viernes, 2 de noviembre de 2007

Viaje para uno



Sí, me perdí. No sé bien cómo ni cuando pasé de sentirme tranquila en mi piel a no reconocerme en el espejo.


No es algo extraordinario, suele ser una constante en mi vida. Me encuentro y me pierdo. Como el mar, ese interminable vaivén.


Comienza con el mareo, la turbulencia, la incongruencia, la fobia social...




Hoy me perdí pero no bajé los brazos, hoy decidí perderme físicamente también.




Es sencillo, apagas el celular, tomas las llaves y enciendes el motor.


Llevo cigarrillos, fuego, música... Ligero el equipaje para un viaje dantenesco.


Y de pronto ya no me preocupa mi nombre, ni mi identidad, mucho menos lo que otros esperan de mí. Soy simplemente yo y miles de kilómetros pavimentados.




Bajo el vidrio y siento como el viento golpea mi rostro, mi pelo da vueltas y respiro.


Canto a todo pulmón una canción conocida, primera, segunda, tercera, cuarta y quinta. Ya nadie me puede detener.




Chequeo el estanque: lleno.




Vamos, no hay nada que perder, no decirle a nadie si quedarse o escapar.




La costanera, amplia y expedita. Unos pocos autos y yo.




Ruta cinco norte: mi salida.




Adiós,adiós.




Está atardeciendo, calculo que llegaré a Zapallar en unas dos horas, ya estará oscuro. ¡Mejor!




Hay algo de nerviosismo en este arrebato de libertad, es la primera vez que manejo tal distancia sola. Pero antes de caer en un torbellinos de temores, sonrío. ¡Dulce primera vez!




Hoy todo es la primera vez, hoy no tengo pasado, no tengo futuro. Hoy es sólo lo inmediato, lo aleatorio, lo que la carretera disponga.




Enciendo un cigarrillo, aspiro el humo negro y me siento viva. Hace tanto que no me sentía viva.




Miro por el espejo retrovisor. Atrás queda la universidad, mis fracasos, mis logros, aquel hombre, mis amigos, mi familia. Atrás queda mi vida. ¡ Al fin!




Hoy soy yo y unos cuantos sueños de bolsillo o aquellos que guardo en la guantera en caso de emergencia.




Antes de partir, arriba de un cerro cualquiera, llamé a mis cercanos dándoles cuenta que estaba bien, que no me llamarán, que me iba lejos a estar tranquila. Algunos se asustaron, otros se alegraron, ninguno entendió bien. ¿Qué más da?




Supongo más de alguno habrá pensado que todo esto tenía relación con la ruptura reciente. ¡Qué ingenuos! Si tan sólo supieran que mi corazón voló muy lejos, con o sin él.




Acá voy, las luces encendidas pues el Sol ya se escondió. Son 120 kilómetros por hora. Serán infinitas las velocidades, yo estoy volando.




En teoría viajaría con mi familia pero he decidido hacer este viaje sola.




Quiero perderme una y otra vez. Y la carretera sigue avanzando y atrás muy atrás va quedando todo.




Cada kilómetro que avanzo es un kilómetro de reivención, de libertad.




Suena "1973" de James Blunt. Simona, You're getting older /Your journey's been /Etched on your skin.




Aquí voy, arrancando una por una las cicatrices. Como si de pronto no fuera el asfalto lo que las ruedas aplastarán y dejarán atrás pero fueran las marcas de mi vida.




Poco a poco, a 140 kilómetros por hora, voy borrando cada palabra de mi libro. Me espera una página en blanco.




¿Mi nombre? ¡Qué podría yo saber!




Singing "Here we go again"




Echo un vistazo al reloj del panel. 21.15 pm de un Viernes 2 de noviembre de 2007.




Una de esas tantas coincidencias, un día 19 de Julio de 1988 a las 21.15 pm nací.




Será que hoy, 19 años más tardé volveré a nacer sobre ruedas y alejándome de casi dos décadas de historias.




Hoy, cuando llamé a uno de mis más cercanos amigos, me comentó que había hablado con mi ex. Y me sorprendí al descubrí que no había pensado en él. ¿ Será que el dolor finalmente se fue?




Sinceramente, creo que se debe a la certeza de que él no piensa en mí, que debe estar de fiesta en algún local de la quinta región, buscando mujeres y entre tragos y mentiras debe haber besado a más de alguna. ¿Qué más da?




Man we were killin' time/ We were young and restless /We needed to unwind /I guess nothin' can last forever - forever, no Summer of 69 Bryan Adams, suena.




Ya llevo más de una hora de viaje. Y de pronto me asalta algo parecido a la nostalgia. Culpo a la canción. Sí, es la canción, no soy yo. - Qué capacidad de mentirme a mi misma-




You'll deny the truth - believe a lie /there'll be times that you'll believe you can really fly/but your lonely nights - have just begun/when you love someone.




Y así, sin pensarlo, cambio la canción. ¡Qué fácil!




150 kilómetros por hora. No hay nadie, sólo yo y algunos camiones de carga.




¿La maca? No sé, se perdió. Se quedó en algún lugar entre la costanera y el primer peaje.




¿Quién maneja entonces? Alguien que solía ser la maca, alguien que quiere ser otra. No, no, alguien que no quiere ser nadie.




¡Quiero ver el mar! Es extraño, pero periódicamente me ahogo y necesito sentir ese rugir de agua y sal. Esa inmensidad avasalladora, mojar mis pies en sus aguas y cerrar los ojos.




La ciudad me enferma casi tanto como me alimenta.




Hoy voy buscando al mar, hoy voy buscando libertad.




Quiero arrancar todos estos trozos de tela, de piel, de recuerdos, de vanos pensamientos, de lágrimas de cocodrilos, de obligaciones y bautizarme nueva.




Hoy quisiera creer en Dios. Tener algo superior a lo cual aferrarme, un manual de respuestas absolutas y miopes.




Bajo la velocidad. ¿Habrá alguna iglesia cerca? Me han bajado las ansías por confesarme. No para expiar mis pecados pero para sentir que alguien me escucha, que no soy sólo yo la que carga con este sinfín de pensamientos absurdos.




Una canción más tarde, acelero.




Mi Dios necesita de mucho menos, a veces ni siquiera de una palabra derramada al viento.




And I am finally seeing /Why I was the one worth leaving. Suena: The district sleeps alone tonight. The Postal Service.




Siento deseos de encender mi celular, quizás esperando ver un mensaje de llamadas perdidas, de una llamada perdida de él. Me contengo, total no llamará, celular prendido o apagado, da exactamente igual.




Estoy por llegar. Ya he tomado el desvío y comienzo a reconocer en la oscuridad el camino.




...When it struck me/ That I've been waiting since birth to find a love that would look and sound like a movie /So I changed my plans and rented a camera and a van and then I called you/"I need you to pretend that we are in love again" and you agreed to. Suena: Clark Gable. The Postal Service.




