martes, 14 de agosto de 2007

¿Es esto el amor? Historia T y M




Nuestra historia...






Ha transcurrido con la dinámica de un sueño o de una pesadilla.






No recuerdo muchas cosas, tanto por mi afán de rechazarla tanto por mi afán de idealizarla.






No sé con certeza si el amor que tuvé es el mismo que hoy guardo, si es verdad o es un capricho.






Lo cierto es que has vivido en mí desde entonces.






Recuerdo, muy vagamente, el instante en el que todo terminó.






Ahora con el privilegio del tiempo y la restrospectiva logro calzar algunas piezas en este confuso y a tiempos absurdo rompecabezas.






Sé que no te lloré lo suficiente entonces, que encontré un atajo para seguir mi vida y dejarte al margen.






Sé que encontré la fuerza y olvidé nuestra historia, la llené de odio y de rencor. Pude seguir tranquila.






Te convertiste en una sombra aterradora, de la cual huía constantemente.






No te lloré, no me dejé sentir el dolor, me prohibí extrañarte. Nadie me preguntó si me dolía, todos parecían tan felices con mi desición que yo, por no despertarlos a la verdad aterradora de que te amaba, callé y aprendí a fingir.






Adorné nuestra historia al gusto del público, la desfiguré y yo misma la creí.






Te convertí en un ser despreciable y me tranquilizé al saber que había hecho lo correcto a los ojos de todos.






Así transcurrió casi un año.






Entonces, ante la posibilidad de marcharme lejos, te busqué. Pensé que todas las heridas habían sanado y que sería simplemente un adiós, nada más.






Ahí te encontré, habías cambiado tú también. Tenías a otra mujer a tu lado, como yo a otro hombre. Nada nos ataba, estabamos a salvo. ( al menos eso creí)






Pero no bastó mucho tiempo para descubrir que nada había sanado, que de tanto disfrazar la verdad jamás la enfrenté.






Yo por orgullo, callé.






Y venías tú llenándome de anhelos, de palabras, de promesas...






Volvimos a abrir nuestra historia.






Yo me negué, por miedo y orgullo.






Pero aunque mis labios pronunciaren un "no", sabía muy bien que no había vuelta atrás, que habías regresado para no marcharte. Y que mi mundo había rápidamente girado sobre sí mismo hasta perder todo equilibrio y centro.






Eso fue hace ya seis meses, quizás más.






Y hoy, después de multiples intentos y luego negaciones, aquí estamos.






Sigue siendo el mismo problema y el mismo miedo y el mismo dolor.






Pero esta vez yo había decidido arriesgarme, pero esta vez tú habías decidido no hacerlo.






¿Es que jamás llegaremos a un acuerdo?






Y lo más terrible es que sé que como yo te amo, tú me amas aún.






Ambos lo sabemos, siempre lo hemos sabido.






Pero, desengañate, el momento perfecto jamás llegará.






Nos vamos perder en miedos, dudas y preguntas sin respuestas.






Y volverá el orgullo y el dolor y uno de los dos, me temo seré yo, se marchará jurando no volver más.






Pero volveremos. Es la historia de nuestra vida.






La verdad es que no tengo mapas ni señales y ando perdida llorandote lo que jamás te había llorado.






Me he vuelto a perder este sinfín de recuerdos caducados y sueños de niña.






Y aunque ya no sea una niña, tú me haces sentir que lo soy, porque contigo pierdo todo lo ganado y aún así deseo y me quedo.






Maldigo tu nombre entre lágrimas y sollozos, luego vuelvo a invocarte.






Te odio y te rechazo, luego te amo y te busco.






¿Es esto el amor? Dime, ¿ es esto el amor?






Si finalmente nos encontramos ¿ será eso el amor?






Ya sé que el amor duele pero ¿ duele así el amor?






He llegado a pensar que jamás nos volveremos a tener pero que sin embargo seremos incapaces de dejarnos ir.






¿A cúantos hombres he de amar? Hasta hoy eres sólo tú. ¿ Es eso el amor?






Ya no son las cosquillas ni la emoción, el tiempo ha cedido y te conozco, te aborresco y aun así te amo.






Odio tu sentido del humor, odio tus silencios, odio tu voz galopada y violenta cuanto discutimos,
odio que seas tan cerrado, odio tu afán de siempre tener la razón, odio tu egolatría,
odio tu racionalidad, odio tus impulsos, odio tu fortaleza, odio tu soberbia,
odio tus mentiras, odio tu descaro, odio tu facilidad de hacerme daño,
odio tu perfección al momento de herirme y de amarme,
odio que me conozcas como lo haces, odio que tengas la palabra perfecta,
odio que me calmes, odio que me ayudes, odio tu testarudez,
odio que me abrazes cuando te grito, odio que me discutas,
odio que me hagas callar, odio cuando me ignoras,
odio cuando me haces reír, odio cuando no recuerdas algún evento del pasado, odio tu absolutismo, odio tu franqueza, odio tu ironía, odio tu locura,
odio que ames...






Sí odio tanto de tí pero lo que más odio es que te amo así y te amo porque eres así.






No eres ni cercano al hombre perfecto y sé que no debería amarte pero lo hago. ¿ Es esto el amor?






¿Qué mierda es esto sino es amor?






domingo, 5 de agosto de 2007

...


Más no me dijo, más no me explicó...


Entiende, fue así, yo tampoco entiendo.


¿Qué más quieres que te diga? Más no sé.


Fue de madrugada, me despertó y creo que no entendí jamás si fue la dinánica de un sueño o si realmente sucedió.


No recuerdo, estaba a medio despertar.


