy capaz de decirle que le quiero.


Y el presente es esta aritmica palabra que cuelga de la punta de mis labios.




Sólo quiero vivir


Sólo quiero amar


Quiero olvidar todo aquello que no me deja vivir ni amar.






....¿Alguien me escucha?