sábado, 21 de abril de 2007

Aquí no hay nada, nada suficiente






Entiende que aquí no encontraras nada suficiente
es sólo campo y tierra
Algunas casas orilladas en abruptos precipicios, adobe de vieja historia
Nada más
Aquí se han quedado aquellos que los montes han declarado rehenes.
El mundo acaba aquí
Somos ciudadanos de una tierra exiliada
Huele a tragedia, la tierra ardiente habla de pasados oscuros, de sinos de familias, de mujeres locas, de hombres y cuchillos, de viudas negras, de cuatro paredes...
¿Qué haces aquí? Viajero...
Estás tan lejos de tu tierra...
Aquí estoy, las manos abiertas... no hay nada para ti, no hay nada que ofrecer...
La lluvia no tardará en llegar, lo he escuchado en el magullar de las hojas...
El temblor de los árboles ha susurrado... dime viajero ¿lo has oído tu?
Llevas lodo en tus botas, las manos curtidas y los ojos abandonados... ¿ de dónde vienes?
¿Qué has venido buscando en esta tierra como olvidada por todos?
Algo me quieres decir... Balbuceas y te escucho mas no entiendo.
Viajero hablas otro idioma, otras son tus guerras, otras tus desventuras... ¿Qué has venido a decirme?
No soy buena en aconsejar, nunca supe mucho de la vida yo misma.



Abres enormemente los ojos.... No te entiendo.



¿Qué haces aquí?



¡Vete ya! El mar pronto se turbará, tu barquita podría naufragar. Anda, abandona esta tierra, no te corresponde.



Esta es la tierra de los sin nombres, de los locos... Vete ya.



Nadie sanará tus heridas aquí. No hay corazones, no hay manos, no hay amantes...



Es una tierra baldía, estéril, anónima. No queremos tu nombre aquí.



No hay nada suficiente.



Tus ojos se hacen cada vez más grandes ¿Quién eres?



¿Tienes un nombre, un padre, una madre, una edad? Entonces, vete. Aquí no hay nadie.



No, no soy yo. Yo no puedo.



Al otro lado del cerco me esperan mis propias guerras, mis demonios. No puedo quedarme, no puedo guarecerte.



Aquí no hay nadie.






Esta es la tierra de mis dolores, no son los tuyos. Vete ya.









Y la lluvia comezó, gloriosa



Naufragio.



domingo, 8 de abril de 2007

Desnuda




Siempre supe sería yo una mujer amante, el amor lo conocí antes de conocer las palabras y desde entonces y para siempre le tendría en mis entrañas, creciendo al margen y a la par de mi vida.



Pero lo que sin embargo no sospechaba es que con el tiempo la mujer amante sería una mujer fácil de querer pero imposible de amar.



Lo que nadie supo ver, ni siquiera mis ojos encontraron luz, fue que el alma tortuosa y oscura de la mujer sería lo que a otros asustaría y con el tiempo alejaría.



No fue que yo no supiera amar fue simplemente que como amaba, como amo, nadie entiende.



A una mujer maldita el amor le mira por entre los barrotes de su cárcel.



Porque la muerte viste de mujer y calza tacones de aguja....
La muerte tal vez he sido yo.
Siempre supe jugar el juego del amor, siempre supe sonreír a tiempo y ocultar la esencia negra tras un semblante de ojos bizarramente abiertos.

Nadie sospecho.
A tiempos logré incluso engañar a mis sentidos...
Pero hoy que he despertado desnuda en mitad de la calle entiendo el peligro de mi disfraz.
Porque ayer alguien irrumpió en mi habitación, ayer alguien se invitó a mi claustro y ayer alguien me desvistió.
No recuerdo con exactitud su rostro ni su nombre.
Recuerdo el miedo.El miedo blanco que amenaza con la verdad.
A él lo olvidé.
Él a mi me olvido

Sólo escuché la puerta cerrándose en el instante mismo en el que te ibas.
Nunca entendí que habías venido buscando, si en mi desnudez lo habías encontrado, si pensabas acaso volver...




Supongo que como todos, la verdad callada te asustó.



Ya nunca más le volví a ver...

Nunca su nombre dijo



Supongo que nunca existió.

martes, 27 de marzo de 2007

Era otoño aquella vez...






Era otoño...



¿Recuerdas? Tantas fueron las veces que nos perdimos concientes, nos perdimos...



A tiempos volvías como de un largo viaje y me mirabas desconcertado, apenas entendía yo tus ojos, quizás más que a ti, me costaba reintegrarme a la realidad. Sabías desde antes que no era de este mundo, que jamás estas aceras calzaron mi paso. Solías decirme, entre risas y hojas muertas; " ¿De qué mundo te escapaste? Ya sé que es el otoño que te pone así, pero algo tienen tus ojos, una extraña manera de abrir y cerrar fronteras inimaginables." Yo reía a mandíbula latiente y pensaba en por qué el otoño me perdía de manera tan inequívoca. Bien sabía que caminabas a mi lado pero aun así te olvidaba. Olvidaba todo cuanto era recordable. Un instante bastaba para que las alas que creía rotas, alzarán vuelo majestuosas. Y así me iba de tu lado, de tu realidad de hojas y plumas. Me abandonaba en un viaje insólito e irrepetible. Jamás pude decirte cómo era aquel lugar, ese jardín oscuro, esa boca jadeante, esos muros agobiados de amor y sabanas húmedas. El lecho de hojas muertas hablaba de mundos por conocer, de dioses anacrónicos y sueños caducados. Llegaba, los pies descalzos de materia, los ojos sellados y me lanzaba al abismo crujente de veranos secos y ojos vacíos. Ahí me quedaba, sin tiempo ni espacio, era ser la mujer que soñaba. La complejidad descansaba a mi lado, los tormentos se perdían entre besos de mujeres comprometidas, llenas de abrazos, llenas de mentiras. Tú seguías ahí, casi te podía tocar. Me mirabas, contabas historias fantásticas, hablablas de héroes y heroínas, de tragedias y crepúsculos negros. Tu vida yacía en esa acera gris y húmeda, la mía se había abandonado a parajes irreales. Era como zanbullirze en el agua mansa de tu lengua, en su comodidad.



Cuando dije que me iría, bajaste los ojos y a voz tan baja, casi para no decir, te escuche balbucear " yo iré tras de ti" Pero no sabías acaso que si me iba, que si me perdía, sería precisamente en ti. Aún faltaba tiempo y espacio intermedio. Creías con demasía en el amor y no sabías que amar era aprender a morir.



Y así esperaba yo cada otoño aparecer y en cada otoño enseñarte a morir.



Había una hoja, temblaba. Te dije la llevarás contigo en el temblor del abismo. Callaste. Supe habías entendido.



Y es otra vez otoño....



Te recuerdo ¿sabes? Aún vives en mi, casi como ese primero otoño.



Yo me fui y te perdí. El camino de regreso se había disipado en la bruma y en la lluvia caprichosa.



No te dije adiós pero supongo que en el silencio me escuchaste como yo te escucho a ti ahora.



Fuimos eternos... Aprendimos a morir y cubiertos de cenizas nuestro tiempo se acabó.



Es otoño...



Quizás andes por ahí, quizás te encuentre nuevamente, absorto en el temblor de una hoja.



Hasta entonces...









domingo, 18 de marzo de 2007

Por qué escapo, por qué olvido

Alguien me preguntó: "¿Por qué escapas? ¿Por qué te esfuerzas por olvidar? ¿No te puedes, simplemente, quedar?"
Parecía no entender mi actuar, mis razones, mi vida. Y no lo culpo, imposible desafío aquel.
Es más que evidente para todos aquellos que me conocieron, me conocen o a su debido tiempo me conoceran, que escapo, que no estoy hecha para perdurar.
Entonces asalta el imperdonable "¿Por qué?". Y es que claro, ellos necesitan de razones para aceptar, necesitan nombres para que sea real.
Quizás es innherente a mi esencia la mobilidad. Podría responderles así pero se con demasía que no llegaría jamás a explicarles de tal forma.
Mi vida es la vida de la mujer que soy y de la que quisiera ser. Ésta es mi dualidad y por lo mismo mi propia complejidad.
No soy, sin embargo, lo bastante real como para perdurar. Nada nunca será lo bastante real para esquivar la huída y el olvido.
Es imperativo para mi destruír lo conocido.
No busco lo eterno, de hecho es justamente a aquello a lo que más le temo. Lo eterno, engaña, lo eterno esclaviza y anula.
No diré que es libertad lo que busco en mi insconstante ir y venir, decirlo sería vanidad, sería pretender que lo humano es supremo (y no lo es).
Busco sin embargo caminos y espejos imposibles.
Vivo y muero todos los días. Existo pero han de saber que más temprano que tarde tendré que desaparecer. Lo que el mundo y sus habitantes pueden ofrecerme no es lo que necesito.
Nadie podrás jamás pretender darme aquello de lo que carezco asi que por favor no hinchen sus pechos y se crean mis salvadores, no lo son.
Es cierto que he amado, que he querido amar pero ¿por cuanto tiempo? No por mucho.
Los hombres saben bien herir mi carne mas enmendar lo perdido, no saben.
No me conocen; yo no he querido que lo hagan pero tampoco podrán. No saben, no pueden...jamás sabrán, jamás podrán. Son limitados, periodicos, lo siento.
Y quizás en mi tránsito he jugado a que me entiende pero ,desengañense, ha sido sóla y
únicamente por no desilucionarnos más.
Hace no mucho tiempo existió, como siempre han existido, un hombre en el cual vi un deseo profundo y sincero por conocerme y hasta cierto punto le entre abrí mis puertas. Pude ver su contento y su gloria de creerse conocedor de una esencia oculta. Pero llego ese punto, impreciso, en el que lo tuve que dejar, tuve que olvidarlo. ¿Por qué? Porque su ilusión era tamaña y peligrosa, no para mi, pero para él. Claro que las razones que le dí, el por qué lo dejaba no eran éstas que hoy expongo. Pero en el fondo lo abandoné porque habíamos llegado a callejón sin salida. Yo no podía ofrecerle nada más ni él a mi.
Él quizo ser mi amigo. Pero no sabía que yo no necesitaba su amistad, porque en ningún caso él podía darme lo que yo necesitaba. Fue sólo saciarle su deseo por saber de mi lo que permití y en lo que se basó nuestra relación.
Hoy por hoy entiendo su perdida mas en ningún caso me ha dolido. No porque no me duelan los detalles pero porque mi vida busca un desenlace mayor y mantenerlo a mi lado sólo podía cerrarme caminos y empequeñecer mi mundo.
El olvido fue rápido y no quedaron marcas. El tiempo compartido fue minimo y casi una quimera.
Yo jamás lo conocí y así el olvido tenía calle abierta para extirpar pequeños y ambiguos recuerdos.
No me faltaron sus gestos, ni su esencia pues nunca los tuve, nunca los conocí.
Nuestra relación fue unilateral jamás simetrica.
Él obtuvó en cierta medida lo que buscaba, yo le di lo que pude darle.
No me aferro a las cosas, el pasado que antes me protegía del dolor llego un momento en dónde me causaba dolor y entonces tuve que desligarme, olvidar.
Lo que puede parecer un acto de egoismo no es sino un acto sordo por en un futuro inmediato ser mejor.
Si no escuche sus palabras, sino vi sus deseos fue porque en mi algo gritaba más fuerte. Y antes de entregar dicha, tenía que yo misma encontrar mi dicha.
No es que él no me importe, osea ya no, pero antes, fue simplemente que su dolor no encontraría balsamo alguno en mi dolor.
Fue mi decisión. Mañana será la suya.
Fue mi tiempo, mañana será su tiempo.
Hoy renací.

viernes, 2 de febrero de 2007

Dialogo inconcluso entre un ángel y un fin o Intento de monologo imaginario



Este es uno de mis pequeños tesoros.


Es un intento de cuento, basado en una relación muy especial para mi. En dónde fui un ángel y en dónde él fue un fin.


Data del 2005 y aún hoy lo leo y mi piel se eriza...








Intentábamos hablar, aunque fuera una vez, una última vez, sin morir en el intento.
-¿Cuando mueres tú?- preguntó con esa voz que arrastraba trozos de azúcar.
- Creo que todos los días- cerré mis labios para no gritar.
- Yo quiero morir también.- susurró.
- ¡Ven! Muramos juntos.- exclamé, empapada de extraña certitud.
Y así, nos tomamos las manos, la suya guardó la mía, y corrimos calle abajo. El cemento húmedo amortiguaba cada paso, cada paso más cerca de la muerte. ¡Que ingenuos que éramos! Queríamos morir un momento y vivir lo que nos quedará del día. Quizás lo lográramos, pero la voz de una madre enojada, pudo más que nuestros sueños. No logramos morir un momento. Lo siento.
La calle recuperó su halo de cementerio abandonado. Y nosotros, niños, perdimos la risa de una calle primaveral.
La vida a la vuelta de la esquina.
No queríamos creer, queríamos saber, queríamos ser.
-¿En que crees tú?- me pregunto una noche última.
- No lo sé, pero creo, me basta creer.- dije y pensé "¿En que creo?"
- Yo no sé bien si creer. ¿Gano algo creyendo?-
- Ganas tanto como pierdes al vivir-
- Pero yo quiero morir, acuérdate que me prometiste morir juntos.- Una promesa más que no he cumplido. Callé. El comprendió mi silencio y calló también. Fue entonces que descubrí que éramos amigos, el silencio no era molesto entre nosotros. Sabíamos callar a tiempo y a des tiempo. Hablar era cuando no queríamos pensar, callábamos para ser.
Nuestro idioma secreto.
Buscábamos entonces tesoros, queríamos lo imposible y nada más, éramos héroes, éramos dioses.
-Quiero ser princesa-
- Se princesa- que lógico que era.
- ¿Me ayudas?- reí con risa fresca.
- No lo dudes- respondió el, que lógico que era.
Abrí mis alas en su busca, quería ser princesa. Entonces, lo vi. Vestía, me avergoncé, yo llegaba desnuda a una cita muchos años tarde. Rió de buena gana. Reí con el.
No preguntó el porque de mi retraso, yo tampoco lo mencioné, era más fácil, siempre será mas fácil el no mencionar lo obvio. Llegaba tarde porque no sabía volar. Tuve que caminar.
Muchos años quedaban atrás. Apenas y conocía su voz. Pero jamás lo olvidé, el por su parte si lo hizo. No lo culpé entonces no lo culpo ahora. El, ahora me recuerda.
Nos vivimos unas horas. Luego moriríamos solos.
Solos al final, solos, lo juro.
Muchos años pasaron y nos volvimos a encontrar.
Sentados, juntos, en una fría acera, de cruel gris, jugamos.
-¿Tú eres católica o no?-
- No, cristiana.-
- Ah! Cierto.-
- Creo en Jesús, no en una institución. Creo…- ¡Creía al fin!- creo que Jesús si se casó con María Magdalena, y que su sangre esta aquí, entre nosotros.-
- Jesús político- rió.
- Jesús en todas partes, Jesús en un loco, Jesús en un padre alcohólico, Jesús en un prisionero… Jesús en dos adolescentes sentados en una fría calle, hablando de él.-
Jesús apareció, lo sentí, y me susurro al oído que ya era hora de arriesgar el todo por todo.
- ¿En que piensas?- preguntó.
- Pienso acaso si una noche, muchos años más tarde, tú también me pensaras.- dije pensativa, casi filosófica. Que típico mío.
- Es muy probable…- calló. Y reconocí en su silencio una promesa que no estaba seguro de poder cumplir. El sabía bien que el tiempo desgastaba y que más temprano que tarde un muro se alzaría entre su casa y la mía. Y no bastaría, entonces, quererse para volver a verse.
Un silencio de cripta, húmedo y hasta fangoso se nos incrusto. Sellaron nuestros labios y escarcharon el pensamiento volátil.
Tomó mi mano. Se estremeció mi cuerpo y entumecieron mis venas. Era un gesto tan repentino, tan poco él. Lo miré, le sonreí, sentí como la sangre de mi cuerpo pintaba mis mejillas. Enternecido por un gesto como ese, acarició mi mano que para entonces ya se perdía en la suya. El era el final y yo talvez un ángel cualquiera, sin gracia, caído. Reconocí entonces mi par de alas rotas. No podía volar. Era entonces y para siempre prisionera. Cuanto tiempo me había tomado descubrirlo. Mucho más de lo necesario, el lo presentía ya, lo adivinaba en sus ojos. Con el tiempo se hizo vidente y ya no quedaban secretos por disimular. Las inútiles magias de un amor, habían de perder todo su encanto en un instante.
El rumor caprichoso de un final cada vez más inminente. Y quizás por primera vez en mi vida tuve miedo. Ese miedo blanco que anuncia la crecida del mar y de sus tormentas. El miedo ancestral de no saber luchar contra el enemigo… el tiempo y sus destiempos. ¿Cómo resolver las distancias con el simple parpadeo de unos ojos bizarramente abiertos? Imposible desafío. Presagios de una extinción.
- ¿En que piensas?- preguntó, había aprendido bien a preguntar y muy tarde a responder.
- En nada- mentí, no sería la primera vez pero aún así, no sé por qué, me sentí culpable. Mentir sobre el pensamiento era algo tan básico como sumar pero me parecía tan incorrecto mentirle al fin, aún sabiendo que él algún día lo descubriría, tendría que hacerlo. Quizás fuese la certeza que aquella mentira no tendría sentido lo que me martirizó.
- Aún tenemos tiempo- anunció seguro.
- ¿Tiempo para qué?- pregunté aún sabiendo la respuesta.
- Tiempo para darle al tiempo, tiempo para olvidar que aún nos queda tiempo para sobrevivir.- Tenía razón. Y hoy lo lamento. Tuvimos tiempo aquella tarde pero nos faltó tanto tiempo después. Tiro y aflojas, el desvío fue más brusco que lo planeado y ahora tan solo recuerdo tu rostro más no lo veo. ¡Mis manos aún recuerdan tu anatomía, tan imperfecta como la mía! Imperfectos seres que juntos vislumbraron un segundo la eternidad más perfecta de una amistad cenicienta y moribunda. ¡La perfección de una muerte por venir! Nada más bello que un cuerpo cayendo en el abismo.
Reí.
Y ya nada recuerdas de la nada que fuimos, si es que alguna vez fuimos. ¿O es que en tu sabiduría el olvido es una ciencia? Quizás la mas exacta de todas, la más humana.
Y no volviste a hablar, callaste, y sentí como me dolía tu nombre en todo el cuerpo.
- Me tengo que ir- anunciaste. Te miré y sonreí. ¿Reconociste en mi sonrisa el adiós prometido? No. Aún creías que podríamos luchar contra nosotros mismos. ¡Que ingenuo! Pero no, no podríamos y finalmente no pudimos.
Sabías para entonces quien eras tú, un trabajo de psicología lo había confirmado, yo en cambio me alejaba, a cada paso, de mi esencia, no sospechaba aún lo que sería, tan poco me importaba entonces. Quizás de haberlo sabido en ese instante, doblando esa esquina, nos hubiéramos mantenido. Pero estaba escrito, de una vez y para siempre, que cumpliríamos esa edad y la autonomía nos engañaría y nos alejaría. Descubriste entonces el peligro de estar vivos. No quise ser yo pero tampoco tú quisiste. Nos perdimos en un mar de presagios y desventuras venideras. Sabíamos bien la tormenta que se avecinaba y no lográbamos tener miedo. La certeza se yuxtapuso a la ansiedad y nos resignamos, frente a frente, a perdernos.
No pude, sin embargo, enfrentar tu perdida. Quizás nunca lo haga. Más no me aflijo, pienso en un pasado viviente, y te tengo para siempre. Te poseo como nadie lo ha hecho, te poseo en el recuerdo más íntimo y clandestino. Te transfórmate en una entraña, creciendo, así, silenciosamente, a la par de mi vida y de la tuya más creciste mío. El cuerpo termina tarde o temprano desvaneciéndose, carcomido por gusanos y olvidado por los demás. Pero el recuerdo… el recuerdo prevalece en el sueño. Y es así como te quedas por siempre conmigo aunque yo desaparezca de tu lado.
¡Al fin eres eterno!
Lo humano, olvide decirte, es lo que yo he hecho de ti en mis cuentos y fantasías. Tú no eres para mi lo que otros ven, ni siquiera lo que tú crees ser, eres el personaje que he querido y he creado… una simple ficción, una sombra… nada más. Pero me basta. Basta con saberte vivo, de la forma que sea, para no perder el aliento o la ilusión. ¿Perderte? No lo haría. ¿Dejarte? Ya lo he hecho. Y entonces no distingo el umbral que nos aleja, la frontera que cruzo o cruzas, hacia la otra orilla.
- Nos vemos antes de lo esperado- prometiste.
- ¿A sí?- pregunté algo confundida. ¿De donde venía tal reflexión sobre un futuro incierto? Tan solo divagamos, nada era real ni permanente, todo se iría con la primavera y sus flores, hasta la próxima primavera. Volvimos a callar. Las palabras no encontraban la salida, el pensamiento se desvanecía. Las mentes atrofiadas por un acto de humanidad. Y ya estábamos frente al barranco prometido. ¿Quién saltaría primero? ¿Quién sería el cobarde en abandonarse, primero? Nos miramos, como si se nos fuera la vida en aquello. Busqué su mano, me la ofreció sin mirar, y con toda la fuerza que encontré, prometí a voz muy baja, casi para no prometer, que juntos saltaríamos, que seríamos los dos o ninguno. Asintió. No quisimos, no pudimos mirar hacia abajo, hacia el futuro. –Uno, dos y tres- cuales niños jugando, saltamos.
Caíamos, nada nos podría proteger. La caída era libre y sin argumentos, caíamos porque presentimos que teníamos que caer…nada más. Porque sí. ¿Y la lógica? No teníamos, ni tú, menos yo. Te dejaste llevar, quizás tan solo me seguiste, quizás yo te seguí a ti, quizás ambos nos seguimos sin saber por qué. Porque te quería. Por miedo a perderte, una vez más.
Y es que, no eras tu mi príncipe azul ni yo tu princesa. Éramos tan solo personajes de una novela singular. Un quijote y un sancho, un sueño y una realidad… nada eterno, no estábamos hechos para perdurar. Y ambos lo sabíamos desde siempre y para siempre. Lo lamento. Este era sin duda el final del que tanto hablaban los libros, de los que solía contarte. El final, eras tú. Y yo, quizás, solo un presagio de un sueño, un mal sueño.
Seguimos nuestros pasos, a destiempo a contra tiempo, al margen del reloj y de sus inútiles minutos. Debíamos de encontrarnos, una vez más y volver a surcar las calles. Lo sabíamos. No éramos eternos pero siempre habría algo que nos llamaría. Habíamos de construir nuestras vida, juntos pero sin tenernos.
Y así fue como una trémula invitación nos reunió. Nos miramos confundidos, sin saber que decir, hacia muchos años ya que no nos veíamos. Quizás nos habíamos olvidado… quizás. Sonreí tímidamente, dolieron mis labios y supiste que hace mucho tiempo que no sonreía. Devolviste la sonrisa y me ofreciste tus brazos.
- Te extrañe-
Callaste. Me miraste, nada más.
Caminábamos nuevamente, siempre habríamos de caminar pero esta vez algo parecía distinto. Esta vez, era yo, sola sin otro nombre que no fuera el tuyo en mis labios, hace tan solo unos días había de terminar una larga relación. Caminantes, caminábamos. De pronto, bajaste los ojos y dijiste asombrado - ¡Mira! Caminamos sincronizados.- Era exacto, por quizás la primera vez nuestros pasos habían de seguirse al mismo ritmo.
¡Habíamos descubierto la magia!
Nos tomamos las manos, muy fuerte, como diciendo "No te vayas". Y continuamos nuestro viaje, por calles primaverales. Esta vez decidiste romper una rutina, y aventurarnos en parques vírgenes, nuevos caminos, nuevas luces. Todo un horizonte se abría expectante, nada sabíamos de lo que vendría, era la exquisita sensación de lo desconocido.
Una tarde de memorias y de mil cuentos. Todo era risas. Éramos mayores entonces, éramos más de lo que habíamos sido antes. Cobijábamos sueños venideros así como la posibilidad del error que esto conlleva. Habíamos, por fin, pisado tierra y sabíamos bien que lo que viniese después de este viaje, habría de ser el camino más definitivo.
Pero mientras durara la tarde, acariciaríamos encuentros y nada más. No hacía falta despertar a la conciencia. Nos bastábamos entonces. ¡La ilusión más perfecta! De ser un momento, nada más.
Frente a tu puerta, esta vez sería yo quien te acompañaría, nos despedimos, sin malos presentimientos, las mentes vacías y los ojos llenos.
- Nos vemos-
Seguramente algún día nos volveríamos a ver.

-¡Despierta!- Todo fue una ilusión.


FIN Y ÁNGEL.

martes, 30 de enero de 2007

La historia de aquella mujer...



Quería aún un segundo para abrir sus ojos, para negar lo evidente, para ser aquello que nadie pensaba sería.
Quería mostrarse sin máscaras ni armaduras, querían la vieran en la esencia más extrema, quizás esperaba de igual manera la quisieran.
Se supo mujer amante mucho antes de conocer las palabras y sus peligros. Y creyó entonces que el tránsito sería templado y seguro.
No sabía que el tiempo no creería en ella con ese fervor con el que se empecino en llenar sus venas.
Nada fue como esperado. Al final, se dice, nada nunca lo es.
¿Por qué esperar aquello que el mundo es incapaz de darnos?
Pero esperó, pero creyó...
No sabía, no nunca supo...
Una noche cualquiera, en ese minuto impreciso y olvidado por todos, vio como sus sueños despertaban para sufrir de insomnio crónico.
El mundo era ese abismo del cual no podría escapar.
No sé si lo aceptó, no sé si entendió o si simplemente se negó.
"Tiene que haber algo más" Se obligó a creer.

Se hiso, por necesidad, una mujer en el desierto.
Mujer por vivir, un desierto por no ver.
Quería vivir y no ver.

Y así vivió, así creyó vivir. Se coronó princesa de un castillo de arena y buscó refugio en la más alta torre. Esperaba acaso aún un príncipe aparecer. Nunca lo sabré.
Vanos fueron los años pero no cedió.

Cuando una mujer decide olvidar, el olvido es irreversible.
Olvidó.
Extirpó recuerdos, señales, esperanzas y en su lugar puso máscaras, imitaciones, ideales.
Nadie nunca le conocería.
Temía demasiado ser herida, una vez más.

Desnuda....

Desnuda de hojas en pleno verano, se encontró una noche tirada en mitad de la calle.
Alguien había de arrancar su armadura de cristal, ver su interior y marcharse.
Abrió los ojos a destiempo, se vio desnuda y contuvo la respiración. Se miró una vez más y esta vez gritó. Gritó con sonido sordo y desde sus entrañas. Nadie la escuchó.
Así la encontré, temblaba, tumbada en mitad de la calle.
Parecía un ángel caído, alguien había de llevarse sus alas.
Quise arroparla, arrancarle el frío de sus huesos pero como una fiera ella me alejó. Vi entonces el miedo en sus ojos bizarramente abiertos. Crisparon sus manos y de su boca vi nacer un demonio.
Rugía dolor y entonces sentí miedo.
Parecía sólo una niña y entendí que la mujer no es por su cuerpo pero por el dolor que en el retiene.
-Alejate, por favor, que vendrán por ti- me dijo, los labios escarlata y la voz deformada.
Intenté responder y me dio la espalda. Seguía en el suelo húmedo, como un feto en el liquido materno.
Se hiso sorda. Yo perdí la voz.

Así la abandoné, así la olvidé....

La mujer del desierto encontró alas en el cemento y supongo se alejó. Yo no la vi...

Me pasa de vez en cuando verla tumbada en el suelo y estremecerme ante la posibilidad de que aún está ahí, temblando.

La habitación

Este es un texto que escribí hace ya más de un año, hoy revisando viejos escritos, divagando con el pasado lo he encontrado.


No pretende ser un gran texto pero creo bien refleja la desilución y la ansiedad que en algún momento sentí.


El mundo no es siempre un jardín un rosa y duele vivir. Somos todos reos en una habitación.











No hablen, que nos escuchan, susurren.
No quiero que nadie se entere, que nadie salga ileso de esta blanca habitación, donde duermen plegadas mis alas.
Ni siquiera Dios, que bien se esta solo y desesperado como yo. Pero no le abran las puertas. Déjenlo errar entre los vivos, no dejarlos vivir, como ellos hicieron con él, mientras vivía.
Callen. Que odio a la felicidad, que me ha quitado lo poco y nada que me hacía feliz. Y ahora rugen mis huesos por venganza. Quiero que el mundo calle para gritar mi desencanto, mi maldición.
Habitantes transitorios de esta habitación, los tomo rehenes, los condeno a leerme sin oír. A que sientan lo húmedo de estas paredes, a que desciendan conmigo en mi viaje dantenesco. Apago las luces. Bienvenidos a la nada. Les habla el personaje que viste de desnudes sus pecados.
Yo que amé, yo que muero en este agotamiento de encender velas a los muertos, que nada podrán venir a reclamarme, yo que vivo ilegalmente, sin papeles, en esta vida de la cual todos se hinchan. Yo y nadie más, les grita, los acurruca de palabras secas en un tintero embotellado.
Ahora bien, reconózcanme, mírense, y luego olviden. Olviden el mundo de gargantas abultadas, la plaga de palomas urbanas, el rebaño de ovejas cabizbajas y conviértanse en lo que yo he sido, parásito de esta fabrica, porque no produzco, porque finalmente no soy rentable, soy loca y me aíslan y me encierran. Ahora yo los aíslo, yo los encierro, yo les grito y yo los creo. Porque solo a los locos, a los ángeles caídos, nos huele la carne de enfermo, nos duelen los huesos vulnerables y nos asechan las flaquezas inhumanas.
No importa si la inercia del mundo los lleva gestar botellas vacías, me importa que en estos cinco segundos de ceguera sufran lo que yo he sufrido. Que duelan los pragmatismos, las imágenes y que le declaren la guerra a la Magia y al acopio de derrotas diarias. Que sientan, lo que yo siento, yo enemiga. Quiero que sepan que, yo, aún a costa del riesgo me niego y no me rendiré jamás. Si se asustan, si sucumben, si miran de arriba a bajo y no Lo ven, no hay problema para entonces ya habrán caído tan bajo que no serán ustedes.
No hablen muy alto, que estoy angustiada, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y a la materia, tantas veces las rodillas hincadas en el suelo. A veces, me cuesta seguir, y aunque me parezca injusto, me empeño en conjurar todos esos humos de mentiras y bocas de ciegos desdentados. Ya no puedo elegir, ustedes tampoco podrán, es Mi deseo. Me hago carcelera de mi prisión, que decido compartir con ustedes. ¡No me miren piadosos! No soy victima, soy Díos.
La misericordia será mía o no será.
Ahora, cierren los ojos, que no quiero me vean. Ustedes que antes jamás habían querido verme, no supliquen lo que ahora les niego, solo porque no quisieron antes. Vuélvanse yo, sientan la indiferencia humana rasgar sus frágiles máscaras de cartón desechable. Como Edipo arranquen sus ojos, porque son culpables. Yo los miraré, piadosa. Yo que también arranqué mis ojos, pero por odio a ver las cicatrices que sus fusiles tatuaron en mi piel.



Ahora, mis yemas sangran, ha sido a su pulso que he construido este castillo, que he forjado esta absurda prisión. Y con su sangre remendaré el elixir perdido. Sacrificados como animales, beberé de sus cálices, me hastiaré de su esencia, me ahogaré en su materia. Succionaré sus vidas para no morir por falta de la mía. Seré Dios, me alimentaré de vidas ajenas para no morir en el olvido y en la falta de existencia. ¡Qué ilusión más perfecta! Yo, un Dios, ustedes, reos.

Callen. No hablen, susurren.

Las puertas se abren, corran, escapen pero no olviden jamás que la prisón más perfecta es aquella que nosotros mismos creamos. Y que no basta sentirse libre para romper las cadenas que con el tiempo hemos forjado, a nuestra exacta medida.

sábado, 27 de enero de 2007

Le désir des choses simples





















Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el
pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes
verdades
o las más grandes mentiras
que me
dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del
mundo
que me quieres mucho
cosas así tan
sencillas tan repetidas





Gioconda Belli









Es un deseo de cosas simples





Es querer una flor cogida de un jardín





un beso antes de dormir





la comida que hacía mi abuela





una tarde de verano; floja y regalona









Es el buscar lo pequeño de la vida





Y ser feliz con aquello....









Entiende





soy pobre





y sólo me basta





un sueño





un beso





para vivir









Quisiera entendieras mi idioma...





No sólo las palabras que conozco pero aquellas que ignoro, aquellas que invento...





Quisiera que me miraras...





Y me vieras...





Desnuda...



cuando

visto...





Descalza





cuando calzo





tacones...





No te pido el mundo, que el mundo no quiero





Quiero simplemente me digas...





Dos palabras









La mentira más grande





Pero quiero que si me la dices tú, sea la verdad más grande









No me importa si soy ciega y no te veo





y no veo si te marchas





o te quedas





No me importa si perdura





o si simplemente marchita





Entiende





Quiero lo simple





Que es tanto más difícil de entregar....









No pretendo te quedes hasta mañana





ni que me llames luego





No quiero promesas





No las busco





Quiero aquello que el mar luego borrará





Quiero tu huella en mi piel





Como la huella en la arena









Quiero..





Amor....





Amor que no es tiempo





Amor que no es promesa





Amor que no es nada





Amor que es...





Amor













Un désir des choses simples













viernes, 26 de enero de 2007

Dejar el pasado atrás



Dejar el pasado atrás...


execivamente atrás...




Necesito olvidar, necesito la cura al pasado y sus abismos, necesito vivir el presente y desligarme del pasado.


Es urgente que mis ojos se vuelquen al exterior.


He vivido colgada de lo que fue, aferrada con uñas y dientes al resplandor benevolente del preterito. Siempre cuidadosa de no olvidar porque el futuro era incierto y el pasado seguro.


Y ¿Qué he ganado? Dime tú, qué he ganado.


Nada, no he avanzado.


No he querido y luego no he sabido avanzar, construír por miedo a destruír lo que el tiempo ya había desechado.


Es una venganza al dolor.




Pero hoy necesito caer, golpiarme en la cabeza y sufrir amnesia.




Porque el pasado no ha dejado que mi cuerpo y más importante aún, mi ser, sean libres.


Las cadenas que yo misma forje hoy estrangulan mi piel, cortan mi circulación y estoy a un paso de la auto destrucción.


El pasado fue un refugio. Alzé un muro y procuré nadie lo franqueara jamás, me hice rea de mis fantasmas.


Pero hoy me niego, hoy grito pero hoy nadie me escucha. Nadie tenía que escucharme, yo misma me asegure que nadie lo hiciera. Pero grito igual pero nadie me escucha.




Así fue, así me perdí.


Dejé todo de lado por no mirar, porque mirar hería mis pupilas. No quisé mirar y así me perdí.


Alguien soltó la cuerda, supongo se canso. No lo culpo.


Caí.


No fue que me hayan dejado caer fue que yo misma no quisé quedarme.


Callé.




El silencio fue el amenazado.




Y así sé que ya no estarás....


No te dije que te quedarás, tampoco dije te fueras...


Y por las palabras calladas entro el dolor.




Yo que no quise sufrir, yo quien se alejó por no herirse... Hoy por no hablar perdí.




El pasado sigue rondando, me asecha y no soy capaz de decirle que ya no le quiero.


El futuro se aleja porque no soy capaz de decirle que le quiero.


Y el presente es esta aritmica palabra que cuelga de la punta de mis labios.




Sólo quiero vivir


Sólo quiero amar


Quiero olvidar todo aquello que no me deja vivir ni amar.






....¿Alguien me escucha?

miércoles, 24 de enero de 2007

Reflexiones de media noche

¿Es acaso posible que en punto, inexacto e inequicovo de nuestras vidas, un simple deseo, la conjunción exacta de palabras y latidos, nos lleve a un futuro del todo desconocido más del cual todo anhelabamos?
Quizás les paresca estupida tal pregunta, estupida si pensamos que el común de la humanidad cree y necesita creer en el libre albedrío.
Pero ¿Qué tan libres somos? O mejor aún ¿Qué tan libres somos capaces de ser, queremos ser?
¿Cúantos de ustedes se sientes capaces de responder, sinceramente, a tales preguntas?
Yo, personalmente, no me siento capacitada aún.
Supongo que depende del día, de la hora, del pretexto adecuado, la respuesta que soy capaz de dar.
A tiempos me siento libre, creo tener la fuerza para ser libre y gritarle al mundo que seré yo quién decida, quién traze el mapa de mi vida, de mis logros, de mis errores. Pero no podría mentir y no decir que a otros me siento una pieza más de un historia escrita hace siglos. Que aveces las puertas que abro y cierro, son las misma puertas que debía cerrar y abrir. Como si el destino fuera esa fuerza mayor que me diera la impresión de elegir lo que siempre fue y tuvo que ser.
¿Qué si me siento menos humana pensando así? Lo dudo.
Una parte de mi grita por su fe en el destino y esa contradicción de elegir para después decir que "todo fue como tenía que ser, que todo llego en el momento preciso, ni un minuto tarde ni uno antes". Y entonces reflexiono sobre la perfección ¿ es acaso posible que la perfección sea esa precisión que sólo un predestinamiento puede otorgar? Si la perfección es esa conjugación exacta de elementos destinados a unirse y formar una simetrica figura, no estamos acaso hablando de que la perfección no es un deselance humano y por lo tanto elegido a conciencia pero el desenlace de una unión precisa, en el momento preciso de los elementos precisos. Es decir la obra de un destino anterior.
Podría hablar de religión, pareciera ser el cauce natural de tanta divagación pero una vez hace ya muchos años alguien me dijo que no hablará jamás de religión o politica en la mesa. Y no sé por qué hoy tales convenciones asaltan mi mente y mi escritura. Quizás porque aún soy parte de un libro de modales y convenciones. Quizás nunca me liberé del todo de esas cadenas familiares.
Quiero creer que lo hice pero esa soy sólo yo.
Tal vez el pasado fue lo que tenía que ser y en esa misma dinamica mi futuro no podrá jamás ser distinto al futuro que mi pasado ya revelaba.
Es como vivir entre rejas.
Y es que claro el pájaro se mueve en su jaula y sin ser del todo libre siente como el espacio de su encierro crece. Yo como ese pájaro he abierto la puerta de la más pequeña de mis jaulas y a medida que avanzaba el espacio de mi encierro crecía y sin entenderlo del todo me sentía más libre aunque las rejas se mostraran incolumes.
Podría escribir versos de ausencia pero en su lugar divago....

Podría volar lejos pero me quedo en tierra...

Podría... y el condicional de pronto mina mis deseos y todo es posible en un futuro, aunque el futuro puede que nunca llegue.

No sé si en algún momento un asalto de claridad me diga lo que quiero me digan, tampoco sé si lo que quiero me digan sera lo que realmente quiero.

¿Cómo saberlo?

Son tán sólo reflexiones de media noche... nada más, nada menos...

Son...

¿Basta?

Siempre.

martes, 23 de enero de 2007

Cuando estás lejos de mi


EL FUTURO


Y se muy bien que no estarás.

No estarás en la calle

en el murmullo que brota de la noche

de los postes de alumbrado,

ni en el gesto de elegir el menú,

ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes

ni en los libros prestados,

ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,

en el destino original de mis palabras,

ni en una cifra telefónica estarás

,o en el color de un par de guanteso una blusa

Me enojaré amor mío sin que sea por ti,

y compraré bombones pero no para ti,

me pararé en la esquina a la que no vendrás

y diré las cosas que sé decir

y comeré las cosas que sé comer

y soñaré los sueños que se sueñan.

Y se muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,

ni allí afuera en ese río de calles y de puentes.

No estarás para nada,

no serás mi recuerdo

y cuando piense en ti

pensaré un pensamiento que oscuramente trata de acordarse de ti.


Julio Cortazar



Para Abel Nifury

(ese corbobes que una noche de enero de Bahía

me enseño lo que es la eternidad

en un segundo condensado)

jueves, 4 de enero de 2007

Sucede que aveces me canso...






Sucede que aveces me canso






Me canso de escuchar tu nombre



me canso de que cada camino encuentre otro camino






Me cansan mis pies, mis manos



Me cansa la espera y la demora



el retraso y el deseo irreversible de esperarte






Me canso de hablar



y me cansa tu silencio



Me canso de sellar mis labios con encajes de acero



Me canso de mi lengua y de sus caprichos de mujer mimada






Me cansan los cigarros aún por encender






Me canso de buscar



Me cansa la inercia






Ya ven me canso



Y nada puedo hacer



Nada vale cansarse



Pero nada gano al no hacerlo






He decidio aceptar el cansancio y ese gustillo a chocolate negro que deja el cielo cuando intentas alcanzarlo.






Me canso de amar



y más me cansa no amar






No hay caso....



Pero tampoco quiero que lo haya...



Me cansaría









sábado, 30 de diciembre de 2006

Quiero pensar



Quiero pensar que todo será mejor mañana


Quiero pensar que todo lo vivido fue necesario para ser feliz más tarde, quizás, digamos, mañana.


Siento el diezmo caer y golpear mi rostro enjuto


Siento como los años han pasado y las suelas de mis zapatos suspiran cansadas, viejas y con ganas de abandonar el juego.




Sé bien que soy mejor ahora, mejor de lo fuí jamás. Me siento crecer y entender y si no al menos aceptar y luchar por algún día entender.


Entendí el dolor, lo abrazé y muchas noches lo hice tan mío que no distinguí el umbral que cruzo y cruzas hacia la otra orilla.


Es cierto que perdí en el camino, que camine al contra sentido de la menecillas del reloj y que me hice un absurdo en la lógica del camino establecido, todo lo dicho es cierto. Pero ha quedado algo más ¿Cómo podría no haber quedado algo más?




Quedaron las cenizas colmadas en ceniceros, quedaron las copas vacías, quedaron los platos aún por lavar... quedó por siempre el sabor del último sorbo.




Me abandoné a un futuro. Me hice fuerte. Dije adiós y crecí.




Y entonces quiero pensar que aunque el desenlace no fue como previsto fue mejor. Que aunque perdí a un hombre mi corazón sanó y fue capaz de reír y mañana será capaz de amar.


Quiero pensar que aunque ayer mi mejor amiga se marchó, que aunque he quedado sola y aunque me duela su ausencia y me falte tanto su presencia, la volveré a ver. Quiero pensar que Paris no está tan lejos y que en cualquier minuto ella aparecerá por esa puerta y estaremos juntas las dos. Quiero pensar que aunque estemos en dos continentes, alejadas por mares, fechas y distancias seremos capaces de mantenernos. Y aunque su cuerpo falte, ella sabra estar ahí en cada etapa, en cada caída y en cada triunfo. Que aunque falte mi cuerpo, mi escencia sabra llegar a ella y acompañarla en el camino y tenderle mi mano y ayudarla y dormirme a su lado.




Quiero creer que seremos amigas siempre, quiero pensar que lo que construímos juntas sobrevirá al tiempo y sus caprichos.


Quizás juntas seamos eternas.




Mañana sera el último día de un año abrumador, irrepetible y fecundo. Mañana sera el adiós a ésta realidad de antemano conocida y quiero pensar que todo valió la pena.


Que aunque mañana todo abandoné su lugar para dar paso a una realidad nueva e insolita, lo vivido permanecerá por siempre conmigo.




Crecí no hay duda. Doy gracias a quién quiera sea el creador no por hacerme las cosas faciles pero por dificultarlas, no por darme amor pero por quitarmelo y así. Gracias por el tránsito exentrico y por las personas que en el camino encontré y me hicieron la mujer que soy.




Sé que ella, mi amiga, me está escuchando. Sé que ella sabe yo estoy ahí a su lado como ella lo está en este preciso momento. La veo, está a mi lado, está hablando, me ofrece un cigarrillo. La escucho, la veo, la siento... jamás se marchó. Su cuerpo yace en Paris pero su escencia está a mi lado, en mi pecho...


Te quiero y nunca estaremos lejos... estamos a tan sólo 5 minutos de un recuerdo, de una risa, de una lágrima y del más grande de los abrazos.


Te quiero

jueves, 21 de diciembre de 2006

Ahora comenzamos a vivir


Ha pasado ya casi un mes desde que no escribo, desde que aquel hombre me dejo.

Pero fue necesario un tiempo para entender, para aceptar y finalmente para decidirme a ser feliz, sin él.

No fue fácil. El dolor apremiaba y no distinguía razones ni caminos.

Las primeras dos semanas fueron sin dudas las más complicadas, en dónde cada tarde me sentaba a llorar lo que durante el día me obligaba a callar, por dejar saber al mundo y en especial a él que mi corazón estaba destrozado y mi mundo carecía de norte.

Pasado el tiempo, fechas simbolicas asomaban sus pies. Se acercaban días de presión, estabamos a punto de atravesar el umbral de las personas que eramos y de las que seríamos. Y así su presencia iba perdiendo trascendencia, el futuro apremiaba.


Y aún así, en un punto pensé que volver y lo cité y los ojos en el suelo y el corazón en la mano le pedía otra oportunidad. Me miró sin mirarme y me dijo sencillamente que no. En el momento lo acepté y pedí al menos mantener su amistad. El dijo no quería perderme y yo quisé quedarme para verlo crecer, de la forma que fuera.

Y así comenzé una cruzada contra el amor, llevaba el embla de la amistad. Quisé con todo mi ser, ser su amiga, apoyarlo, tomarle la mano, decirle que no estaría solo. Porque en el fondo, al perderme a mi perdía compañia. Jamás fue hombre de muchos amigos, timido y encerrado en su mundo, nadie le conocía como lo hice yo. Y aunque yo tuviese amigos verdaderos, sinceros y que durante este tiempo me demostraron con creces que era querida y que jamás iba a estar sola, yo quería decirle a él que yo sería esa mujer que si no le hacía reír al menos podría llorar con él y sentarme en el suelo hasta que él se sientese capaz de ponerse de pie nuevamente. Le abrí la puerta de mi amistad, le mostre el camino, le entregué las llaves y le hice saber que sólo quería su felicidad.

Él, se alejo de todas formas, cerro la puerta, y se mantuvó al otro lado de la calle. No vió a la mujer que estuvó con él, quién le tomo la mano e intento sostenerlo. Simplemente no quiso aceptar lo que le ofrecí, sé que era poco pero era lo que pude darle.

Y así tras días, minutos, encadenada a él, pensando en él, rogando y luchando sus batallas, curandole las heridas y velando su dormir... me cansé.

El tenerlo en mi vida me cansó y mi dolió a tal punto que el amor había abandonado para siempre mi cuerpo y ni siquiera quedaban las ganas de estar con él.

Así, hace dos noches, cuando volvió una vez más a dejarme sola, cuando yo estaba mal, me vió y se marchó. Así decidí decirle que no lo quería más en vida, que era necesario olvidarlo por completo, que lo que yo le daba él no entendía y lo que él me daba no era lo que yo necesitaba. Y una vez más me dijo que no quería sentir el peso de mi presencia, que a tiempos le ahogaba mi preocupación, mi cariño.

Y fue entonces que me marché, esta vez para siempe, esta vez sin marcha atrás. Yo no pude soportar su inercia. Supongo que vivo con pasión y que doy con pasión amistad, amor, compromiso. Y si él no podía soportarlo pero ni siquiera tuvó el coraje de decirmelo a la cara, entonces amigos míos, yo me voy.


El mundo abre infinitas puertas, sólo tengo que elegir cual seguir, cual abrir, cual obviar, cual mantener entre abierta y cual definitivamente cerrar. Hoy quiero ser feliz, hoy sé que seré la mujer que he soñado ser. No hay imposibles cuando pierdes el miedo y te paras, contra todo pronostico, frente a la vida. Hoy he decidido ser todo lo que he soñado.

Hoy no me duele no tenerlo, hoy su nombre ha abandonado mi cuerpo y su recuerdo permanece ambiguo...


Tenemos todo el tiempo del tiempo para ser lo que queremos ser.


Miro atrás, y antes de alejarme por completo, simplemente sonrío.


lunes, 27 de noviembre de 2006

Se acabó



Hoy lunes como lo había predicho; se acabó.


Él decidió terminar la relación pero no sin antes dejarme en claro que no me amaba, que quizás nunca lo hizo y que apesar de no saber que es lo que quiere tiene claro que no quiere una relación «tan seria» como la que teníamos.


« No quiero sentir el peso inmenso del amor»


Y me pregunto si acaso sabes qué es el amor, supongo que no.


Y estupida, patetica yo mujer que amaba sin sospechar que no la amaban.




Así fue, sin anestesia, directo al corazón.


Y aunque mientras terminabas conmigo, no moví un musculo, me mantuvé estoica, apenas desapareciste rompí a llorar y he sosllozado desde entonces.




Primero el dolor inmenso, la impotencia de amar y de perder, luego la rabia y nuevamente la pena.




Sé que pasará, sé que no tardaré en sanar pero lo que tu te has llevado, lo que yo te he entregado ¿quién me lo va a devolver?




Me siento ultrajada, robada, usada y luego desechada. Me mentiste al decirme « te amo» y culpa la mía de creerte a ojos cerrados.


¿Qué fuí? Una piedra en el camino. ¿ Qué fuiste tu para mi? El universo.


Y el dolor yace en la contradicción infame de amarte y que no me ames, que a mi me destroze y tu salgas sonriente.




Supongo que no te merecías ni un apice de lo que pude darte, que nunca supiste saciar el amor en su totalidad. Y hoy que sentiste miedo, que las cosas no eran color de rosa has huído. Es tanto más fácil.




Me dejaste y aunque el dolor me ciegue, aunque no pueda comer, aunque no cese de llorar sé que es mejor. Que aunque yo hubiese luchado por ti, aunque yo me proyectaba a tu lado, al final tu no serías, como no fuiste hoy, capaz de luchar por mi. Y un tango se baila de a dos. Tu no eras quién yo creía, a quién yo amaba, eras tan sólo un chiquillo asustado, sin idea alguna de lo que es el amor y sin animos de descubrirlo. Me demostraste eras un cobarde.




Ahora me despido yo.


Adios, para siempre.






( Duele, es cierto, pero duele el amor y me consuela saber que he amado y perdido ya que tu no has amado ni perdido)


domingo, 26 de noviembre de 2006

El amor después del amor



Es cierto que el universo suele conspirar para recordarnos aquello que nos empeñamos en olvidar.


No es raro ver como todo cambia de frecuencia y lo invisible se vuelve visible y lo que jamás escuchabamos de pronto es el único sonido que percibimos.


Y así transitamos por nuestro diario vivir conciente de las pequeñeces, de lo obviado y poco transcendente.


Por ejemplo hace unos días mi novio me pidió un tiempo, un receso de nuestra relación; un tiempo para pensar. Como era de esperarse mi mundo se vino abajo y por donde fuera que viera o anduviese su presencia aparecía nitida a mis sentidos. Todo me lo recordaba. Mágicamente la calle se había atestado de modelos iguales a su auto, canciones románticas invadieron cada estación de radio y cada detalle llevaba impreso su nombre, su olor, su todo. Y así no pasaban cinco minutos sin que una lágrima atacará mis ojos.


Es cierto que me dolía el cuerpo, su nombre me dolía. Un hombre me dolía en todo el cuerpo. Y me amenazaban fantasmas en cada rincón, no había un refugio, una salida de tal conspiración.




Por supuesto pensé que moría, que sin él caerían pedazos de mi ser. Pero la realidad me demostró lo contrario. Sobreviví. Es más sobreviviré sin mas problemas.


Hoy me despertó el calor de un noviembre, el reloj marcaba las 7.10 am de un domingo cualquiera. Me extrañé ante tal despertar natural y a tan tempranas horas de la mañana, un domingo. No era algo recurrente en mi, de hecho suelo esperar que el medio día se vuelva amplio y fecundo para entreabrir mis ojos. Soy una convencida que los domingos fueron hechos para dormir, descansar los ojos, el cuerpo y la substancia interior ( alma). Pero hoy fue distinto, quizás no ví de inmediato los presagios de un cambio.


Aunque fueran apenas las 7.10 am el calor penetraba ya por las ventanas cerradas de mi habitación y así me levanté, me sacudí un poco la modorra y me dirigí los pies descalzos a la cocina por un vaso de agua. Me senté en el borde mi cama a observar como el cielo aún no era celeste pero azul intenso con intenciones de claridad. Me sentía a gusto. Había dormido bien y él aún no amenazaba mi despertar, cómodo y flojo. Sentí entonces que su presencia había dejado de ser tan esencial, que finalmente la ausencia había trabajado en mi y ya no le necesitaba con tanto apremio.


Pensé entonces en la frágilidad de su existencia. Aunque claro no puede negar que a tiempos me duele, que sí lo extraño pero la manera en la que lo hago ya no tiene el sesgo de la necesidad a toda costa, ni de la obseción pero más bien el dejo sútil de un bienestar pasado, la benevolencia del pasado en restropectiva.




Así sin más apuros ni angustias dí la bienvenida a un nuevo día. Un domingo clásico dónde mis abuelos paternos, toda la familia reunida, un almuerzo abundante y las risas generosas de los seres queridos. Hoy día en especial agradecí tener estos domingos. Hoy día en particular me deslumbre con la simpleza de sonreír y cómo olvidar, con el gusto de compartir en familia, de sentirse parte de una estructura a base de amor. Agradecí tener la familia que tengo.




Ahora la tarde ya ha caído majestuosa y un frescor acaricia mi piel. Sé que él no llamará hoy, que mañana tendré que enfrentarlo ( es irremediable) y que ya mañana finalmente será el final o quizás el principio. Sea lo que sea me siento preparada, me siento tranquila y conforme.




El amor duele es cierto, pero de amor aún no creo morir.


Y la herida de amor el tiempo cura, estoy segura.




El amor después del amor...


Bienvenido.












viernes, 24 de noviembre de 2006

El quiebre



Y finalmente te llamé, no sé si encontré la fuerza para hacerlo o simplemente la necesidad pudo más.


Y ahí estabamos los dos, dos extraños, al otro lado del telefono...


«Necesitamos un tiempo para pensar» Malditas sean las palabras.


« Hablemos el lunes» Maldito seas lunes que retrasas sin conciencia tu llegada y agudizas la angustia.




Así sucedió, sin si quiera darnos cuenta estabamos frente al barranco prometido.


Supongo estás confundido, me has dicho que no sabes si me amas menos o distintamente. Me has dicho, la voz brusca y galopada, que no sabes, que no sabes, que no sabes. Me ha dolido.




He llorado, querido gritar... Tu amor me duele tanto.


Yo sé te amo, lo sé. Pero no sé si confío en el futuro de nuestra relación. No sé si seras, si seremos capaces de recoger los pedazos de amor y reconstruir una relación.


No sé si tendras las fuerzas, las ganas, la determinación, la certeza de seguir con esto.




Ya sabía yo desde siempre que yo sería para ti simplemente «la primera», un universo se abría expectante ante ti, y yo habría de ser esa primera mujer. En cambio yo, que había vivido tanto antes, había encontrado en ti mi último paradero, sabía desde el primer día que serías tu mi hogar, los brazos en los cuales quería esconderme para siempre, quizás. Pero ¿cómo pedirte a ti me des lo que aún no conoces y yo espero? Tu me has amado como se aman los primeros amores, con dulzura, con asombro pero fugazmente. '


Yo había llegado a ti herida de guerra, azotada por el amor, con una maleta de experiencias y decida, por pasado y conocimiento, que no necesitaba nada más, que serías tu, por mucho tiempo quizás para siempre. Yo supe proyectarme, planear a tu lado. Tu vivías el día a día con el asombro de lo que el amor podía ser, nada más.




Habíamos acordado no hablar, no vernos hasta el lunes. Pero no lo he soportado...


Mis amigas empeñadas en hacerme olvidar me han llevado a una tarde de piscina, de música pero no hubo caso, te seguía pensando, me dolía.


Así abandoné la casa llena de risas, de bikinis, agua y piscosour y junto a dos amigas nos fuimos a caminar por la ciudad a pleno sol.


Encontramos un pequeño café y nos sentamos a conversar de la vida, las amigas, los cambios, los estudios. Te olvidé por un tiempo. Pero al marcharse una de ellas, hemos quedado dos y volviste irremediablemente a mis palabras.




Y ante tantos fantasmas nos hemos encontrado frente a un telefono público, y no pude contenerme y marqué tu numero. Sabías no reconocerías aquel numero y eso me reconfortó, sólo quería escuchar tu voz. « ¿Aló? ¿Aló? ¿Aló?» Me quedé muda, pero ante el miedo de que cortases sólo dije « te amo» y corté. Sentí mi corazón contraerse espamos tras espamos. Supongo que quisé me llamases a mi celular de vuelta, suponiendo que sabías había sido yo. Pero nada, no llamaste. El silencio rompió mi angustia. Y me sentí tan tonta, tan estupidamente enamorada y tu sin inmutarte, sin si quiera devolverme el llamado al menos para saber si había sido yo. Nada. Tan poco te importó. Dolió.


Quizás es verdad que todo terminó.




Me cuesta aceptar que el único hombre al que he amado realmente no me ame, no al menos como yo creía y quería creer.


Se me acaba el universo. Estoy perdida. Triste, sola. No quiero a nadie, sólo a él pero él no viene ni vendrá. Y esa resignación arde y escose la herida.


Mi celular ha sonado y he corrido a contestar pensado que quizás era él, pero nunca fue él, jamás será él. No lo quiero creer.




Terminó.




Quiero escaparme lejos, tan lejos que nadie nunca más me encuentre. Lejos de sus recuerdos, de la posibilidad de toparmelo en la calle. Lejos. Sencillamente lejos.


He descubierto el anillo que me diste en mi dedo y lo he mirado con dolor. Y con fuerza lo he quitado de mi dedo y guardado en la caja con todos tus recuerdos.


El anillo que prometía amor eterno, que murmuraba un futuro juntos ha abandonado su morada. Ya no vale nada.




Creo estar segura que el lunes todo habrá acabado, lo siento. Ya no me amas y yo he quedado aquí amandote.






Un quiebre.






Te amo. ¿Me escuchas? Me duele. Me dejas y me destrozo.