Sus palabras eran asperas y galopadas. No logré traducir su lenguaje de madrugada.


No, si a mi tampoco me hace sentido todo esto. ¿Qué? No, no sé.


¡Pero si fue tan tarde!


¡Basta! ¿Qué más quieres? Yo no sé más.


Sí, era él. De eso estoy segura.


No entiendo, yo me había alejado.


Sí, fui yo la que se marchó la primera vez.


Sí, yo lo dejé.


Sí, qué sí! ¡Fui yo!


¿Por qué? ¡Qué se yo!


Basta, ya es suficiente, así sucedió.


Él llamó, yo respondí.


Él hablo, yo escuché.


Más no me explicó...



martes, 17 de julio de 2007

Noches de alucinaciones





Un ruido sordo, incesante, trascendente

Son noches en las que dejo volar mi cuerpo,
mis manos, mis labios,
mi sexo.



Noches que no tienen hora ni medida



La luz no es luz



Yo no soy



Alguien grita abajo de mi balcón



Es él



Ha venido a buscarme, meses, años más tarde.



Ha llegado tarde a nuestra cita, no llego a aquel café en el que habíamos quedado.



Olvidó todo y cuanto pudo, en su sabiduría de hombre extraño el olvido era una ciencia, la más exacta de todas.



Pero hoy ha mostrado su carne de hombre infinito



No la he querido tocar, por miedo a perderme en sus cicatrices



No menciona el por qué de su larga ausencia, aun menos el por qué de su regreso



Me quiso perder



Lo logró.



Conoce a caso mi debilidad



Sabía acaso que si regresaba una noche de alucinaciones,



Yo le abriría la puerta.



Escaparía con él.



Abandono mi templo



Ni siquiera me doy tiempo para ordenar, para guardar



Sus entrañas tiran



arrastran



condenan



ciegan



Mi sangre le sigue, como un perro amaestrado



No recuerdo si quiera el daño o las heridas



Nada me puede importar si él está abajo y me quiere con él



aunque sea una noche



Dormiremos dos noches juntos



La tercera él ya no estará



Lo sé



No quiero perderme si no es con su aliento en una copa de cristal



No quiero dormir si no es con sus manos entre mi piel



Hoy quiero arriesgarme



Lanzarme al abismo de su voz



Me dicen que no le siga, que sus alas no saben quedarse en tierra mucho tiempo



No quiero escucharlos



Quiero que sus manos me condenen



Mi cuello es blando, no tardarás en matarme



Pongo mis manos en la lumbre



El amor crucifica



Y bajo sus alas esconde una espada



¡Crucificáme!



¡Quemáme!



Pero no me niegues tu cuerpo



No guardes esa hierba



Busca fuego



que ésta noche, juntos fumaremos



Y cuando la cordura al fin se consuma



No lo pienses



Miráme



Házme el amor en una noche de invierno



Después,



después olvidáme si quieres



No voy a suplicarte



Tengo que irme



Bueno, entonces adiós



Te buscaré, llamaré, escribiré



Vale... ¿pero casi mejor si no te vas, no?



Sabes que no puedo quedarme para siempre...



... Aún queda vino, ¿qué dices si te invito una copa?



Una copa lo mantuvo una noche más en la cama



Pero el vino se acabó....



Él se marchó



La noche terminó con cenizas y sin cenicero



Dos copas vacías



Yo cogí mis cosas y me fui a caminar por un domingo de madrugada



Noches de alucinaciones
(Texto que data de agosto 2006, publicado por primera vez en mi antiguo blog)

martes, 3 de julio de 2007

La mujer que soñaba






Por un sueño, la mujer que soñaba...






Era tarde o quizás,pensara ella, demasiado pronto pero lo cierto era que venían de todas partes a decirle que ya era hora.



Sueños venían a despertarla, a sacudirle la dulce modorra como pequeñas hormigas recorrían su rostro.



¿Para qué despertar?



Había creado un mundo a su medida, tantos años...



No era más ni menos, era el compendio exacto de sueños, ficciones, papel maché y carne.






Había crecido- decía su madre- ella no quería hacerlo.






Una noche cualquiera había lanzado sus sábanas por el balcón.



Era una huida o quizás la puerta más amplia a su jaula.






Reconocía sus manos, las miraba a contra luz y en penumbra. Las sabía suyas.






Alguien una vez habían mencionado- no recordaba su rostro ni su nombre- que su vida sería la vida de la mujer que soñaba.






Quizás jamás despertó. Nunca quiso hacerlo.






Su tierra era ese cerco de madera mal pintada, su casa el abobe quebrazido, su ventana el ojal y su corazón... su corazón era algo incomprensible.






Abría bizarramente sus ojos y los cerraba avergonzada.






El pudor de ver el mundo. El temor de ser vista.






La clandestinidad le iba muy bien.






Y entonces quería vivir. Y entonces quería amar. Y entonces quería...






Luego se alejaría, echaría a correr.






Las tragedias urbanas, el zumbido inscensante y las flaquezas humanas la agobiaban.






Los hombres eran seres que, a tiempos, desdeñaba.






Finalmente, la idea a la cual se aferraba era sólo eso, una idea.






Jamás la realidad calzó con su visión. Demasiado estricta, esperaba lo imposible del mundo. Esperaba el mundo fuera lo que ella hacía de él en sus ficciones.






Y el desencanto era lógico. Jamás saciarían su sed.






Ya ni sabe si culparse por hacer de su vida algo tan lejano o culpar al mundo por ser lo que es.






La habían amado. Fue amor humano. ¡Qué desilusión! Ella se cansó, ella se fue y a ella le dolió.






Se supo mujer maldita.






Esta era la vida de la mujer que soñaba.






Pero ¿qué iba a hacer? Le habían regalado un cuerpo. Por no desilusionar a su creador aprendió a vivir.






Estas son sus instrucciones para sentir.






Que lo humano, a ella no le basta, no lo quiere.






A veces se siente perder, marchitar y a otras se esfuerza por mentirse.






La mentira más grande...



Ella humana



Ella amante



Ella mujer



No es lo que otros creen. Jamás lo será, no quiere serlo.






No amará a aquel hombre y el amor que él le da no será jamás el amor que ella busca.






Es simplemente la vida de la mujer que soñaba.






Y así sigue en su sueño.






Bienvenidos






sábado, 21 de abril de 2007

Aquí no hay nada, nada suficiente






Entiende que aquí no encontraras nada suficiente
es sólo campo y tierra
Algunas casas orilladas en abruptos precipicios, adobe de vieja historia
Nada más
Aquí se han quedado aquellos que los montes han declarado rehenes.
El mundo acaba aquí
Somos ciudadanos de una tierra exiliada
Huele a tragedia, la tierra ardiente habla de pasados oscuros, de sinos de familias, de mujeres locas, de hombres y cuchillos, de viudas negras, de cuatro paredes...
¿Qué haces aquí? Viajero...
Estás tan lejos de tu tierra...
Aquí estoy, las manos abiertas... no hay nada para ti, no hay nada que ofrecer...
La lluvia no tardará en llegar, lo he escuchado en el magullar de las hojas...
El temblor de los árboles ha susurrado... dime viajero ¿lo has oído tu?
Llevas lodo en tus botas, las manos curtidas y los ojos abandonados... ¿ de dónde vienes?
¿Qué has venido buscando en esta tierra como olvidada por todos?
Algo me quieres decir... Balbuceas y te escucho mas no entiendo.
Viajero hablas otro idioma, otras son tus guerras, otras tus desventuras... ¿Qué has venido a decirme?
No soy buena en aconsejar, nunca supe mucho de la vida yo misma.



Abres enormemente los ojos.... No te entiendo.



¿Qué haces aquí?



¡Vete ya! El mar pronto se turbará, tu barquita podría naufragar. Anda, abandona esta tierra, no te corresponde.



Esta es la tierra de los sin nombres, de los locos... Vete ya.



Nadie sanará tus heridas aquí. No hay corazones, no hay manos, no hay amantes...



Es una tierra baldía, estéril, anónima. No queremos tu nombre aquí.



No hay nada suficiente.



Tus ojos se hacen cada vez más grandes ¿Quién eres?



¿Tienes un nombre, un padre, una madre, una edad? Entonces, vete. Aquí no hay nadie.



No, no soy yo. Yo no puedo.



Al otro lado del cerco me esperan mis propias guerras, mis demonios. No puedo quedarme, no puedo guarecerte.



Aquí no hay nadie.






Esta es la tierra de mis dolores, no son los tuyos. Vete ya.









Y la lluvia comezó, gloriosa



Naufragio.



domingo, 8 de abril de 2007

Desnuda




Siempre supe sería yo una mujer amante, el amor lo conocí antes de conocer las palabras y desde entonces y para siempre le tendría en mis entrañas, creciendo al margen y a la par de mi vida.



Pero lo que sin embargo no sospechaba es que con el tiempo la mujer amante sería una mujer fácil de querer pero imposible de amar.



Lo que nadie supo ver, ni siquiera mis ojos encontraron luz, fue que el alma tortuosa y oscura de la mujer sería lo que a otros asustaría y con el tiempo alejaría.



No fue que yo no supiera amar fue simplemente que como amaba, como amo, nadie entiende.



A una mujer maldita el amor le mira por entre los barrotes de su cárcel.



Porque la muerte viste de mujer y calza tacones de aguja....
La muerte tal vez he sido yo.
Siempre supe jugar el juego del amor, siempre supe sonreír a tiempo y ocultar la esencia negra tras un semblante de ojos bizarramente abiertos.

Nadie sospecho.
A tiempos logré incluso engañar a mis sentidos...
Pero hoy que he despertado desnuda en mitad de la calle entiendo el peligro de mi disfraz.
Porque ayer alguien irrumpió en mi habitación, ayer alguien se invitó a mi claustro y ayer alguien me desvistió.
No recuerdo con exactitud su rostro ni su nombre.
Recuerdo el miedo.El miedo blanco que amenaza con la verdad.
A él lo olvidé.
Él a mi me olvido

Sólo escuché la puerta cerrándose en el instante mismo en el que te ibas.
Nunca entendí que habías venido buscando, si en mi desnudez lo habías encontrado, si pensabas acaso volver...




Supongo que como todos, la verdad callada te asustó.



Ya nunca más le volví a ver...

Nunca su nombre dijo



Supongo que nunca existió.

martes, 27 de marzo de 2007

Era otoño aquella vez...






Era otoño...



¿Recuerdas? Tantas fueron las veces que nos perdimos concientes, nos perdimos...



A tiempos volvías como de un largo viaje y me mirabas desconcertado, apenas entendía yo tus ojos, quizás más que a ti, me costaba reintegrarme a la realidad. Sabías desde antes que no era de este mundo, que jamás estas aceras calzaron mi paso. Solías decirme, entre risas y hojas muertas; " ¿De qué mundo te escapaste? Ya sé que es el otoño que te pone así, pero algo tienen tus ojos, una extraña manera de abrir y cerrar fronteras inimaginables." Yo reía a mandíbula latiente y pensaba en por qué el otoño me perdía de manera tan inequívoca. Bien sabía que caminabas a mi lado pero aun así te olvidaba. Olvidaba todo cuanto era recordable. Un instante bastaba para que las alas que creía rotas, alzarán vuelo majestuosas. Y así me iba de tu lado, de tu realidad de hojas y plumas. Me abandonaba en un viaje insólito e irrepetible. Jamás pude decirte cómo era aquel lugar, ese jardín oscuro, esa boca jadeante, esos muros agobiados de amor y sabanas húmedas. El lecho de hojas muertas hablaba de mundos por conocer, de dioses anacrónicos y sueños caducados. Llegaba, los pies descalzos de materia, los ojos sellados y me lanzaba al abismo crujente de veranos secos y ojos vacíos. Ahí me quedaba, sin tiempo ni espacio, era ser la mujer que soñaba. La complejidad descansaba a mi lado, los tormentos se perdían entre besos de mujeres comprometidas, llenas de abrazos, llenas de mentiras. Tú seguías ahí, casi te podía tocar. Me mirabas, contabas historias fantásticas, hablablas de héroes y heroínas, de tragedias y crepúsculos negros. Tu vida yacía en esa acera gris y húmeda, la mía se había abandonado a parajes irreales. Era como zanbullirze en el agua mansa de tu lengua, en su comodidad.



Cuando dije que me iría, bajaste los ojos y a voz tan baja, casi para no decir, te escuche balbucear " yo iré tras de ti" Pero no sabías acaso que si me iba, que si me perdía, sería precisamente en ti. Aún faltaba tiempo y espacio intermedio. Creías con demasía en el amor y no sabías que amar era aprender a morir.



Y así esperaba yo cada otoño aparecer y en cada otoño enseñarte a morir.



Había una hoja, temblaba. Te dije la llevarás contigo en el temblor del abismo. Callaste. Supe habías entendido.



Y es otra vez otoño....



Te recuerdo ¿sabes? Aún vives en mi, casi como ese primero otoño.



Yo me fui y te perdí. El camino de regreso se había disipado en la bruma y en la lluvia caprichosa.



No te dije adiós pero supongo que en el silencio me escuchaste como yo te escucho a ti ahora.



Fuimos eternos... Aprendimos a morir y cubiertos de cenizas nuestro tiempo se acabó.



Es otoño...



Quizás andes por ahí, quizás te encuentre nuevamente, absorto en el temblor de una hoja.



Hasta entonces...









domingo, 18 de marzo de 2007

Por qué escapo, por qué olvido

Alguien me preguntó: "¿Por qué escapas? ¿Por qué te esfuerzas por olvidar? ¿No te puedes, simplemente, quedar?"
Parecía no entender mi actuar, mis razones, mi vida. Y no lo culpo, imposible desafío aquel.
Es más que evidente para todos aquellos que me conocieron, me conocen o a su debido tiempo me conoceran, que escapo, que no estoy hecha para perdurar.
Entonces asalta el imperdonable "¿Por qué?". Y es que claro, ellos necesitan de razones para aceptar, necesitan nombres para que sea real.
Quizás es innherente a mi esencia la mobilidad. Podría responderles así pero se con demasía que no llegaría jamás a explicarles de tal forma.
Mi vida es la vida de la mujer que soy y de la que quisiera ser. Ésta es mi dualidad y por lo mismo mi propia complejidad.
No soy, sin embargo, lo bastante real como para perdurar. Nada nunca será lo bastante real para esquivar la huída y el olvido.
Es imperativo para mi destruír lo conocido.
No busco lo eterno, de hecho es justamente a aquello a lo que más le temo. Lo eterno, engaña, lo eterno esclaviza y anula.
No diré que es libertad lo que busco en mi insconstante ir y venir, decirlo sería vanidad, sería pretender que lo humano es supremo (y no lo es).
Busco sin embargo caminos y espejos imposibles.
Vivo y muero todos los días. Existo pero han de saber que más temprano que tarde tendré que desaparecer. Lo que el mundo y sus habitantes pueden ofrecerme no es lo que necesito.
Nadie podrás jamás pretender darme aquello de lo que carezco asi que por favor no hinchen sus pechos y se crean mis salvadores, no lo son.
Es cierto que he amado, que he querido amar pero ¿por cuanto tiempo? No por mucho.
Los hombres saben bien herir mi carne mas enmendar lo perdido, no saben.
No me conocen; yo no he querido que lo hagan pero tampoco podrán. No saben, no pueden...jamás sabrán, jamás podrán. Son limitados, periodicos, lo siento.
Y quizás en mi tránsito he jugado a que me entiende pero ,desengañense, ha sido sóla y
únicamente por no desilucionarnos más.
Hace no mucho tiempo existió, como siempre han existido, un hombre en el cual vi un deseo profundo y sincero por conocerme y hasta cierto punto le entre abrí mis puertas. Pude ver su contento y su gloria de creerse conocedor de una esencia oculta. Pero llego ese punto, impreciso, en el que lo tuve que dejar, tuve que olvidarlo. ¿Por qué? Porque su ilusión era tamaña y peligrosa, no para mi, pero para él. Claro que las razones que le dí, el por qué lo dejaba no eran éstas que hoy expongo. Pero en el fondo lo abandoné porque habíamos llegado a callejón sin salida. Yo no podía ofrecerle nada más ni él a mi.
Él quizo ser mi amigo. Pero no sabía que yo no necesitaba su amistad, porque en ningún caso él podía darme lo que yo necesitaba. Fue sólo saciarle su deseo por saber de mi lo que permití y en lo que se basó nuestra relación.
Hoy por hoy entiendo su perdida mas en ningún caso me ha dolido. No porque no me duelan los detalles pero porque mi vida busca un desenlace mayor y mantenerlo a mi lado sólo podía cerrarme caminos y empequeñecer mi mundo.
El olvido fue rápido y no quedaron marcas. El tiempo compartido fue minimo y casi una quimera.
Yo jamás lo conocí y así el olvido tenía calle abierta para extirpar pequeños y ambiguos recuerdos.
No me faltaron sus gestos, ni su esencia pues nunca los tuve, nunca los conocí.
Nuestra relación fue unilateral jamás simetrica.
Él obtuvó en cierta medida lo que buscaba, yo le di lo que pude darle.
No me aferro a las cosas, el pasado que antes me protegía del dolor llego un momento en dónde me causaba dolor y entonces tuve que desligarme, olvidar.
Lo que puede parecer un acto de egoismo no es sino un acto sordo por en un futuro inmediato ser mejor.
Si no escuche sus palabras, sino vi sus deseos fue porque en mi algo gritaba más fuerte. Y antes de entregar dicha, tenía que yo misma encontrar mi dicha.
No es que él no me importe, osea ya no, pero antes, fue simplemente que su dolor no encontraría balsamo alguno en mi dolor.
Fue mi decisión. Mañana será la suya.
Fue mi tiempo, mañana será su tiempo.
Hoy renací.

viernes, 2 de febrero de 2007

Dialogo inconcluso entre un ángel y un fin o Intento de monologo imaginario



Este es uno de mis pequeños tesoros.


Es un intento de cuento, basado en una relación muy especial para mi. En dónde fui un ángel y en dónde él fue un fin.


Data del 2005 y aún hoy lo leo y mi piel se eriza...








Intentábamos hablar, aunque fuera una vez, una última vez, sin morir en el intento.
-¿Cuando mueres tú?- preguntó con esa voz que arrastraba trozos de azúcar.
- Creo que todos los días- cerré mis labios para no gritar.
- Yo quiero morir también.- susurró.
- ¡Ven! Muramos juntos.- exclamé, empapada de extraña certitud.
Y así, nos tomamos las manos, la suya guardó la mía, y corrimos calle abajo. El cemento húmedo amortiguaba cada paso, cada paso más cerca de la muerte. ¡Que ingenuos que éramos! Queríamos morir un momento y vivir lo que nos quedará del día. Quizás lo lográramos, pero la voz de una madre enojada, pudo más que nuestros sueños. No logramos morir un momento. Lo siento.
La calle recuperó su halo de cementerio abandonado. Y nosotros, niños, perdimos la risa de una calle primaveral.
La vida a la vuelta de la esquina.
No queríamos creer, queríamos saber, queríamos ser.
-¿En que crees tú?- me pregunto una noche última.
- No lo sé, pero creo, me basta creer.- dije y pensé "¿En que creo?"
- Yo no sé bien si creer. ¿Gano algo creyendo?-
- Ganas tanto como pierdes al vivir-
- Pero yo quiero morir, acuérdate que me prometiste morir juntos.- Una promesa más que no he cumplido. Callé. El comprendió mi silencio y calló también. Fue entonces que descubrí que éramos amigos, el silencio no era molesto entre nosotros. Sabíamos callar a tiempo y a des tiempo. Hablar era cuando no queríamos pensar, callábamos para ser.
Nuestro idioma secreto.
Buscábamos entonces tesoros, queríamos lo imposible y nada más, éramos héroes, éramos dioses.
-Quiero ser princesa-
- Se princesa- que lógico que era.
- ¿Me ayudas?- reí con risa fresca.
- No lo dudes- respondió el, que lógico que era.
Abrí mis alas en su busca, quería ser princesa. Entonces, lo vi. Vestía, me avergoncé, yo llegaba desnuda a una cita muchos años tarde. Rió de buena gana. Reí con el.
No preguntó el porque de mi retraso, yo tampoco lo mencioné, era más fácil, siempre será mas fácil el no mencionar lo obvio. Llegaba tarde porque no sabía volar. Tuve que caminar.
Muchos años quedaban atrás. Apenas y conocía su voz. Pero jamás lo olvidé, el por su parte si lo hizo. No lo culpé entonces no lo culpo ahora. El, ahora me recuerda.
Nos vivimos unas horas. Luego moriríamos solos.
Solos al final, solos, lo juro.
Muchos años pasaron y nos volvimos a encontrar.
Sentados, juntos, en una fría acera, de cruel gris, jugamos.
-¿Tú eres católica o no?-
- No, cristiana.-
- Ah! Cierto.-
- Creo en Jesús, no en una institución. Creo…- ¡Creía al fin!- creo que Jesús si se casó con María Magdalena, y que su sangre esta aquí, entre nosotros.-
- Jesús político- rió.
- Jesús en todas partes, Jesús en un loco, Jesús en un padre alcohólico, Jesús en un prisionero… Jesús en dos adolescentes sentados en una fría calle, hablando de él.-
Jesús apareció, lo sentí, y me susurro al oído que ya era hora de arriesgar el todo por todo.
- ¿En que piensas?- preguntó.
- Pienso acaso si una noche, muchos años más tarde, tú también me pensaras.- dije pensativa, casi filosófica. Que típico mío.
- Es muy probable…- calló. Y reconocí en su silencio una promesa que no estaba seguro de poder cumplir. El sabía bien que el tiempo desgastaba y que más temprano que tarde un muro se alzaría entre su casa y la mía. Y no bastaría, entonces, quererse para volver a verse.
Un silencio de cripta, húmedo y hasta fangoso se nos incrusto. Sellaron nuestros labios y escarcharon el pensamiento volátil.
Tomó mi mano. Se estremeció mi cuerpo y entumecieron mis venas. Era un gesto tan repentino, tan poco él. Lo miré, le sonreí, sentí como la sangre de mi cuerpo pintaba mis mejillas. Enternecido por un gesto como ese, acarició mi mano que para entonces ya se perdía en la suya. El era el final y yo talvez un ángel cualquiera, sin gracia, caído. Reconocí entonces mi par de alas rotas. No podía volar. Era entonces y para siempre prisionera. Cuanto tiempo me había tomado descubrirlo. Mucho más de lo necesario, el lo presentía ya, lo adivinaba en sus ojos. Con el tiempo se hizo vidente y ya no quedaban secretos por disimular. Las inútiles magias de un amor, habían de perder todo su encanto en un instante.
El rumor caprichoso de un final cada vez más inminente. Y quizás por primera vez en mi vida tuve miedo. Ese miedo blanco que anuncia la crecida del mar y de sus tormentas. El miedo ancestral de no saber luchar contra el enemigo… el tiempo y sus destiempos. ¿Cómo resolver las distancias con el simple parpadeo de unos ojos bizarramente abiertos? Imposible desafío. Presagios de una extinción.
- ¿En que piensas?- preguntó, había aprendido bien a preguntar y muy tarde a responder.
- En nada- mentí, no sería la primera vez pero aún así, no sé por qué, me sentí culpable. Mentir sobre el pensamiento era algo tan básico como sumar pero me parecía tan incorrecto mentirle al fin, aún sabiendo que él algún día lo descubriría, tendría que hacerlo. Quizás fuese la certeza que aquella mentira no tendría sentido lo que me martirizó.
- Aún tenemos tiempo- anunció seguro.
- ¿Tiempo para qué?- pregunté aún sabiendo la respuesta.
- Tiempo para darle al tiempo, tiempo para olvidar que aún nos queda tiempo para sobrevivir.- Tenía razón. Y hoy lo lamento. Tuvimos tiempo aquella tarde pero nos faltó tanto tiempo después. Tiro y aflojas, el desvío fue más brusco que lo planeado y ahora tan solo recuerdo tu rostro más no lo veo. ¡Mis manos aún recuerdan tu anatomía, tan imperfecta como la mía! Imperfectos seres que juntos vislumbraron un segundo la eternidad más perfecta de una amistad cenicienta y moribunda. ¡La perfección de una muerte por venir! Nada más bello que un cuerpo cayendo en el abismo.
Reí.
Y ya nada recuerdas de la nada que fuimos, si es que alguna vez fuimos. ¿O es que en tu sabiduría el olvido es una ciencia? Quizás la mas exacta de todas, la más humana.
Y no volviste a hablar, callaste, y sentí como me dolía tu nombre en todo el cuerpo.
- Me tengo que ir- anunciaste. Te miré y sonreí. ¿Reconociste en mi sonrisa el adiós prometido? No. Aún creías que podríamos luchar contra nosotros mismos. ¡Que ingenuo! Pero no, no podríamos y finalmente no pudimos.
Sabías para entonces quien eras tú, un trabajo de psicología lo había confirmado, yo en cambio me alejaba, a cada paso, de mi esencia, no sospechaba aún lo que sería, tan poco me importaba entonces. Quizás de haberlo sabido en ese instante, doblando esa esquina, nos hubiéramos mantenido. Pero estaba escrito, de una vez y para siempre, que cumpliríamos esa edad y la autonomía nos engañaría y nos alejaría. Descubriste entonces el peligro de estar vivos. No quise ser yo pero tampoco tú quisiste. Nos perdimos en un mar de presagios y desventuras venideras. Sabíamos bien la tormenta que se avecinaba y no lográbamos tener miedo. La certeza se yuxtapuso a la ansiedad y nos resignamos, frente a frente, a perdernos.
No pude, sin embargo, enfrentar tu perdida. Quizás nunca lo haga. Más no me aflijo, pienso en un pasado viviente, y te tengo para siempre. Te poseo como nadie lo ha hecho, te poseo en el recuerdo más íntimo y clandestino. Te transfórmate en una entraña, creciendo, así, silenciosamente, a la par de mi vida y de la tuya más creciste mío. El cuerpo termina tarde o temprano desvaneciéndose, carcomido por gusanos y olvidado por los demás. Pero el recuerdo… el recuerdo prevalece en el sueño. Y es así como te quedas por siempre conmigo aunque yo desaparezca de tu lado.
¡Al fin eres eterno!
Lo humano, olvide decirte, es lo que yo he hecho de ti en mis cuentos y fantasías. Tú no eres para mi lo que otros ven, ni siquiera lo que tú crees ser, eres el personaje que he querido y he creado… una simple ficción, una sombra… nada más. Pero me basta. Basta con saberte vivo, de la forma que sea, para no perder el aliento o la ilusión. ¿Perderte? No lo haría. ¿Dejarte? Ya lo he hecho. Y entonces no distingo el umbral que nos aleja, la frontera que cruzo o cruzas, hacia la otra orilla.
- Nos vemos antes de lo esperado- prometiste.
- ¿A sí?- pregunté algo confundida. ¿De donde venía tal reflexión sobre un futuro incierto? Tan solo divagamos, nada era real ni permanente, todo se iría con la primavera y sus flores, hasta la próxima primavera. Volvimos a callar. Las palabras no encontraban la salida, el pensamiento se desvanecía. Las mentes atrofiadas por un acto de humanidad. Y ya estábamos frente al barranco prometido. ¿Quién saltaría primero? ¿Quién sería el cobarde en abandonarse, primero? Nos miramos, como si se nos fuera la vida en aquello. Busqué su mano, me la ofreció sin mirar, y con toda la fuerza que encontré, prometí a voz muy baja, casi para no prometer, que juntos saltaríamos, que seríamos los dos o ninguno. Asintió. No quisimos, no pudimos mirar hacia abajo, hacia el futuro. –Uno, dos y tres- cuales niños jugando, saltamos.
Caíamos, nada nos podría proteger. La caída era libre y sin argumentos, caíamos porque presentimos que teníamos que caer…nada más. Porque sí. ¿Y la lógica? No teníamos, ni tú, menos yo. Te dejaste llevar, quizás tan solo me seguiste, quizás yo te seguí a ti, quizás ambos nos seguimos sin saber por qué. Porque te quería. Por miedo a perderte, una vez más.
Y es que, no eras tu mi príncipe azul ni yo tu princesa. Éramos tan solo personajes de una novela singular. Un quijote y un sancho, un sueño y una realidad… nada eterno, no estábamos hechos para perdurar. Y ambos lo sabíamos desde siempre y para siempre. Lo lamento. Este era sin duda el final del que tanto hablaban los libros, de los que solía contarte. El final, eras tú. Y yo, quizás, solo un presagio de un sueño, un mal sueño.
Seguimos nuestros pasos, a destiempo a contra tiempo, al margen del reloj y de sus inútiles minutos. Debíamos de encontrarnos, una vez más y volver a surcar las calles. Lo sabíamos. No éramos eternos pero siempre habría algo que nos llamaría. Habíamos de construir nuestras vida, juntos pero sin tenernos.
Y así fue como una trémula invitación nos reunió. Nos miramos confundidos, sin saber que decir, hacia muchos años ya que no nos veíamos. Quizás nos habíamos olvidado… quizás. Sonreí tímidamente, dolieron mis labios y supiste que hace mucho tiempo que no sonreía. Devolviste la sonrisa y me ofreciste tus brazos.
- Te extrañe-
Callaste. Me miraste, nada más.
Caminábamos nuevamente, siempre habríamos de caminar pero esta vez algo parecía distinto. Esta vez, era yo, sola sin otro nombre que no fuera el tuyo en mis labios, hace tan solo unos días había de terminar una larga relación. Caminantes, caminábamos. De pronto, bajaste los ojos y dijiste asombrado - ¡Mira! Caminamos sincronizados.- Era exacto, por quizás la primera vez nuestros pasos habían de seguirse al mismo ritmo.
¡Habíamos descubierto la magia!
Nos tomamos las manos, muy fuerte, como diciendo "No te vayas". Y continuamos nuestro viaje, por calles primaverales. Esta vez decidiste romper una rutina, y aventurarnos en parques vírgenes, nuevos caminos, nuevas luces. Todo un horizonte se abría expectante, nada sabíamos de lo que vendría, era la exquisita sensación de lo desconocido.
Una tarde de memorias y de mil cuentos. Todo era risas. Éramos mayores entonces, éramos más de lo que habíamos sido antes. Cobijábamos sueños venideros así como la posibilidad del error que esto conlleva. Habíamos, por fin, pisado tierra y sabíamos bien que lo que viniese después de este viaje, habría de ser el camino más definitivo.
Pero mientras durara la tarde, acariciaríamos encuentros y nada más. No hacía falta despertar a la conciencia. Nos bastábamos entonces. ¡La ilusión más perfecta! De ser un momento, nada más.
Frente a tu puerta, esta vez sería yo quien te acompañaría, nos despedimos, sin malos presentimientos, las mentes vacías y los ojos llenos.
- Nos vemos-
Seguramente algún día nos volveríamos a ver.

-¡Despierta!- Todo fue una ilusión.


FIN Y ÁNGEL.

martes, 30 de enero de 2007

La historia de aquella mujer...



Quería aún un segundo para abrir sus ojos, para negar lo evidente, para ser aquello que nadie pensaba sería.
Quería mostrarse sin máscaras ni armaduras, querían la vieran en la esencia más extrema, quizás esperaba de igual manera la quisieran.
Se supo mujer amante mucho antes de conocer las palabras y sus peligros. Y creyó entonces que el tránsito sería templado y seguro.
No sabía que el tiempo no creería en ella con ese fervor con el que se empecino en llenar sus venas.
Nada fue como esperado. Al final, se dice, nada nunca lo es.
¿Por qué esperar aquello que el mundo es incapaz de darnos?
Pero esperó, pero creyó...
No sabía, no nunca supo...
Una noche cualquiera, en ese minuto impreciso y olvidado por todos, vio como sus sueños despertaban para sufrir de insomnio crónico.
El mundo era ese abismo del cual no podría escapar.
No sé si lo aceptó, no sé si entendió o si simplemente se negó.
"Tiene que haber algo más" Se obligó a creer.

Se hiso, por necesidad, una mujer en el desierto.
Mujer por vivir, un desierto por no ver.
Quería vivir y no ver.

Y así vivió, así creyó vivir. Se coronó princesa de un castillo de arena y buscó refugio en la más alta torre. Esperaba acaso aún un príncipe aparecer. Nunca lo sabré.
Vanos fueron los años pero no cedió.

Cuando una mujer decide olvidar, el olvido es irreversible.
Olvidó.
Extirpó recuerdos, señales, esperanzas y en su lugar puso máscaras, imitaciones, ideales.
Nadie nunca le conocería.
Temía demasiado ser herida, una vez más.

Desnuda....

Desnuda de hojas en pleno verano, se encontró una noche tirada en mitad de la calle.
Alguien había de arrancar su armadura de cristal, ver su interior y marcharse.
Abrió los ojos a destiempo, se vio desnuda y contuvo la respiración. Se miró una vez más y esta vez gritó. Gritó con sonido sordo y desde sus entrañas. Nadie la escuchó.
Así la encontré, temblaba, tumbada en mitad de la calle.
Parecía un ángel caído, alguien había de llevarse sus alas.
Quise arroparla, arrancarle el frío de sus huesos pero como una fiera ella me alejó. Vi entonces el miedo en sus ojos bizarramente abiertos. Crisparon sus manos y de su boca vi nacer un demonio.
Rugía dolor y entonces sentí miedo.
Parecía sólo una niña y entendí que la mujer no es por su cuerpo pero por el dolor que en el retiene.
-Alejate, por favor, que vendrán por ti- me dijo, los labios escarlata y la voz deformada.
Intenté responder y me dio la espalda. Seguía en el suelo húmedo, como un feto en el liquido materno.
Se hiso sorda. Yo perdí la voz.

Así la abandoné, así la olvidé....

La mujer del desierto encontró alas en el cemento y supongo se alejó. Yo no la vi...

Me pasa de vez en cuando verla tumbada en el suelo y estremecerme ante la posibilidad de que aún está ahí, temblando.

La habitación

Este es un texto que escribí hace ya más de un año, hoy revisando viejos escritos, divagando con el pasado lo he encontrado.


No pretende ser un gran texto pero creo bien refleja la desilución y la ansiedad que en algún momento sentí.


El mundo no es siempre un jardín un rosa y duele vivir. Somos todos reos en una habitación.











No hablen, que nos escuchan, susurren.
No quiero que nadie se entere, que nadie salga ileso de esta blanca habitación, donde duermen plegadas mis alas.
Ni siquiera Dios, que bien se esta solo y desesperado como yo. Pero no le abran las puertas. Déjenlo errar entre los vivos, no dejarlos vivir, como ellos hicieron con él, mientras vivía.
Callen. Que odio a la felicidad, que me ha quitado lo poco y nada que me hacía feliz. Y ahora rugen mis huesos por venganza. Quiero que el mundo calle para gritar mi desencanto, mi maldición.
Habitantes transitorios de esta habitación, los tomo rehenes, los condeno a leerme sin oír. A que sientan lo húmedo de estas paredes, a que desciendan conmigo en mi viaje dantenesco. Apago las luces. Bienvenidos a la nada. Les habla el personaje que viste de desnudes sus pecados.
Yo que amé, yo que muero en este agotamiento de encender velas a los muertos, que nada podrán venir a reclamarme, yo que vivo ilegalmente, sin papeles, en esta vida de la cual todos se hinchan. Yo y nadie más, les grita, los acurruca de palabras secas en un tintero embotellado.
Ahora bien, reconózcanme, mírense, y luego olviden. Olviden el mundo de gargantas abultadas, la plaga de palomas urbanas, el rebaño de ovejas cabizbajas y conviértanse en lo que yo he sido, parásito de esta fabrica, porque no produzco, porque finalmente no soy rentable, soy loca y me aíslan y me encierran. Ahora yo los aíslo, yo los encierro, yo les grito y yo los creo. Porque solo a los locos, a los ángeles caídos, nos huele la carne de enfermo, nos duelen los huesos vulnerables y nos asechan las flaquezas inhumanas.
No importa si la inercia del mundo los lleva gestar botellas vacías, me importa que en estos cinco segundos de ceguera sufran lo que yo he sufrido. Que duelan los pragmatismos, las imágenes y que le declaren la guerra a la Magia y al acopio de derrotas diarias. Que sientan, lo que yo siento, yo enemiga. Quiero que sepan que, yo, aún a costa del riesgo me niego y no me rendiré jamás. Si se asustan, si sucumben, si miran de arriba a bajo y no Lo ven, no hay problema para entonces ya habrán caído tan bajo que no serán ustedes.
No hablen muy alto, que estoy angustiada, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y a la materia, tantas veces las rodillas hincadas en el suelo. A veces, me cuesta seguir, y aunque me parezca injusto, me empeño en conjurar todos esos humos de mentiras y bocas de ciegos desdentados. Ya no puedo elegir, ustedes tampoco podrán, es Mi deseo. Me hago carcelera de mi prisión, que decido compartir con ustedes. ¡No me miren piadosos! No soy victima, soy Díos.
La misericordia será mía o no será.
Ahora, cierren los ojos, que no quiero me vean. Ustedes que antes jamás habían querido verme, no supliquen lo que ahora les niego, solo porque no quisieron antes. Vuélvanse yo, sientan la indiferencia humana rasgar sus frágiles máscaras de cartón desechable. Como Edipo arranquen sus ojos, porque son culpables. Yo los miraré, piadosa. Yo que también arranqué mis ojos, pero por odio a ver las cicatrices que sus fusiles tatuaron en mi piel.



Ahora, mis yemas sangran, ha sido a su pulso que he construido este castillo, que he forjado esta absurda prisión. Y con su sangre remendaré el elixir perdido. Sacrificados como animales, beberé de sus cálices, me hastiaré de su esencia, me ahogaré en su materia. Succionaré sus vidas para no morir por falta de la mía. Seré Dios, me alimentaré de vidas ajenas para no morir en el olvido y en la falta de existencia. ¡Qué ilusión más perfecta! Yo, un Dios, ustedes, reos.

Callen. No hablen, susurren.

Las puertas se abren, corran, escapen pero no olviden jamás que la prisón más perfecta es aquella que nosotros mismos creamos. