martes, 30 de enero de 2007

La historia de aquella mujer...



Quería aún un segundo para abrir sus ojos, para negar lo evidente, para ser aquello que nadie pensaba sería.
Quería mostrarse sin máscaras ni armaduras, querían la vieran en la esencia más extrema, quizás esperaba de igual manera la quisieran.
Se supo mujer amante mucho antes de conocer las palabras y sus peligros. Y creyó entonces que el tránsito sería templado y seguro.
No sabía que el tiempo no creería en ella con ese fervor con el que se empecino en llenar sus venas.
Nada fue como esperado. Al final, se dice, nada nunca lo es.
¿Por qué esperar aquello que el mundo es incapaz de darnos?
Pero esperó, pero creyó...
No sabía, no nunca supo...
Una noche cualquiera, en ese minuto impreciso y olvidado por todos, vio como sus sueños despertaban para sufrir de insomnio crónico.
El mundo era ese abismo del cual no podría escapar.
No sé si lo aceptó, no sé si entendió o si simplemente se negó.
"Tiene que haber algo más" Se obligó a creer.

Se hiso, por necesidad, una mujer en el desierto.
Mujer por vivir, un desierto por no ver.
Quería vivir y no ver.

Y así vivió, así creyó vivir. Se coronó princesa de un castillo de arena y buscó refugio en la más alta torre. Esperaba acaso aún un príncipe aparecer. Nunca lo sabré.
Vanos fueron los años pero no cedió.

Cuando una mujer decide olvidar, el olvido es irreversible.
Olvidó.
Extirpó recuerdos, señales, esperanzas y en su lugar puso máscaras, imitaciones, ideales.
Nadie nunca le conocería.
Temía demasiado ser herida, una vez más.

Desnuda....

Desnuda de hojas en pleno verano, se encontró una noche tirada en mitad de la calle.
Alguien había de arrancar su armadura de cristal, ver su interior y marcharse.
Abrió los ojos a destiempo, se vio desnuda y contuvo la respiración. Se miró una vez más y esta vez gritó. Gritó con sonido sordo y desde sus entrañas. Nadie la escuchó.
Así la encontré, temblaba, tumbada en mitad de la calle.
Parecía un ángel caído, alguien había de llevarse sus alas.
Quise arroparla, arrancarle el frío de sus huesos pero como una fiera ella me alejó. Vi entonces el miedo en sus ojos bizarramente abiertos. Crisparon sus manos y de su boca vi nacer un demonio.
Rugía dolor y entonces sentí miedo.
Parecía sólo una niña y entendí que la mujer no es por su cuerpo pero por el dolor que en el retiene.
-Alejate, por favor, que vendrán por ti- me dijo, los labios escarlata y la voz deformada.
Intenté responder y me dio la espalda. Seguía en el suelo húmedo, como un feto en el liquido materno.
Se hiso sorda. Yo perdí la voz.

Así la abandoné, así la olvidé....

La mujer del desierto encontró alas en el cemento y supongo se alejó. Yo no la vi...

Me pasa de vez en cuando verla tumbada en el suelo y estremecerme ante la posibilidad de que aún está ahí, temblando.

La habitación

Este es un texto que escribí hace ya más de un año, hoy revisando viejos escritos, divagando con el pasado lo he encontrado.


No pretende ser un gran texto pero creo bien refleja la desilución y la ansiedad que en algún momento sentí.


El mundo no es siempre un jardín un rosa y duele vivir. Somos todos reos en una habitación.











No hablen, que nos escuchan, susurren.
No quiero que nadie se entere, que nadie salga ileso de esta blanca habitación, donde duermen plegadas mis alas.
Ni siquiera Dios, que bien se esta solo y desesperado como yo. Pero no le abran las puertas. Déjenlo errar entre los vivos, no dejarlos vivir, como ellos hicieron con él, mientras vivía.
Callen. Que odio a la felicidad, que me ha quitado lo poco y nada que me hacía feliz. Y ahora rugen mis huesos por venganza. Quiero que el mundo calle para gritar mi desencanto, mi maldición.
Habitantes transitorios de esta habitación, los tomo rehenes, los condeno a leerme sin oír. A que sientan lo húmedo de estas paredes, a que desciendan conmigo en mi viaje dantenesco. Apago las luces. Bienvenidos a la nada. Les habla el personaje que viste de desnudes sus pecados.
Yo que amé, yo que muero en este agotamiento de encender velas a los muertos, que nada podrán venir a reclamarme, yo que vivo ilegalmente, sin papeles, en esta vida de la cual todos se hinchan. Yo y nadie más, les grita, los acurruca de palabras secas en un tintero embotellado.
Ahora bien, reconózcanme, mírense, y luego olviden. Olviden el mundo de gargantas abultadas, la plaga de palomas urbanas, el rebaño de ovejas cabizbajas y conviértanse en lo que yo he sido, parásito de esta fabrica, porque no produzco, porque finalmente no soy rentable, soy loca y me aíslan y me encierran. Ahora yo los aíslo, yo los encierro, yo les grito y yo los creo. Porque solo a los locos, a los ángeles caídos, nos huele la carne de enfermo, nos duelen los huesos vulnerables y nos asechan las flaquezas inhumanas.
No importa si la inercia del mundo los lleva gestar botellas vacías, me importa que en estos cinco segundos de ceguera sufran lo que yo he sufrido. Que duelan los pragmatismos, las imágenes y que le declaren la guerra a la Magia y al acopio de derrotas diarias. Que sientan, lo que yo siento, yo enemiga. Quiero que sepan que, yo, aún a costa del riesgo me niego y no me rendiré jamás. Si se asustan, si sucumben, si miran de arriba a bajo y no Lo ven, no hay problema para entonces ya habrán caído tan bajo que no serán ustedes.
No hablen muy alto, que estoy angustiada, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y a la materia, tantas veces las rodillas hincadas en el suelo. A veces, me cuesta seguir, y aunque me parezca injusto, me empeño en conjurar todos esos humos de mentiras y bocas de ciegos desdentados. Ya no puedo elegir, ustedes tampoco podrán, es Mi deseo. Me hago carcelera de mi prisión, que decido compartir con ustedes. ¡No me miren piadosos! No soy victima, soy Díos.
La misericordia será mía o no será.
Ahora, cierren los ojos, que no quiero me vean. Ustedes que antes jamás habían querido verme, no supliquen lo que ahora les niego, solo porque no quisieron antes. Vuélvanse yo, sientan la indiferencia humana rasgar sus frágiles máscaras de cartón desechable. Como Edipo arranquen sus ojos, porque son culpables. Yo los miraré, piadosa. Yo que también arranqué mis ojos, pero por odio a ver las cicatrices que sus fusiles tatuaron en mi piel.



Ahora, mis yemas sangran, ha sido a su pulso que he construido este castillo, que he forjado esta absurda prisión. Y con su sangre remendaré el elixir perdido. Sacrificados como animales, beberé de sus cálices, me hastiaré de su esencia, me ahogaré en su materia. Succionaré sus vidas para no morir por falta de la mía. Seré Dios, me alimentaré de vidas ajenas para no morir en el olvido y en la falta de existencia. ¡Qué ilusión más perfecta! Yo, un Dios, ustedes, reos.

Callen. No hablen, susurren.

Las puertas se abren, corran, escapen pero no olviden jamás que la prisón más perfecta es aquella que nosotros mismos creamos. Y que no basta sentirse libre para romper las cadenas que con el tiempo hemos forjado, a nuestra exacta medida.

sábado, 27 de enero de 2007

Le désir des choses simples





















Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el
pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes
verdades
o las más grandes mentiras
que me
dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del
mundo
que me quieres mucho
cosas así tan
sencillas tan repetidas





Gioconda Belli









Es un deseo de cosas simples





Es querer una flor cogida de un jardín





un beso antes de dormir





la comida que hacía mi abuela





una tarde de verano; floja y regalona









Es el buscar lo pequeño de la vida





Y ser feliz con aquello....









Entiende





soy pobre





y sólo me basta





un sueño





un beso





para vivir









Quisiera entendieras mi idioma...





No sólo las palabras que conozco pero aquellas que ignoro, aquellas que invento...





Quisiera que me miraras...





Y me vieras...





Desnuda...



cuando

visto...





Descalza





cuando calzo





tacones...





No te pido el mundo, que el mundo no quiero





Quiero simplemente me digas...





Dos palabras









La mentira más grande





Pero quiero que si me la dices tú, sea la verdad más grande









No me importa si soy ciega y no te veo





y no veo si te marchas





o te quedas





No me importa si perdura





o si simplemente marchita





Entiende





Quiero lo simple





Que es tanto más difícil de entregar....









No pretendo te quedes hasta mañana





ni que me llames luego





No quiero promesas





No las busco





Quiero aquello que el mar luego borrará





Quiero tu huella en mi piel





Como la huella en la arena









Quiero..





Amor....





Amor que no es tiempo





Amor que no es promesa





Amor que no es nada





Amor que es...





Amor













Un désir des choses simples













viernes, 26 de enero de 2007

Dejar el pasado atrás



Dejar el pasado atrás...


execivamente atrás...




Necesito olvidar, necesito la cura al pasado y sus abismos, necesito vivir el presente y desligarme del pasado.


Es urgente que mis ojos se vuelquen al exterior.


He vivido colgada de lo que fue, aferrada con uñas y dientes al resplandor benevolente del preterito. Siempre cuidadosa de no olvidar porque el futuro era incierto y el pasado seguro.


Y ¿Qué he ganado? Dime tú, qué he ganado.


Nada, no he avanzado.


No he querido y luego no he sabido avanzar, construír por miedo a destruír lo que el tiempo ya había desechado.


Es una venganza al dolor.




Pero hoy necesito caer, golpiarme en la cabeza y sufrir amnesia.




Porque el pasado no ha dejado que mi cuerpo y más importante aún, mi ser, sean libres.


Las cadenas que yo misma forje hoy estrangulan mi piel, cortan mi circulación y estoy a un paso de la auto destrucción.


El pasado fue un refugio. Alzé un muro y procuré nadie lo franqueara jamás, me hice rea de mis fantasmas.


Pero hoy me niego, hoy grito pero hoy nadie me escucha. Nadie tenía que escucharme, yo misma me asegure que nadie lo hiciera. Pero grito igual pero nadie me escucha.




Así fue, así me perdí.


Dejé todo de lado por no mirar, porque mirar hería mis pupilas. No quisé mirar y así me perdí.


Alguien soltó la cuerda, supongo se canso. No lo culpo.


Caí.


No fue que me hayan dejado caer fue que yo misma no quisé quedarme.


Callé.




El silencio fue el amenazado.




Y así sé que ya no estarás....


No te dije que te quedarás, tampoco dije te fueras...


Y por las palabras calladas entro el dolor.




Yo que no quise sufrir, yo quien se alejó por no herirse... Hoy por no hablar perdí.




El pasado sigue rondando, me asecha y no soy capaz de decirle que ya no le quiero.


El futuro se aleja porque no soy capaz de decirle que le quiero.


Y el presente es esta aritmica palabra que cuelga de la punta de mis labios.




Sólo quiero vivir


Sólo quiero amar


Quiero olvidar todo aquello que no me deja vivir ni amar.






....¿Alguien me escucha?

miércoles, 24 de enero de 2007

Reflexiones de media noche

¿Es acaso posible que en punto, inexacto e inequicovo de nuestras vidas, un simple deseo, la conjunción exacta de palabras y latidos, nos lleve a un futuro del todo desconocido más del cual todo anhelabamos?
Quizás les paresca estupida tal pregunta, estupida si pensamos que el común de la humanidad cree y necesita creer en el libre albedrío.
Pero ¿Qué tan libres somos? O mejor aún ¿Qué tan libres somos capaces de ser, queremos ser?
¿Cúantos de ustedes se sientes capaces de responder, sinceramente, a tales preguntas?
Yo, personalmente, no me siento capacitada aún.
Supongo que depende del día, de la hora, del pretexto adecuado, la respuesta que soy capaz de dar.
A tiempos me siento libre, creo tener la fuerza para ser libre y gritarle al mundo que seré yo quién decida, quién traze el mapa de mi vida, de mis logros, de mis errores. Pero no podría mentir y no decir que a otros me siento una pieza más de un historia escrita hace siglos. Que aveces las puertas que abro y cierro, son las misma puertas que debía cerrar y abrir. Como si el destino fuera esa fuerza mayor que me diera la impresión de elegir lo que siempre fue y tuvo que ser.
¿Qué si me siento menos humana pensando así? Lo dudo.
Una parte de mi grita por su fe en el destino y esa contradicción de elegir para después decir que "todo fue como tenía que ser, que todo llego en el momento preciso, ni un minuto tarde ni uno antes". Y entonces reflexiono sobre la perfección ¿ es acaso posible que la perfección sea esa precisión que sólo un predestinamiento puede otorgar? Si la perfección es esa conjugación exacta de elementos destinados a unirse y formar una simetrica figura, no estamos acaso hablando de que la perfección no es un deselance humano y por lo tanto elegido a conciencia pero el desenlace de una unión precisa, en el momento preciso de los elementos precisos. Es decir la obra de un destino anterior.
Podría hablar de religión, pareciera ser el cauce natural de tanta divagación pero una vez hace ya muchos años alguien me dijo que no hablará jamás de religión o politica en la mesa. Y no sé por qué hoy tales convenciones asaltan mi mente y mi escritura. Quizás porque aún soy parte de un libro de modales y convenciones. Quizás nunca me liberé del todo de esas cadenas familiares.
Quiero creer que lo hice pero esa soy sólo yo.
Tal vez el pasado fue lo que tenía que ser y en esa misma dinamica mi futuro no podrá jamás ser distinto al futuro que mi pasado ya revelaba.
Es como vivir entre rejas.
Y es que claro el pájaro se mueve en su jaula y sin ser del todo libre siente como el espacio de su encierro crece. Yo como ese pájaro he abierto la puerta de la más pequeña de mis jaulas y a medida que avanzaba el espacio de mi encierro crecía y sin entenderlo del todo me sentía más libre aunque las rejas se mostraran incolumes.
Podría escribir versos de ausencia pero en su lugar divago....

Podría volar lejos pero me quedo en tierra...

Podría... y el condicional de pronto mina mis deseos y todo es posible en un futuro, aunque el futuro puede que nunca llegue.

No sé si en algún momento un asalto de claridad me diga lo que quiero me digan, tampoco sé si lo que quiero me digan sera lo que realmente quiero.

¿Cómo saberlo?

Son tán sólo reflexiones de media noche... nada más, nada menos...

Son...

¿Basta?

Siempre.

martes, 23 de enero de 2007

Cuando estás lejos de mi


EL FUTURO


Y se muy bien que no estarás.

No estarás en la calle

en el murmullo que brota de la noche

de los postes de alumbrado,

ni en el gesto de elegir el menú,

ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes

ni en los libros prestados,

ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,

en el destino original de mis palabras,

ni en una cifra telefónica estarás

,o en el color de un par de guanteso una blusa

Me enojaré amor mío sin que sea por ti,

y compraré bombones pero no para ti,

me pararé en la esquina a la que no vendrás

y diré las cosas que sé decir

y comeré las cosas que sé comer

y soñaré los sueños que se sueñan.

Y se muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,

ni allí afuera en ese río de calles y de puentes.

No estarás para nada,

no serás mi recuerdo

y cuando piense en ti

pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti.


Julio Cortazar



Para Abel Nifury

(ese corbobes que una noche de enero de Bahía

me enseño lo que es la eternidad

en un segundo condensado)

jueves, 4 de enero de 2007

Sucede que aveces me canso...






Sucede que aveces me canso






Me canso de escuchar tu nombre



me canso de que cada camino encuentre otro camino






Me cansan mis pies, mis manos



Me cansa la espera y la demora



el retraso y el deseo irreversible de esperarte






Me canso de hablar



y me cansa tu silencio



Me canso de sellar mis labios con encajes de acero



Me canso de mi lengua y de sus caprichos de mujer mimada






Me cansan los cigarros aún por encender






Me canso de buscar



Me cansa la inercia






Ya ven me canso



Y nada puedo hacer



Nada vale cansarse



Pero nada gano al no hacerlo






He decidio aceptar el cansancio y ese gustillo a chocolate negro que deja el cielo cuando intentas alcanzarlo.






Me canso de amar



y más me cansa no amar






No hay caso....



Pero tampoco quiero que lo haya...



Me cansaría









sábado, 30 de diciembre de 2006

Quiero pensar



Quiero pensar que todo será mejor mañana


Quiero pensar que todo lo vivido fue necesario para ser feliz más tarde, quizás, digamos, mañana.


Siento el diezmo caer y golpear mi rostro enjuto


Siento como los años han pasado y las suelas de mis zapatos suspiran cansadas, viejas y con ganas de abandonar el juego.




Sé bien que soy mejor ahora, mejor de lo fuí jamás. Me siento crecer y entender y si no al menos aceptar y luchar por algún día entender.


Entendí el dolor, lo abrazé y muchas noches lo hice tan mío que no distinguí el umbral que cruzo y cruzas hacia la otra orilla.


Es cierto que perdí en el camino, que camine al contra sentido de la menecillas del reloj y que me hice un absurdo en la lógica del camino establecido, todo lo dicho es cierto. Pero ha quedado algo más ¿Cómo podría no haber quedado algo más?




Quedaron las cenizas colmadas en ceniceros, quedaron las copas vacías, quedaron los platos aún por lavar... quedó por siempre el sabor del último sorbo.




Me abandoné a un futuro. Me hice fuerte. Dije adiós y crecí.




Y entonces quiero pensar que aunque el desenlace no fue como previsto fue mejor. Que aunque perdí a un hombre mi corazón sanó y fue capaz de reír y mañana será capaz de amar.


Quiero pensar que aunque ayer mi mejor amiga se marchó, que aunque he quedado sola y aunque me duela su ausencia y me falte tanto su presencia, la volveré a ver. Quiero pensar que Paris no está tan lejos y que en cualquier minuto ella aparecerá por esa puerta y estaremos juntas las dos. Quiero pensar que aunque estemos en dos continentes, alejadas por mares, fechas y distancias seremos capaces de mantenernos. Y aunque su cuerpo falte, ella sabra estar ahí en cada etapa, en cada caída y en cada triunfo. Que aunque falte mi cuerpo, mi escencia sabra llegar a ella y acompañarla en el camino y tenderle mi mano y ayudarla y dormirme a su lado.




Quiero creer que seremos amigas siempre, quiero pensar que lo que construímos juntas sobrevirá al tiempo y sus caprichos.


Quizás juntas seamos eternas.




Mañana sera el último día de un año abrumador, irrepetible y fecundo. Mañana sera el adiós a ésta realidad de antemano conocida y quiero pensar que todo valió la pena.


Que aunque mañana todo abandoné su lugar para dar paso a una realidad nueva e insolita, lo vivido permanecerá por siempre conmigo.




Crecí no hay duda. Doy gracias a quién quiera sea el creador no por hacerme las cosas faciles pero por dificultarlas, no por darme amor pero por quitarmelo y así. Gracias por el tránsito exentrico y por las personas que en el camino encontré y me hicieron la mujer que soy.




Sé que ella, mi amiga, me está escuchando. Sé que ella sabe yo estoy ahí a su lado como ella lo está en este preciso momento. La veo, está a mi lado, está hablando, me ofrece un cigarrillo. La escucho, la veo, la siento... jamás se marchó. Su cuerpo yace en Paris pero su escencia está a mi lado, en mi pecho...


Te quiero y nunca estaremos lejos... estamos a tan sólo 5 minutos de un recuerdo, de una risa, de una lágrima y del más grande de los abrazos.


Te quiero

jueves, 21 de diciembre de 2006

Ahora comenzamos a vivir


Ha pasado ya casi un mes desde que no escribo, desde que aquel hombre me dejo.

Pero fue necesario un tiempo para entender, para aceptar y finalmente para decidirme a ser feliz, sin él.

No fue fácil. El dolor apremiaba y no distinguía razones ni caminos.

Las primeras dos semanas fueron sin dudas las más complicadas, en dónde cada tarde me sentaba a llorar lo que durante el día me obligaba a callar, por dejar saber al mundo y en especial a él que mi corazón estaba destrozado y mi mundo carecía de norte.

Pasado el tiempo, fechas simbolicas asomaban sus pies. Se acercaban días de presión, estabamos a punto de atravesar el umbral de las personas que eramos y de las que seríamos. Y así su presencia iba perdiendo trascendencia, el futuro apremiaba.


Y aún así, en un punto pensé que volver y lo cité y los ojos en el suelo y el corazón en la mano le pedía otra oportunidad. Me miró sin mirarme y me dijo sencillamente que no. En el momento lo acepté y pedí al menos mantener su amistad. El dijo no quería perderme y yo quisé quedarme para verlo crecer, de la forma que fuera.