Recuerdo entonces, que mi amor platonico, ese ser que por tantos años amé y que sospecho aún podría hacerlo, podría estar cerca.




No sólo somos vecinos en la gran ciudad, pero también aquí, en la playa. Su casa es separada de la mía por sólo un alambrado de púa.




¿Quiero verlo? Siempre quiero verlo pero ¿Será bueno verlo? Sospecho que no.




Él, es ese hombre. No sé cómo describirlo. Él ha sido para mí el fin y el comienzo.




Infinito.




I want so badly to believe that "there is truth, that love is real"/And I want life in every word to the extent that it's absurd.




Nos conocimos hace ya, calculo, 7 años. La ingenuidad a la vuelta de la esquina. Volcó mi corazón, mis creencias una y otra vez. Aún hoy es capaz de hacerlo.




Si existió alguien que yo sintiera me comprendiera, fue él, aunque jamás sospechó la vastedad de su entendimiento.




Hoy por hoy somos buenos amigos. Lo quiero, me quiere. Nos vemos poco, lo necesario.




Pero siempre está ahí, jamás se ha ido. No sé bien por qué.




I know you're wise beyond your years, but do you ever get the fear/That your perfect verse is just a lie you tell yourself to help you get by?




Enciendo el decimo quinto cigarrillo del viaje. Aspiro con la misma ansiedad del primero.




No sé si son los nervios de efectivamente encontrarlo acá o la simple automacía del vicio.




Si lo encuentro y me pregunta, como todos lo harían ¿Qué haces aquí?


¿Qué mierda la respondo?


¿Me vine a perder?




Cambio la canción y de un paraguazo espanto todos mis pensamientos.




La mente en blanco, la ruta, las luces y el sonido cada vez más vivo del mar.




Abro la ventana y siento el frío. Es justamente el frío que necesitaba, ese que anestecia y exorcisa.




No me doy cuenta cuando ya llegué.




Aquí estoy. Me bajo del auto, tomo mi bolso, cierro el auto. Cruzo el puente que separa el estacionamiento de la casa. Y pienso el fetiche Ferrer Echavarrie, o más bien sólo Echavarrie ( sólo de mi abuela) por el art deco, la modernidad y el lujo.




Giro la llave en la cerradura y aquí estoy. La casa de Zapallar. Amplia, lujosa, moderna, chic.




Tiro el bolso en el sillón de cuero blanco. Dejo las llaves en la mesita del living e inmediatamente salgo a la terraza.




Veo toda la bahía, sus luces. Abro mis brazos y dejo que el viento me acaricie como ningún hombre lo ha hecho.




Echo un vistazo a la casa vecina, veo luces encendidas pero no veo su auto. Seguramente no está. Mejor.




En la cocina saco una copa de Martini y me preparo un Martini con una pizca de limón y una cereza. Tomo mis cigarrillos, un cenizero. Cojo una manta y me voy a la terraza.


Pongo música, es un cd de blues. Perfecto.




Y aquí en la terraza, bebiendo, fumando, pensando, viviendo decido que me quedaré hasta que amanezca.




Ya he cumplido con inmortalizar este viaje en este escrito.




El computador ahora lo guardaré y seremos la noche y yo, hasta que nos encuentre el amanecer.




No sé cuántos días me quedaré, dije que volvería a más tardar el lunes pero puede que decida alargar mi viaje.




Hoy soy libre.






Mi copa ya está vacía, debería traer la botella.




Hace frío pero me gusta, me siento viva.




Atrás quedó todo.




Adelante será lo que yo decida.














domingo, 28 de octubre de 2007

Ese miedo


Este es el miedo...

Ese miedo a mi misma, a mis demonios, a descubrir aquello que sospechaba; mi incapacidad.

Pensar que este no era mi lugar, era una cosa. Descubrir que no tengo espacio, es otra.

Este es el miedo blanco, de dientes afilados que hoy me mira al otro lado del vidrio.

Cierro la ventana, creyendo en vano, que aquel gesto le impediría su entrada.

Sonríe.

No he tenido un lugar ni en mi cuerpo ni en los contextos.

Se me han ido los días en aparentar.

Y finalmente jamás he sido.

Duelen las ficciones, los pragmatismos, las ideas, las revoluciones, la resignación, la quietud, el status quo, el cambio.

Quiero escaparme y sé que no habrá lugar. Que cualquiera, como éste, no sabrá incorporarme.

¿Qué hago aquí? Jamás he sido como ellos. Jamás seré como ellos.

Mi prisión, la más absurda de todas resulta ser mi propia esencia.

Maldita ella, malditos ellos.

Y maldigo y nada gano.

Caminos bifurcan y no encuentran jamás esa orilla en la cual encallar.

Me pierdo sin saber que jamás me encontré.

He querido creer y ha sido una simple quimera soñada por alguien más, alguien distinto a mi, alguien como ellos.

He sido una extranjera, sin papeles, sin residencia, sin nombre...

Un anónimo, una máscara...

Nada real, quizás un fantasma.

Y es el miedo...

El miedo de jamás pertenecer.

¿Quién he sido yo?

Ni el amor, ni la verdad, ni la muerte, ni el mal, ni el bien...

Nada de eso ha calzado mi paso aritmico.

Mi cadencia es extranjera en una acera que jamás fue mía, que jamás lo será.

Y así bienvenida ha sido la soledad a mi armado de pobres ilusiones.


Ese miedo...

Quizás eso ha sido lo único verídico en todo esto; el miedo.


Y yo... un miedo de alguien más.


De nada sirvió el frágil vidrio trás el cual me escondía, ni siquiera las margaritas en mis ojos...

El miedo se hizo dueño y señor de mi habitación, mordiendome suavemente el cuello.




lunes, 22 de octubre de 2007

Mi derecho a amar y ser amada


¿Para qué se buscan y construyen relaciones, si no es para amar o al menos intentarlo?


Sí, yo como todos exigo hoy mi derecho a amar y ser amada.


Porque quiero soñar, amar, crecer, aprender, equivocarme, ser amada... aunque sea en potencia.


Mi vida siempre supe sería conjugada por el amor, no puedo subyugarme ante menos.


Merezco soñar y pedir lo imposible.


Lo limites jamás fueron algo a lo cual adhiriera.


Y si hoy me encontré frente a un hombre que decía no querer enamorarse pero aún así seguir juntos ¿ Dimecúal es el punto?


¿Cúal es la idea de estar junto a alguien si no es para al menos pensar en amar?


No, simplemente no puedo. Sería negarme a mi misma y a mis sueños.


Es mi derecho a amar y ser amada.


Porque el dolor, la rutina, el desgate de una relación sólo pueden compensarse con la idea del amor. De otra manera, sería un mal innecesario e injustificado.


Lo mundano de toda interacción humana se justifica sólo por el amor.


Es eso lo que hace de algo pequeño, una maravilla.


Y aunque entiendo puedo quererlo, que fui feliz con él, si no puede ofrecerme si quiera la potencialidad del amor, entonces yo debo seguir en busca de ese elixir precioso.


No voy a negar mi libertad si no es en nombre del amor.


Nadie dice aquí que es fácil o inmediato, requiere ciertamente trabajo pero es la esperanza de un sentimiento divino al final del camino lo que nos alienta. And make it worth it.


Yo estoy más que dispuesta a sufrir la vida si es por amor.


Nací por el amor, no podría abandonarlo. No ahora, no por él.


Aquí cada uno es libre de decidir como vivir su tránsito, si decide que el amor queda excluído, respetable su desición mas irreconciliable con mi cosmovisión.



Grito por mi derecho a amar y ser amada.
Lucho por mi derecho a amar y ser amada.



viernes, 5 de octubre de 2007

Dos palabras



Clareaba el alba afuera del auto




Pero éramos dos.




Dos, entonces. Dos, para siempre.




Dos; tú y yo.




Sobre ti, un instante congelé. " Como una fotografía, guardar para siempre en mi mente este instante"




Me mirabas, era dulzura, era anhelo, era...




Sentía tus manos pintar mi figura, reconocerme con el cuidado de quien coge una flor de un jardín ajeno.




- ¿Alguna vez has imaginado cómo sería hacer el amor?- pregunté.




- Sí, muchas veces.-




Silencio.




Todo era la primera vez. Todo tenía ese temor infantil, de quien por primera vez toca y nombra las cosas por su nombre.




Durante todo ese día, o que había sido de él, sentí como de sus labios querían salir dos palabras. Y sin pensarlo, le cerraba la boca con mis manos. No quería escuchar, tenía miedo a escuchar.




Y entonces de madrugada, escribí sobre su frente con mis dedos, dos palabras, un universo. " Te amo"




Sentí como su cuerpo se estremecía.




-¿Por qué no lo dices?-




-Me da miedo, no puedo-




Y rápidamente comenzé a calzar mis zapatos y antes de poder huir, él me cogió muy fuerte del brazo.




Mi expresión era pavor. No hablaba. Quieta, él me sostenía muy fuerte. Y entonces él dijo:


-Te amo-




Las palabras eran incapaces de abandonar mi lengua, mi garganta. Y entonces con un soplo de aliento iba responder, pero él se precipitó y cerro mis labios con sus dedos.




- No lo digas, si no puedes-




Y sin saber cómo ni por qué encontré la fuerza que tanto me había faltado y dije :


-Te amo-




No quiso creer y entonces lo grité más fuerte y con una sonrisa. Me creyó.




Dos palabras.




Y una vez dichas, una vez sentidas el universo estalló.




- Aunque dure un minuto, que sea el más lindo de nuestra vida- me dijo.




Perdí todo miedo. Lo amé como sabía lo hacía pero era incapaz de aceptar.




¡Te amo!




Sí, hoy te amo.




lunes, 24 de septiembre de 2007

Locura de pecho


Es cierto,

nos equivocamos.


Es cierto,

así nos perdimos.


Nos faltó coraje.

¿Podrías reprocharmelo?


Quizás deberías.


Pero ¿ qué ganarías? Si al final nos abandonamos.


No era a ti este corazón, no eran a mi tus heridas.


¡Tamaña ilusión que alimentamos!


Prudencia se llamó ese tiempo preterito que nos separó.


El tiempo todo lo cambió,

todo destruyó

todo reiventó.


Vamos, regalemos una oración a ese rosario que perdió sus cuentas.


Me cantas para dormir,

y no sabes que hace ya mucho que me desperté.


Nunca dos locos pudieron sobrevivir.


¿Pensaste nosotros podríamos?

Todo se desintegra con la docilidad de un niño de pecho.



Que fue un sueño negro,


¿Hacía falta algo más?




martes, 14 de agosto de 2007

¿Es esto el amor? Historia T y M




Nuestra historia...






Ha transcurrido con la dinámica de un sueño o de una pesadilla.






No recuerdo muchas cosas, tanto por mi afán de rechazarla tanto por mi afán de idealizarla.






No sé con certeza si el amor que tuvé es el mismo que hoy guardo, si es verdad o es un capricho.






Lo cierto es que has vivido en mí desde entonces.






Recuerdo, muy vagamente, el instante en el que todo terminó.






Ahora con el privilegio del tiempo y la restrospectiva logro calzar algunas piezas en este confuso y a tiempos absurdo rompecabezas.






Sé que no te lloré lo suficiente entonces, que encontré un atajo para seguir mi vida y dejarte al margen.






Sé que encontré la fuerza y olvidé nuestra historia, la llené de odio y de rencor. Pude seguir tranquila.






Te convertiste en una sombra aterradora, de la cual huía constantemente.






No te lloré, no me dejé sentir el dolor, me prohibí extrañarte. Nadie me preguntó si me dolía, todos parecían tan felices con mi desición que yo, por no despertarlos a la verdad aterradora de que te amaba, callé y aprendí a fingir.






Adorné nuestra historia al gusto del público, la desfiguré y yo misma la creí.






Te convertí en un ser despreciable y me tranquilizé al saber que había hecho lo correcto a los ojos de todos.






Así transcurrió casi un año.






Entonces, ante la posibilidad de marcharme lejos, te busqué. Pensé que todas las heridas habían sanado y que sería simplemente un adiós, nada más.






Ahí te encontré, habías cambiado tú también. Tenías a otra mujer a tu lado, como yo a otro hombre. Nada nos ataba, estabamos a salvo. ( al menos eso creí)






Pero no bastó mucho tiempo para descubrir que nada había sanado, que de tanto disfrazar la verdad jamás la enfrenté.






Yo por orgullo, callé.






Y venías tú llenándome de anhelos, de palabras, de promesas...






Volvimos a abrir nuestra historia.






Yo me negué, por miedo y orgullo.






Pero aunque mis labios pronunciaren un "no", sabía muy bien que no había vuelta atrás, que habías regresado para no marcharte. Y que mi mundo había rápidamente girado sobre sí mismo hasta perder todo equilibrio y centro.






Eso fue hace ya seis meses, quizás más.






Y hoy, después de multiples intentos y luego negaciones, aquí estamos.






Sigue siendo el mismo problema y el mismo miedo y el mismo dolor.






Pero esta vez yo había decidido arriesgarme, pero esta vez tú habías decidido no hacerlo.






¿Es que jamás llegaremos a un acuerdo?






Y lo más terrible es que sé que como yo te amo, tú me amas aún.






Ambos lo sabemos, siempre lo hemos sabido.






Pero, desengañate, el momento perfecto jamás llegará.






Nos vamos perder en miedos, dudas y preguntas sin respuestas.






Y volverá el orgullo y el dolor y uno de los dos, me temo seré yo, se marchará jurando no volver más.






Pero volveremos. Es la historia de nuestra vida.






La verdad es que no tengo mapas ni señales y ando perdida llorandote lo que jamás te había llorado.






Me he vuelto a perder este sinfín de recuerdos caducados y sueños de niña.






Y aunque ya no sea una niña, tú me haces sentir que lo soy, porque contigo pierdo todo lo ganado y aún así deseo y me quedo.






Maldigo tu nombre entre lágrimas y sollozos, luego vuelvo a invocarte.






Te odio y te rechazo, luego te amo y te busco.






¿Es esto el amor? Dime, ¿ es esto el amor?






Si finalmente nos encontramos ¿ será eso el amor?






Ya sé que el amor duele pero ¿ duele así el amor?






He llegado a pensar que jamás nos volveremos a tener pero que sin embargo seremos incapaces de dejarnos ir.






¿A cúantos hombres he de amar? Hasta hoy eres sólo tú. ¿ Es eso el amor?






Ya no son las cosquillas ni la emoción, el tiempo ha cedido y te conozco, te aborresco y aun así te amo.






Odio tu sentido del humor, odio tus silencios, odio tu voz galopada y violenta cuanto discutimos,
odio que seas tan cerrado, odio tu afán de siempre tener la razón, odio tu egolatría,
odio tu racionalidad, odio tus impulsos, odio tu fortaleza, odio tu soberbia,
odio tus mentiras, odio tu descaro, odio tu facilidad de hacerme daño,
odio tu perfección al momento de herirme y de amarme,
odio que me conozcas como lo haces, odio que tengas la palabra perfecta,
odio que me calmes, odio que me ayudes, odio tu testarudez,
odio que me abrazes cuando te grito, odio que me discutas,
odio que me hagas callar, odio cuando me ignoras,
odio cuando me haces reír, odio cuando no recuerdas algún evento del pasado, odio tu absolutismo, odio tu franqueza, odio tu ironía, odio tu locura,
odio que ames...






Sí odio tanto de tí pero lo que más odio es que te amo así y te amo porque eres así.






No eres ni cercano al hombre perfecto y sé que no debería amarte pero lo hago. ¿ Es esto el amor?






¿Qué mierda es esto sino es amor?






domingo, 5 de agosto de 2007

...


Más no me dijo, más no me explicó...


Entiende, fue así, yo tampoco entiendo.


¿Qué más quieres que te diga? Más no sé.


Fue de madrugada, me despertó y creo que no entendí jamás si fue la dinánica de un sueño o si realmente sucedió.


No recuerdo, estaba a medio despertar.


Sus palabras eran asperas y galopadas. No logré traducir su lenguaje de madrugada.


No, si a mi tampoco me hace sentido todo esto. ¿Qué? No, no sé.


¡Pero si fue tan tarde!


¡Basta! ¿Qué más quieres? Yo no sé más.


Sí, era él. De eso estoy segura.


No entiendo, yo me había alejado.


Sí, fui yo la que se marchó la primera vez.


Sí, yo lo dejé.


Sí, qué sí! ¡Fui yo!


¿Por qué? ¡Qué se yo!


Basta, ya es suficiente, así sucedió.


Él llamó, yo respondí.


Él hablo, yo escuché.


Más no me explicó...



martes, 17 de julio de 2007

Noches de alucinaciones





Un ruido sordo, incesante, trascendente

Son noches en las que dejo volar mi cuerpo,
mis manos, mis labios,
mi sexo.



Noches que no tienen hora ni medida



La luz no es luz



Yo no soy



Alguien grita abajo de mi balcón



Es él



Ha venido a buscarme, meses, años más tarde.



Ha llegado tarde a nuestra cita, no llego a aquel café en el que habíamos quedado.



Olvidó todo y cuanto pudo, en su sabiduría de hombre extraño el olvido era una ciencia, la más exacta de todas.



Pero hoy ha mostrado su carne de hombre infinito



No la he querido tocar, por miedo a perderme en sus cicatrices



No menciona el por qué de su larga ausencia, aun menos el por qué de su regreso



Me quiso perder



Lo logró.



Conoce a caso mi debilidad



Sabía acaso que si regresaba una noche de alucinaciones,



Yo le abriría la puerta.



Escaparía con él.



Abandono mi templo



Ni siquiera me doy tiempo para ordenar, para guardar



Sus entrañas tiran



arrastran



condenan



ciegan



Mi sangre le sigue, como un perro amaestrado



No recuerdo si quiera el daño o las heridas



Nada me puede importar si él está abajo y me quiere con él



aunque sea una noche



Dormiremos dos noches juntos



La tercera él ya no estará



Lo sé



No quiero perderme si no es con su aliento en una copa de cristal



No quiero dormir si no es con sus manos entre mi piel



Hoy quiero arriesgarme



Lanzarme al abismo de su voz



Me dicen que no le siga, que sus alas no saben quedarse en tierra mucho tiempo



No quiero escucharlos



Quiero que sus manos me condenen



Mi cuello es blando, no tardarás en matarme



Pongo mis manos en la lumbre



El amor crucifica



Y bajo sus alas esconde una espada



¡Crucificáme!



¡Quemáme!



Pero no me niegues tu cuerpo



No guardes esa hierba



Busca fuego



que ésta noche, juntos fumaremos



Y cuando la cordura al fin se consuma



No lo pienses



Miráme



Házme el amor en una noche de invierno



Después,



después olvidáme si quieres



No voy a suplicarte



Tengo que irme



Bueno, entonces adiós



Te buscaré, llamaré, escribiré



Vale... ¿pero casi mejor si no te vas, no?



Sabes que no puedo quedarme para siempre...



... Aún queda vino, ¿qué dices si te invito una copa?



Una copa lo mantuvo una noche más en la cama



Pero el vino se acabó....



Él se marchó



La noche terminó con cenizas y sin cenicero



Dos copas vacías



Yo cogí mis cosas y me fui a caminar por un domingo de madrugada



Noches de alucinaciones
(Texto que data de agosto 2006, publicado por primera vez en mi antiguo blog)

martes, 3 de julio de 2007

La mujer que soñaba






Por un sueño, la mujer que soñaba...






Era tarde o quizás,pensara ella, demasiado pronto pero lo cierto era que venían de todas partes a decirle que ya era hora.



Sueños venían a despertarla, a sacudirle la dulce modorra como pequeñas hormigas recorrían su rostro.



¿Para qué despertar?



Había creado un mundo a su medida, tantos años...



No era más ni menos, era el compendio exacto de sueños, ficciones, papel maché y carne.






Había crecido- decía su madre- ella no quería hacerlo.






Una noche cualquiera había lanzado sus sábanas por el balcón.



Era una huida o quizás la puerta más amplia a su jaula.






Reconocía sus manos, las miraba a contra luz y en penumbra. Las sabía suyas.






Alguien una vez habían mencionado- no recordaba su rostro ni su nombre- que su vida sería la vida de la mujer que soñaba.






Quizás jamás despertó. Nunca quiso hacerlo.






Su tierra era ese cerco de madera mal pintada, su casa el abobe quebrazido, su ventana el ojal y su corazón... su corazón era algo incomprensible.






Abría bizarramente sus ojos y los cerraba avergonzada.






El pudor de ver el mundo. El temor de ser vista.






La clandestinidad le iba muy bien.






Y entonces quería vivir. Y entonces quería amar. Y entonces quería...






Luego se alejaría, echaría a correr.






Las tragedias urbanas, el zumbido inscensante y las flaquezas humanas la agobiaban.






Los hombres eran seres que, a tiempos, desdeñaba.






Finalmente, la idea a la cual se aferraba era sólo eso, una idea.






Jamás la realidad calzó con su visión. Demasiado estricta, esperaba lo imposible del mundo. Esperaba el mundo fuera lo que ella hacía de él en sus ficciones.






Y el desencanto era lógico. Jamás saciarían su sed.






Ya ni sabe si culparse por hacer de su vida algo tan lejano o culpar al mundo por ser lo que es.






La habían amado. Fue amor humano. ¡Qué desilusión! Ella se cansó, ella se fue y a ella le dolió.






Se supo mujer maldita.






Esta era la vida de la mujer que soñaba.






Pero ¿qué iba a hacer? Le habían regalado un cuerpo. Por no desilusionar a su creador aprendió a vivir.






Estas son sus instrucciones para sentir.






Que lo humano, a ella no le basta, no lo quiere.






A veces se siente perder, marchitar y a otras se esfuerza por mentirse.






La mentira más grande...



Ella humana



Ella amante



Ella mujer



No es lo que otros creen. Jamás lo será, no quiere serlo.






No amará a aquel hombre y el amor que él le da no será jamás el amor que ella busca.






Es simplemente la vida de la mujer que soñaba.






Y así sigue en su sueño.






Bienvenidos






sábado, 21 de abril de 2007

Aquí no hay nada, nada suficiente






Entiende que aquí no encontraras nada suficiente
es sólo campo y tierra
Algunas casas orilladas en abruptos precipicios, adobe de vieja historia
Nada más
Aquí se han quedado aquellos que los montes han declarado rehenes.
El mundo acaba aquí
Somos ciudadanos de una tierra exiliada
Huele a tragedia, la tierra ardiente habla de pasados oscuros, de sinos de familias, de mujeres locas, de hombres y cuchillos, de viudas negras, de cuatro paredes...
¿Qué haces aquí? Viajero...
Estás tan lejos de tu tierra...
Aquí estoy, las manos abiertas... no hay nada para ti, no hay nada que ofrecer...
La lluvia no tardará en llegar, lo he escuchado en el magullar de las hojas...
El temblor de los árboles ha susurrado... dime viajero ¿lo has oído tu?
Llevas lodo en tus botas, las manos curtidas y los ojos abandonados... ¿ de dónde vienes?
¿Qué has venido buscando en esta tierra como olvidada por todos?
Algo me quieres decir... Balbuceas y te escucho mas no entiendo.
Viajero hablas otro idioma, otras son tus guerras, otras tus desventuras... ¿Qué has venido a decirme?
No soy buena en aconsejar, nunca supe mucho de la vida yo misma.



Abres enormemente los ojos.... No te entiendo.



¿Qué haces aquí?



¡Vete ya! El mar pronto se turbará, tu barquita podría naufragar. Anda, abandona esta tierra, no te corresponde.



Esta es la tierra de los sin nombres, de los locos... Vete ya.



Nadie sanará tus heridas aquí. No hay corazones, no hay manos, no hay amantes...



Es una tierra baldía, estéril, anónima. No queremos tu nombre aquí.



No hay nada suficiente.



Tus ojos se hacen cada vez más grandes ¿Quién eres?



¿Tienes un nombre, un padre, una madre, una edad? Entonces, vete. Aquí no hay nadie.



No, no soy yo. Yo no puedo.



Al otro lado del cerco me esperan mis propias guerras, mis demonios. No puedo quedarme, no puedo guarecerte.



Aquí no hay nadie.






Esta es la tierra de mis dolores, no son los tuyos. Vete ya.









Y la lluvia comezó, gloriosa



Naufragio.



domingo, 8 de abril de 2007

Desnuda




Siempre supe sería yo una mujer amante, el amor lo conocí antes de conocer las palabras y desde entonces y para siempre le tendría en mis entrañas, creciendo al margen y a la par de mi vida.



Pero lo que sin embargo no sospechaba es que con el tiempo la mujer amante sería una mujer fácil de querer pero imposible de amar.



Lo que nadie supo ver, ni siquiera mis ojos encontraron luz, fue que el alma tortuosa y oscura de la mujer sería lo que a otros asustaría y con el tiempo alejaría.



No fue que yo no supiera amar fue simplemente que como amaba, como amo, nadie entiende.



A una mujer maldita el amor le mira por entre los barrotes de su cárcel.



Porque la muerte viste de mujer y calza tacones de aguja....
La muerte tal vez he sido yo.
Siempre supe jugar el juego del amor, siempre supe sonreír a tiempo y ocultar la esencia negra tras un semblante de ojos bizarramente abiertos.

Nadie sospecho.
A tiempos logré incluso engañar a mis sentidos...
Pero hoy que he despertado desnuda en mitad de la calle entiendo el peligro de mi disfraz.
Porque ayer alguien irrumpió en mi habitación, ayer alguien se invitó a mi claustro y ayer alguien me desvistió.
No recuerdo con exactitud su rostro ni su nombre.
Recuerdo el miedo.El miedo blanco que amenaza con la verdad.
A él lo olvidé.
Él a mi me olvido

Sólo escuché la puerta cerrándose en el instante mismo en el que te ibas.
Nunca entendí que habías venido buscando, si en mi desnudez lo habías encontrado, si pensabas acaso volver...




Supongo que como todos, la verdad callada te asustó.



Ya nunca más le volví a ver...

Nunca su nombre dijo



Supongo que nunca existió.

martes, 27 de marzo de 2007

Era otoño aquella vez...






Era otoño...



¿Recuerdas? Tantas fueron las veces que nos perdimos concientes, nos perdimos...



A tiempos volvías como de un largo viaje y me mirabas desconcertado, apenas entendía yo tus ojos, quizás más que a ti, me costaba reintegrarme a la realidad. Sabías desde antes que no era de este mundo, que jamás estas aceras calzaron mi paso. Solías decirme, entre risas y hojas muertas; " ¿De qué mundo te escapaste? Ya sé que es el otoño que te pone así, pero algo tienen tus ojos, una extraña manera de abrir y cerrar fronteras inimaginables." Yo reía a mandíbula latiente y pensaba en por qué el otoño me perdía de manera tan inequívoca. Bien sabía que caminabas a mi lado pero aun así te olvidaba. Olvidaba todo cuanto era recordable. Un instante bastaba para que las alas que creía rotas, alzarán vuelo majestuosas. Y así me iba de tu lado, de tu realidad de hojas y plumas. Me abandonaba en un viaje insólito e irrepetible. Jamás pude decirte cómo era aquel lugar, ese jardín oscuro, esa boca jadeante, esos muros agobiados de amor y sabanas húmedas. El lecho de hojas muertas hablaba de mundos por conocer, de dioses anacrónicos y sueños caducados. Llegaba, los pies descalzos de materia, los ojos sellados y me lanzaba al abismo crujente de veranos secos y ojos vacíos. Ahí me quedaba, sin tiempo ni espacio, era ser la mujer que soñaba. La complejidad descansaba a mi lado, los tormentos se perdían entre besos de mujeres comprometidas, llenas de abrazos, llenas de mentiras. Tú seguías ahí, casi te podía tocar. Me mirabas, contabas historias fantásticas, hablablas de héroes y heroínas, de tragedias y crepúsculos negros. Tu vida yacía en esa acera gris y húmeda, la mía se había abandonado a parajes irreales. Era como zanbullirze en el agua mansa de tu lengua, en su comodidad.



Cuando dije que me iría, bajaste los ojos y a voz tan baja, casi para no decir, te escuche balbucear " yo iré tras de ti" Pero no sabías acaso que si me iba, que si me perdía, sería precisamente en ti. Aún faltaba tiempo y espacio intermedio. Creías con demasía en el amor y no sabías que amar era aprender a morir.



Y así esperaba yo cada otoño aparecer y en cada otoño enseñarte a morir.



Había una hoja, temblaba. Te dije la llevarás contigo en el temblor del abismo. Callaste. Supe habías entendido.



Y es otra vez otoño....



Te recuerdo ¿sabes? Aún vives en mi, casi como ese primero otoño.



Yo me fui y te perdí. El camino de regreso se había disipado en la bruma y en la lluvia caprichosa.



No te dije adiós pero supongo que en el silencio me escuchaste como yo te escucho a ti ahora.



Fuimos eternos... Aprendimos a morir y cubiertos de cenizas nuestro tiempo se acabó.



Es otoño...



Quizás andes por ahí, quizás te encuentre nuevamente, absorto en el temblor de una hoja.



Hasta entonces...









domingo, 18 de marzo de 2007

Por qué escapo, por qué olvido

Alguien me preguntó: "¿Por qué escapas? ¿Por qué te esfuerzas por olvidar? ¿No te puedes, simplemente, quedar?"
Parecía no entender mi actuar, mis razones, mi vida. Y no lo culpo, imposible desafío aquel.
Es más que evidente para todos aquellos que me conocieron, me conocen o a su debido tiempo me conoceran, que escapo, que no estoy hecha para perdurar.
Entonces asalta el imperdonable "¿Por qué?". Y es que claro, ellos necesitan de razones para aceptar, necesitan nombres para que sea real.
Quizás es innherente a mi esencia la mobilidad. Podría responderles así pero se con demasía que no llegaría jamás a explicarles de tal forma.
Mi vida es la vida de la mujer que soy y de la que quisiera ser. Ésta es mi dualidad y por lo mismo mi propia complejidad.
No soy, sin embargo, lo bastante real como para perdurar. Nada nunca será lo bastante real para esquivar la huída y el olvido.
Es imperativo para mi destruír lo conocido.
No busco lo eterno, de hecho es justamente a aquello a lo que más le temo. Lo eterno, engaña, lo eterno esclaviza y anula.
No diré que es libertad lo que busco en mi insconstante ir y venir, decirlo sería vanidad, sería pretender que lo humano es supremo (y no lo es).
Busco sin embargo caminos y espejos imposibles.
Vivo y muero todos los días. Existo pero han de saber que más temprano que tarde tendré que desaparecer. Lo que el mundo y sus habitantes pueden ofrecerme no es lo que necesito.
Nadie podrás jamás pretender darme aquello de lo que carezco asi que por favor no hinchen sus pechos y se crean mis salvadores, no lo son.
Es cierto que he amado, que he querido amar pero ¿por cuanto tiempo? No por mucho.
Los hombres saben bien herir mi carne mas enmendar lo perdido, no saben.
No me conocen; yo no he querido que lo hagan pero tampoco podrán. No saben, no pueden...jamás sabrán, jamás podrán. Son limitados, periodicos, lo siento.
Y quizás en mi tránsito he jugado a que me entiende pero ,desengañense, ha sido sóla y
únicamente por no desilucionarnos más.
Hace no mucho tiempo existió, como siempre han existido, un hombre en el cual vi un deseo profundo y sincero por conocerme y hasta cierto punto le entre abrí mis puertas. Pude ver su contento y su gloria de creerse conocedor de una esencia oculta. Pero llego ese punto, impreciso, en el que lo tuve que dejar, tuve que olvidarlo. ¿Por qué? Porque su ilusión era tamaña y peligrosa, no para mi, pero para él. Claro que las razones que le dí, el por qué lo dejaba no eran éstas que hoy expongo. Pero en el fondo lo abandoné porque habíamos llegado a callejón sin salida. Yo no podía ofrecerle nada más ni él a mi.
Él quizo ser mi amigo. Pero no sabía que yo no necesitaba su amistad, porque en ningún caso él podía darme lo que yo necesitaba. Fue sólo saciarle su deseo por saber de mi lo que permití y en lo que se basó nuestra relación.
Hoy por hoy entiendo su perdida mas en ningún caso me ha dolido. No porque no me duelan los detalles pero porque mi vida busca un desenlace mayor y mantenerlo a mi lado sólo podía cerrarme caminos y empequeñecer mi mundo.
El olvido fue rápido y no quedaron marcas. El tiempo compartido fue minimo y casi una quimera.
Yo jamás lo conocí y así el olvido tenía calle abierta para extirpar pequeños y ambiguos recuerdos.
No me faltaron sus gestos, ni su esencia pues nunca los tuve, nunca los conocí.
Nuestra relación fue unilateral jamás simetrica.
Él obtuvó en cierta medida lo que buscaba, yo le di lo que pude darle.
No me aferro a las cosas, el pasado que antes me protegía del dolor llego un momento en dónde me causaba dolor y entonces tuve que desligarme, olvidar.
Lo que puede parecer un acto de egoismo no es sino un acto sordo por en un futuro inmediato ser mejor.
Si no escuche sus palabras, sino vi sus deseos fue porque en mi algo gritaba más fuerte. Y antes de entregar dicha, tenía que yo misma encontrar mi dicha.
No es que él no me importe, osea ya no, pero antes, fue simplemente que su dolor no encontraría balsamo alguno en mi dolor.
Fue mi decisión. Mañana será la suya.
Fue mi tiempo, mañana será su tiempo.
Hoy renací.

viernes, 2 de febrero de 2007

Dialogo inconcluso entre un ángel y un fin o Intento de monologo imaginario



Este es uno de mis pequeños tesoros.


Es un intento de cuento, basado en una relación muy especial para mi. En dónde fui un ángel y en dónde él fue un fin.


Data del 2005 y aún hoy lo leo y mi piel se eriza...








Intentábamos hablar, aunque fuera una vez, una última vez, sin morir en el intento.
-¿Cuando mueres tú?- preguntó con esa voz que arrastraba trozos de azúcar.
- Creo que todos los días- cerré mis labios para no gritar.
- Yo quiero morir también.- susurró.
- ¡Ven! Muramos juntos.- exclamé, empapada de extraña certitud.
Y así, nos tomamos las manos, la suya guardó la mía, y corrimos calle abajo. El cemento húmedo amortiguaba cada paso, cada paso más cerca de la muerte. ¡Que ingenuos que éramos! Queríamos morir un momento y vivir lo que nos quedará del día. Quizás lo lográramos, pero la voz de una madre enojada, pudo más que nuestros sueños. No logramos morir un momento. Lo siento.
La calle recuperó su halo de cementerio abandonado. Y nosotros, niños, perdimos la risa de una calle primaveral.
La vida a la vuelta de la esquina.
No queríamos creer, queríamos saber, queríamos ser.
-¿En que crees tú?- me pregunto una noche última.
- No lo sé, pero creo, me basta creer.- dije y pensé "¿En que creo?"
- Yo no sé bien si creer. ¿Gano algo creyendo?-
- Ganas tanto como pierdes al vivir-
- Pero yo quiero morir, acuérdate que me prometiste morir juntos.- Una promesa más que no he cumplido. Callé. El comprendió mi silencio y calló también. Fue entonces que descubrí que éramos amigos, el silencio no era molesto entre nosotros. Sabíamos callar a tiempo y a des tiempo. Hablar era cuando no queríamos pensar, callábamos para ser.
Nuestro idioma secreto.
Buscábamos entonces tesoros, queríamos lo imposible y nada más, éramos héroes, éramos dioses.
-Quiero ser princesa-
- Se princesa- que lógico que era.
- ¿Me ayudas?- reí con risa fresca.
- No lo dudes- respondió el, que lógico que era.
Abrí mis alas en su busca, quería ser princesa. Entonces, lo vi. Vestía, me avergoncé, yo llegaba desnuda a una cita muchos años tarde. Rió de buena gana. Reí con el.
No preguntó el porque de mi retraso, yo tampoco lo mencioné, era más fácil, siempre será mas fácil el no mencionar lo obvio. Llegaba tarde porque no sabía volar. Tuve que caminar.
Muchos años quedaban atrás. Apenas y conocía su voz. Pero jamás lo olvidé, el por su parte si lo hizo. No lo culpé entonces no lo culpo ahora. El, ahora me recuerda.
Nos vivimos unas horas. Luego moriríamos solos.
Solos al final, solos, lo juro.
Muchos años pasaron y nos volvimos a encontrar.
Sentados, juntos, en una fría acera, de cruel gris, jugamos.
-¿Tú eres católica o no?-
- No, cristiana.-
- Ah! Cierto.-
- Creo en Jesús, no en una institución. Creo…- ¡Creía al fin!- creo que Jesús si se casó con María Magdalena, y que su sangre esta aquí, entre nosotros.-
- Jesús político- rió.
- Jesús en todas partes, Jesús en un loco, Jesús en un padre alcohólico, Jesús en un prisionero… Jesús en dos adolescentes sentados en una fría calle, hablando de él.-
Jesús apareció, lo sentí, y me susurro al oído que ya era hora de arriesgar el todo por todo.
- ¿En que piensas?- preguntó.
- Pienso acaso si una noche, muchos años más tarde, tú también me pensaras.- dije pensativa, casi filosófica. Que típico mío.
- Es muy probable…- calló. Y reconocí en su silencio una promesa que no estaba seguro de poder cumplir. El sabía bien que el tiempo desgastaba y que más temprano que tarde un muro se alzaría entre su casa y la mía. Y no bastaría, entonces, quererse para volver a verse.
Un silencio de cripta, húmedo y hasta fangoso se nos incrusto. Sellaron nuestros labios y escarcharon el pensamiento volátil.
Tomó mi mano. Se estremeció mi cuerpo y entumecieron mis venas. Era un gesto tan repentino, tan poco él. Lo miré, le sonreí, sentí como la sangre de mi cuerpo pintaba mis mejillas. Enternecido por un gesto como ese, acarició mi mano que para entonces ya se perdía en la suya. El era el final y yo talvez un ángel cualquiera, sin gracia, caído. Reconocí entonces mi par de alas rotas. No podía volar. Era entonces y para siempre prisionera. Cuanto tiempo me había tomado descubrirlo. Mucho más de lo necesario, el lo presentía ya, lo adivinaba en sus ojos. Con el tiempo se hizo vidente y ya no quedaban secretos por disimular. Las inútiles magias de un amor, habían de perder todo su encanto en un instante.
El rumor caprichoso de un final cada vez más inminente. Y quizás por primera vez en mi vida tuve miedo. Ese miedo blanco que anuncia la crecida del mar y de sus tormentas. El miedo ancestral de no saber luchar contra el enemigo… el tiempo y sus destiempos. ¿Cómo resolver las distancias con el simple parpadeo de unos ojos bizarramente abiertos? Imposible desafío. Presagios de una extinción.
- ¿En que piensas?- preguntó, había aprendido bien a preguntar y muy tarde a responder.
- En nada- mentí, no sería la primera vez pero aún así, no sé por qué, me sentí culpable. Mentir sobre el pensamiento era algo tan básico como sumar pero me parecía tan incorrecto mentirle al fin, aún sabiendo que él algún día lo descubriría, tendría que hacerlo. Quizás fuese la certeza que aquella mentira no tendría sentido lo que me martirizó.
- Aún tenemos tiempo- anunció seguro.
- ¿Tiempo para qué?- pregunté aún sabiendo la respuesta.
- Tiempo para darle al tiempo, tiempo para olvidar que aún nos queda tiempo para sobrevivir.- Tenía razón. Y hoy lo lamento. Tuvimos tiempo aquella tarde pero nos faltó tanto tiempo después. Tiro y aflojas, el desvío fue más brusco que lo planeado y ahora tan solo recuerdo tu rostro más no lo veo. ¡Mis manos aún recuerdan tu anatomía, tan imperfecta como la mía! Imperfectos seres que juntos vislumbraron un segundo la eternidad más perfecta de una amistad cenicienta y moribunda. ¡La perfección de una muerte por venir! Nada más bello que un cuerpo cayendo en el abismo.
Reí.
Y ya nada recuerdas de la nada que fuimos, si es que alguna vez fuimos. ¿O es que en tu sabiduría el olvido es una ciencia? Quizás la mas exacta de todas, la más humana.
Y no volviste a hablar, callaste, y sentí como me dolía tu nombre en todo el cuerpo.
- Me tengo que ir- anunciaste. Te miré y sonreí. ¿Reconociste en mi sonrisa el adiós prometido? No. Aún creías que podríamos luchar contra nosotros mismos. ¡Que ingenuo! Pero no, no podríamos y finalmente no pudimos.
Sabías para entonces quien eras tú, un trabajo de psicología lo había confirmado, yo en cambio me alejaba, a cada paso, de mi esencia, no sospechaba aún lo que sería, tan poco me importaba entonces. Quizás de haberlo sabido en ese instante, doblando esa esquina, nos hubiéramos mantenido. Pero estaba escrito, de una vez y para siempre, que cumpliríamos esa edad y la autonomía nos engañaría y nos alejaría. Descubriste entonces el peligro de estar vivos. No quise ser yo pero tampoco tú quisiste. Nos perdimos en un mar de presagios y desventuras venideras. Sabíamos bien la tormenta que se avecinaba y no lográbamos tener miedo. La certeza se yuxtapuso a la ansiedad y nos resignamos, frente a frente, a perdernos.
No pude, sin embargo, enfrentar tu perdida. Quizás nunca lo haga. Más no me aflijo, pienso en un pasado viviente, y te tengo para siempre. Te poseo como nadie lo ha hecho, te poseo en el recuerdo más íntimo y clandestino. Te transfórmate en una entraña, creciendo, así, silenciosamente, a la par de mi vida y de la tuya más creciste mío. El cuerpo termina tarde o temprano desvaneciéndose, carcomido por gusanos y olvidado por los demás. Pero el recuerdo… el recuerdo prevalece en el sueño. Y es así como te quedas por siempre conmigo aunque yo desaparezca de tu lado.
¡Al fin eres eterno!
Lo humano, olvide decirte, es lo que yo he hecho de ti en mis cuentos y fantasías. Tú no eres para mi lo que otros ven, ni siquiera lo que tú crees ser, eres el personaje que he querido y he creado… una simple ficción, una sombra… nada más. Pero me basta. Basta con saberte vivo, de la forma que sea, para no perder el aliento o la ilusión. ¿Perderte? No lo haría. ¿Dejarte? Ya lo he hecho. Y entonces no distingo el umbral que nos aleja, la frontera que cruzo o cruzas, hacia la otra orilla.
- Nos vemos antes de lo esperado- prometiste.
- ¿A sí?- pregunté algo confundida. ¿De donde venía tal reflexión sobre un futuro incierto? Tan solo divagamos, nada era real ni permanente, todo se iría con la primavera y sus flores, hasta la próxima primavera. Volvimos a callar. Las palabras no encontraban la salida, el pensamiento se desvanecía. Las mentes atrofiadas por un acto de humanidad. Y ya estábamos frente al barranco prometido. ¿Quién saltaría primero? ¿Quién sería el cobarde en abandonarse, primero? Nos miramos, como si se nos fuera la vida en aquello. Busqué su mano, me la ofreció sin mirar, y con toda la fuerza que encontré, prometí a voz muy baja, casi para no prometer, que juntos saltaríamos, que seríamos los dos o ninguno. Asintió. No quisimos, no pudimos mirar hacia abajo, hacia el futuro. –Uno, dos y tres- cuales niños jugando, saltamos.
Caíamos, nada nos podría proteger. La caída era libre y sin argumentos, caíamos porque presentimos que teníamos que caer…nada más. Porque sí. ¿Y la lógica? No teníamos, ni tú, menos yo. Te dejaste llevar, quizás tan solo me seguiste, quizás yo te seguí a ti, quizás ambos nos seguimos sin saber por qué. Porque te quería. Por miedo a perderte, una vez más.
Y es que, no eras tu mi príncipe azul ni yo tu princesa. Éramos tan solo personajes de una novela singular. Un quijote y un sancho, un sueño y una realidad… nada eterno, no estábamos hechos para perdurar. Y ambos lo sabíamos desde siempre y para siempre. Lo lamento. Este era sin duda el final del que tanto hablaban los libros, de los que solía contarte. El final, eras tú. Y yo, quizás, solo un presagio de un sueño, un mal sueño.
Seguimos nuestros pasos, a destiempo a contra tiempo, al margen del reloj y de sus inútiles minutos. Debíamos de encontrarnos, una vez más y volver a surcar las calles. Lo sabíamos. No éramos eternos pero siempre habría algo que nos llamaría. Habíamos de construir nuestras vida, juntos pero sin tenernos.
Y así fue como una trémula invitación nos reunió. Nos miramos confundidos, sin saber que decir, hacia muchos años ya que no nos veíamos. Quizás nos habíamos olvidado… quizás. Sonreí tímidamente, dolieron mis labios y supiste que hace mucho tiempo que no sonreía. Devolviste la sonrisa y me ofreciste tus brazos.
- Te extrañe-
Callaste. Me miraste, nada más.
Caminábamos nuevamente, siempre habríamos de caminar pero esta vez algo parecía distinto. Esta vez, era yo, sola sin otro nombre que no fuera el tuyo en mis labios, hace tan solo unos días había de terminar una larga relación. Caminantes, caminábamos. De pronto, bajaste los ojos y dijiste asombrado - ¡Mira! Caminamos sincronizados.- Era exacto, por quizás la primera vez nuestros pasos habían de seguirse al mismo ritmo.
¡Habíamos descubierto la magia!
Nos tomamos las manos, muy fuerte, como diciendo "No te vayas". Y continuamos nuestro viaje, por calles primaverales. Esta vez decidiste romper una rutina, y aventurarnos en parques vírgenes, nuevos caminos, nuevas luces. Todo un horizonte se abría expectante, nada sabíamos de lo que vendría, era la exquisita sensación de lo desconocido.
Una tarde de memorias y de mil cuentos. Todo era risas. Éramos mayores entonces, éramos más de lo que habíamos sido antes. Cobijábamos sueños venideros así como la posibilidad del error que esto conlleva. Habíamos, por fin, pisado tierra y sabíamos bien que lo que viniese después de este viaje, habría de ser el camino más definitivo.
Pero mientras durara la tarde, acariciaríamos encuentros y nada más. No hacía falta despertar a la conciencia. Nos bastábamos entonces. ¡La ilusión más perfecta! De ser un momento, nada más.
Frente a tu puerta, esta vez sería yo quien te acompañaría, nos despedimos, sin malos presentimientos, las mentes vacías y los ojos llenos.
- Nos vemos-
Seguramente algún día nos volveríamos a ver.

-¡Despierta!- Todo fue una ilusión.


FIN Y ÁNGEL.