Y así comenzé una cruzada contra el amor, llevaba el embla de la amistad. Quisé con todo mi ser, ser su amiga, apoyarlo, tomarle la mano, decirle que no estaría solo. Porque en el fondo, al perderme a mi perdía compañia. Jamás fue hombre de muchos amigos, timido y encerrado en su mundo, nadie le conocía como lo hice yo. Y aunque yo tuviese amigos verdaderos, sinceros y que durante este tiempo me demostraron con creces que era querida y que jamás iba a estar sola, yo quería decirle a él que yo sería esa mujer que si no le hacía reír al menos podría llorar con él y sentarme en el suelo hasta que él se sientese capaz de ponerse de pie nuevamente. Le abrí la puerta de mi amistad, le mostre el camino, le entregué las llaves y le hice saber que sólo quería su felicidad.

Él, se alejo de todas formas, cerro la puerta, y se mantuvó al otro lado de la calle. No vió a la mujer que estuvó con él, quién le tomo la mano e intento sostenerlo. Simplemente no quiso aceptar lo que le ofrecí, sé que era poco pero era lo que pude darle.

Y así tras días, minutos, encadenada a él, pensando en él, rogando y luchando sus batallas, curandole las heridas y velando su dormir... me cansé.

El tenerlo en mi vida me cansó y mi dolió a tal punto que el amor había abandonado para siempre mi cuerpo y ni siquiera quedaban las ganas de estar con él.

Así, hace dos noches, cuando volvió una vez más a dejarme sola, cuando yo estaba mal, me vió y se marchó. Así decidí decirle que no lo quería más en vida, que era necesario olvidarlo por completo, que lo que yo le daba él no entendía y lo que él me daba no era lo que yo necesitaba. Y una vez más me dijo que no quería sentir el peso de mi presencia, que a tiempos le ahogaba mi preocupación, mi cariño.

Y fue entonces que me marché, esta vez para siempe, esta vez sin marcha atrás. Yo no pude soportar su inercia. Supongo que vivo con pasión y que doy con pasión amistad, amor, compromiso. Y si él no podía soportarlo pero ni siquiera tuvó el coraje de decirmelo a la cara, entonces amigos míos, yo me voy.


El mundo abre infinitas puertas, sólo tengo que elegir cual seguir, cual abrir, cual obviar, cual mantener entre abierta y cual definitivamente cerrar. Hoy quiero ser feliz, hoy sé que seré la mujer que he soñado ser. No hay imposibles cuando pierdes el miedo y te paras, contra todo pronostico, frente a la vida. Hoy he decidido ser todo lo que he soñado.

Hoy no me duele no tenerlo, hoy su nombre ha abandonado mi cuerpo y su recuerdo permanece ambiguo...


Tenemos todo el tiempo del tiempo para ser lo que queremos ser.


Miro atrás, y antes de alejarme por completo, simplemente sonrío.


lunes, 27 de noviembre de 2006

Se acabó



Hoy lunes como lo había predicho; se acabó.


Él decidió terminar la relación pero no sin antes dejarme en claro que no me amaba, que quizás nunca lo hizo y que apesar de no saber que es lo que quiere tiene claro que no quiere una relación «tan seria» como la que teníamos.


« No quiero sentir el peso inmenso del amor»


Y me pregunto si acaso sabes qué es el amor, supongo que no.


Y estupida, patetica yo mujer que amaba sin sospechar que no la amaban.




Así fue, sin anestesia, directo al corazón.


Y aunque mientras terminabas conmigo, no moví un musculo, me mantuvé estoica, apenas desapareciste rompí a llorar y he sosllozado desde entonces.




Primero el dolor inmenso, la impotencia de amar y de perder, luego la rabia y nuevamente la pena.




Sé que pasará, sé que no tardaré en sanar pero lo que tu te has llevado, lo que yo te he entregado ¿quién me lo va a devolver?




Me siento ultrajada, robada, usada y luego desechada. Me mentiste al decirme « te amo» y culpa la mía de creerte a ojos cerrados.


¿Qué fuí? Una piedra en el camino. ¿ Qué fuiste tu para mi? El universo.


Y el dolor yace en la contradicción infame de amarte y que no me ames, que a mi me destroze y tu salgas sonriente.




Supongo que no te merecías ni un apice de lo que pude darte, que nunca supiste saciar el amor en su totalidad. Y hoy que sentiste miedo, que las cosas no eran color de rosa has huído. Es tanto más fácil.




Me dejaste y aunque el dolor me ciegue, aunque no pueda comer, aunque no cese de llorar sé que es mejor. Que aunque yo hubiese luchado por ti, aunque yo me proyectaba a tu lado, al final tu no serías, como no fuiste hoy, capaz de luchar por mi. Y un tango se baila de a dos. Tu no eras quién yo creía, a quién yo amaba, eras tan sólo un chiquillo asustado, sin idea alguna de lo que es el amor y sin animos de descubrirlo. Me demostraste eras un cobarde.




Ahora me despido yo.


Adios, para siempre.






( Duele, es cierto, pero duele el amor y me consuela saber que he amado y perdido ya que tu no has amado ni perdido)


domingo, 26 de noviembre de 2006

El amor después del amor



Es cierto que el universo suele conspirar para recordarnos aquello que nos empeñamos en olvidar.


No es raro ver como todo cambia de frecuencia y lo invisible se vuelve visible y lo que jamás escuchabamos de pronto es el único sonido que percibimos.


Y así transitamos por nuestro diario vivir conciente de las pequeñeces, de lo obviado y poco transcendente.


Por ejemplo hace unos días mi novio me pidió un tiempo, un receso de nuestra relación; un tiempo para pensar. Como era de esperarse mi mundo se vino abajo y por donde fuera que viera o anduviese su presencia aparecía nitida a mis sentidos. Todo me lo recordaba. Mágicamente la calle se había atestado de modelos iguales a su auto, canciones románticas invadieron cada estación de radio y cada detalle llevaba impreso su nombre, su olor, su todo. Y así no pasaban cinco minutos sin que una lágrima atacará mis ojos.


Es cierto que me dolía el cuerpo, su nombre me dolía. Un hombre me dolía en todo el cuerpo. Y me amenazaban fantasmas en cada rincón, no había un refugio, una salida de tal conspiración.




Por supuesto pensé que moría, que sin él caerían pedazos de mi ser. Pero la realidad me demostró lo contrario. Sobreviví. Es más sobreviviré sin mas problemas.


Hoy me despertó el calor de un noviembre, el reloj marcaba las 7.10 am de un domingo cualquiera. Me extrañé ante tal despertar natural y a tan tempranas horas de la mañana, un domingo. No era algo recurrente en mi, de hecho suelo esperar que el medio día se vuelva amplio y fecundo para entreabrir mis ojos. Soy una convencida que los domingos fueron hechos para dormir, descansar los ojos, el cuerpo y la substancia interior ( alma). Pero hoy fue distinto, quizás no ví de inmediato los presagios de un cambio.


Aunque fueran apenas las 7.10 am el calor penetraba ya por las ventanas cerradas de mi habitación y así me levanté, me sacudí un poco la modorra y me dirigí los pies descalzos a la cocina por un vaso de agua. Me senté en el borde mi cama a observar como el cielo aún no era celeste pero azul intenso con intenciones de claridad. Me sentía a gusto. Había dormido bien y él aún no amenazaba mi despertar, cómodo y flojo. Sentí entonces que su presencia había dejado de ser tan esencial, que finalmente la ausencia había trabajado en mi y ya no le necesitaba con tanto apremio.


Pensé entonces en la frágilidad de su existencia. Aunque claro no puede negar que a tiempos me duele, que sí lo extraño pero la manera en la que lo hago ya no tiene el sesgo de la necesidad a toda costa, ni de la obseción pero más bien el dejo sútil de un bienestar pasado, la benevolencia del pasado en restropectiva.




Así sin más apuros ni angustias dí la bienvenida a un nuevo día. Un domingo clásico dónde mis abuelos paternos, toda la familia reunida, un almuerzo abundante y las risas generosas de los seres queridos. Hoy día en especial agradecí tener estos domingos. Hoy día en particular me deslumbre con la simpleza de sonreír y cómo olvidar, con el gusto de compartir en familia, de sentirse parte de una estructura a base de amor. Agradecí tener la familia que tengo.




Ahora la tarde ya ha caído majestuosa y un frescor acaricia mi piel. Sé que él no llamará hoy, que mañana tendré que enfrentarlo ( es irremediable) y que ya mañana finalmente será el final o quizás el principio. Sea lo que sea me siento preparada, me siento tranquila y conforme.




El amor duele es cierto, pero de amor aún no creo morir.


Y la herida de amor el tiempo cura, estoy segura.




El amor después del amor...


Bienvenido.












viernes, 24 de noviembre de 2006

El quiebre



Y finalmente te llamé, no sé si encontré la fuerza para hacerlo o simplemente la necesidad pudo más.


Y ahí estabamos los dos, dos extraños, al otro lado del telefono...


«Necesitamos un tiempo para pensar» Malditas sean las palabras.


« Hablemos el lunes» Maldito seas lunes que retrasas sin conciencia tu llegada y agudizas la angustia.




Así sucedió, sin si quiera darnos cuenta estabamos frente al barranco prometido.


Supongo estás confundido, me has dicho que no sabes si me amas menos o distintamente. Me has dicho, la voz brusca y galopada, que no sabes, que no sabes, que no sabes. Me ha dolido.




He llorado, querido gritar... Tu amor me duele tanto.


Yo sé te amo, lo sé. Pero no sé si confío en el futuro de nuestra relación. No sé si seras, si seremos capaces de recoger los pedazos de amor y reconstruir una relación.


No sé si tendras las fuerzas, las ganas, la determinación, la certeza de seguir con esto.




Ya sabía yo desde siempre que yo sería para ti simplemente «la primera», un universo se abría expectante ante ti, y yo habría de ser esa primera mujer. En cambio yo, que había vivido tanto antes, había encontrado en ti mi último paradero, sabía desde el primer día que serías tu mi hogar, los brazos en los cuales quería esconderme para siempre, quizás. Pero ¿cómo pedirte a ti me des lo que aún no conoces y yo espero? Tu me has amado como se aman los primeros amores, con dulzura, con asombro pero fugazmente. '


Yo había llegado a ti herida de guerra, azotada por el amor, con una maleta de experiencias y decida, por pasado y conocimiento, que no necesitaba nada más, que serías tu, por mucho tiempo quizás para siempre. Yo supe proyectarme, planear a tu lado. Tu vivías el día a día con el asombro de lo que el amor podía ser, nada más.




Habíamos acordado no hablar, no vernos hasta el lunes. Pero no lo he soportado...


Mis amigas empeñadas en hacerme olvidar me han llevado a una tarde de piscina, de música pero no hubo caso, te seguía pensando, me dolía.


Así abandoné la casa llena de risas, de bikinis, agua y piscosour y junto a dos amigas nos fuimos a caminar por la ciudad a pleno sol.


Encontramos un pequeño café y nos sentamos a conversar de la vida, las amigas, los cambios, los estudios. Te olvidé por un tiempo. Pero al marcharse una de ellas, hemos quedado dos y volviste irremediablemente a mis palabras.




Y ante tantos fantasmas nos hemos encontrado frente a un telefono público, y no pude contenerme y marqué tu numero. Sabías no reconocerías aquel numero y eso me reconfortó, sólo quería escuchar tu voz. « ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló?» Me quedé muda, pero ante el miedo de que cortases sólo dije « te amo» y corté. Sentí mi corazón contraerse espamos tras espamos. Supongo que quisé me llamases a mi celular de vuelta, suponiendo que sabías había sido yo. Pero nada, no llamaste. El silencio rompió mi angustia. Y me sentí tan tonta, tan estupidamente enamorada y tu sin inmutarte, sin si quiera devolverme el llamado al menos para saber si había sido yo. Nada. Tan poco te importó. Dolió.


Quizás es verdad que todo terminó.




Me cuesta aceptar que el único hombre al que he amado realmente no me ame, no al menos como yo creía y quería creer.


Se me acaba el universo. Estoy perdida. Triste, sola. No quiero a nadie, sólo a él pero él no viene ni vendrá. Y esa resignación arde y escose la herida.


Mi celular ha sonado y he corrido a contestar pensado que quizás era él, pero nunca fue él, jamás será él. No lo quiero creer.




Terminó.




Quiero escaparme lejos, tan lejos que nadie nunca más me encuentre. Lejos de sus recuerdos, de la posibilidad de toparmelo en la calle. Lejos. Sencillamente lejos.


He descubierto el anillo que me diste en mi dedo y lo he mirado con dolor. Y con fuerza lo he quitado de mi dedo y guardado en la caja con todos tus recuerdos.


El anillo que prometía amor eterno, que murmuraba un futuro juntos ha abandonado su morada. Ya no vale nada.




Creo estar segura que el lunes todo habrá acabado, lo siento. Ya no me amas y yo he quedado aquí amandote.






Un quiebre.






Te amo. ¿Me escuchas? Me duele. Me dejas y me destrozo.

jueves, 23 de noviembre de 2006

El amor viciado






Más temprano que tarde el amor, ese concepto utopico, ese bello demonio termina por perderse, por arrastrar cansado sus alas y finalmente bajar la guardia.
Es iluso pensar que un «para siempre» pueda guardar algo de verdad en los labios mortales de dos enamorados.
¿Cómo prometer eternidad a quién exala finitud? Imposible desafío, presagios de una extinción.
Quizás me tomó más del tiempo socialmente necesario para comprender la inutilidad de esta empresa. Pero fue tan distinto ese amor, que creí ver algo de eternidad en tí.




El amor, se vicia. Termina siempre por gastarse, es irrevocable. Es su destino.
Y aunque vivir un cuento de hadas siempre es tanto más facil y reconfortante, no podemos obviar que el roce de las suelas contra el asfalto termina siempre por desgastar hasta los zapatos más prometedores.
Perder la inocencia es la toma de conciencia de nuestra mortalidad y los abismos que ésta conlleva.
Perder la inocencia...
Supongo que aún recuerdo el momento en el que de improviso caí en la certeza de un final inexorable. Caminaba con la cadencia de lo cotidiano por calles de siempre, esas que nunca parecen alterar su semblante de cemento y piedra, recorrían mi mente trivialidades y absurdos, nada parecía advertir la presencia de un diluvio inminente.
No supe distinguir el amenazado del amenazante. Y así la inocencia me abandonó, cogió el primer taxi que pasó y ni siquiera tuvó la misericordia de darse vuelta para ver como mi ser había quedado, ahí, varado en medio de la nada, aceptando la muerte por venir. La inocencia se marchó sin más, sin decir adiós, sin besar por última vez mi mejilla sin si quiera arrepentirse. Entonces entendí. Entendí que podía caminar, que podía creer que caminar era obra de mi voluntad, que los atajos serían bienaventurados, que aún quedaban secretos por descubrir pero que todo sería una ilusión. ¡La ilusión más perfecta! El plan de mi Creador era perfecto excepto por ese brusco despertar a la realidad insólita de caminar para morir.



Dolió el cuerpo por su frágilidad, dolió el alma por su inercia...



Me detuvé un momento antes de incorporarme nuevamente a mi tránsito, a mi caminar paulatino. Acepté entonces que todo tendría que morir.






Pero no hace mucho, olvidé aquella lección de vida y me dejé llevar por el dulce murmullo de un amor, de un hombre. Y prometí eternidad, y dí paso a ilusiones y yo misma pensé creer en la veracidad de todo aquello.



Es verdad que por un tiempo todo fue real, el amor era tangible y el final no se perfilaba aún. Creo que fuí inocente, creo que fuí ignorante. Y no lo niego, lo disfruté.



Pero rápidamente el universo arregló las cartas y nuevamente la casa volvía a ganar. Un golpe de suerte es efimero, la casa siempre gana, siempre.



Y como la inoncia había abandonado precipitadamente, silenciosamente la primera vez lo hizo una segunda vez. Y el amor se vició. Y el amor sucumbió. Y nosotros nos perdimos.






¿Un error? Quizás. ¿ Fatal? Lo dudo.






Me dejó en casa, lo besé apenas tocando sus labios, sé que él reconoció ese beso artificial el gusto de la mortalidad. Se alejó, subió al auto y arrancó rápidamente calle arriba, quizás calle abajo, no lo sé. Ninguno de los dos mencionó el final, pero estoy segura que como yo, él está ahora pensado en ello.



No ha llamado, han pasado apenas unas horas. Supongo que tampoco llamará, no sé si mis dedos encuentren el camino correcto para marcar su número y llamarlo. No sé si me apetece escuchar su voz, sobrellevar los silencios y las explicaciones.



Tampoco sé si me duele. Desconozco cómo podría ser mi vida sin él, tampoco sé si quiero vivirla con o sin él...






Sólo sé que el amor se vicia.



¿Será suficiente?






martes, 21 de noviembre de 2006

Apendice ( Instrucciones para sentir volumen I)







Hace unos días que no logro pensar con claridad- retiro lo dicho- hace toda una vida que no puedo pensar, no al menos como otros quieren que piense.


Nunca me he encontrado a gusto en este lugar, en esta esquina. Siempre he sido menos que los demás. Jamás he sentido me entendieran, me siguieran. Muchas veces he jugado yo a entender, a seguir a los demás; jamás he salido victoriosa. Al parecer mi existencia no estaba destinada a crecer entre ellos. Me he coronado extraña, una viajera, un anónimo.


En un punto, en una esquina, alguien me comprendió. Pero ni siquiera él fue capaz de reconocer su entendimiento y si lo hizo no logró entenderlo en su totalidad. Yo había de encontrar al fin a quién, como nos diría Platón, hubiese sido mi exacta mitad, el sexo oculto e incompleto que esperaba fundirse en otro sexo aun más incompleto y oculto.


Pero, ya saben, el objeto de mi deseo no habría de encontrar en este pedazo de carne, el tótem de su vacío. Era sólo yo, quién se vería reflejada en cada gesto. Debo admitirlo, la diferencia nos aisló. Nos perdimos. Al menos el se perdió. Y ya de vuelta a mi eterno viaje, pensaba en día venideros, como si aquello hiciera más fácil mi estadía en tierra. Pero a un ángel sólo pueden cortarle las alas, no su vuelo.



En mi estadía en la tierra de lo mortal he logrado crear lazos, he pensado amar de igual manera y poco a poco me he ido llenando de mortalidad. He sentido miedo. ¡ He sentido! Me he vuelto un poco más humana, un poco más extrajera. Pero no puedo negar mi verdad. Aunque escriba como mujer, no lo soy. Aunque sangre y me duela como humano, no lo soy. He aprendido a disimular, he logrado crear mascaras y adoptado palabras. Algunos me saben distinta, pero igualmente humana. Los he traicionado a todos, sin excepción. Una imagen de mi nombre ronda sus mentes, creen (porque ellos saben creer) que soy como ellos. Yo en cambio, no sé creer, no sé sentir…sólo imito comportamientos, reacciones y sentimientos. ¡Qué desilusión! Sola he descubiertos caminos a mi humanidad sin que esta sea del todo genuina. A tiempos, creen sentir que no soy lo que aparento y solo me dicen distinta. Intentan nombrar (porque ellos necesitan nombres para que sea real) mi ser, pero no alcanzan a entender.


Yo tampoco lo hago. ¿Cómo culparlos?



¿Cómo gritarles culpas que yo misma he trabajado con las yemas de mis dedos?
Nadie huele la carne de mujer enferma al otro lado del salón. Pareciera que sus ojos han quedado ciegos, que sus dedos no tocan, que ni sus pies pisan tierra.
El bar en el cual escribo estas líneas está muriendo con la noche y los ceniceros vacíos.
Pocos son los hombres que rondan aún, aún menos los que beben vino conmigo.
Busco un cigarrillo, para transformar en humo mis frustraciones, con las uñas rojas lo guío a mi boca, aún más roja. Fumo con languidez, con obsesión, estrujando contra mis labios el inerte cigarrillo que ha venido a compensar la falta de amor. La falta de comprensión. La falta de mortalidad.
Falta dolor. Falta obsesión. Falta lo que hace que esta vida sea lo que ha venido a ser; muerte.
He pensado en amar por no desilusionar a mi Creador. Pensado en sufrir para saber que ha valido la pena nacer. Pero el tránsito cotidiano dificulta las lágrimas y no importa si mis ojos son negros y espesos, no hay ojos más oscuros para compensar este anonimato absurdo e inequívoco.
Se busca amor en los callejones mugrientos de la ciudad, se encuentra amor en la esquina de la infancia. Y no importa.
Como aman las mujeres de ojos grandes es como no haber amado nunca, porque jamás llegará otra mujer de ojos más grandes a perderse en otros ojos polvorientos. Y el todo que creíamos ver se hace nada. Le ''néant'' c'est ca, rien de plus.
Entonces, ahora que me ves, que crees verme, sentada en un bar cualquiera, a la hora imprecisa, dime si es que el amor es lo que realmente buscamos. Adivino que no sabrás responderme, porque como yo, aún no sabes que amar es dejarse morir.
He pensado en perderme en este cigarrillo, en la copa vacía, en la barra oscura, en mi vestido ajustado a mi estrecha figura. He pensado.
Entonces una letra tiembla en el fondo del salón, una palabra tiembla en la esquina de esta frase, se acerca el vacío, lo sé.

Aquí espero sentada, quizás la muerte entrar en el bar vestida de
rojo.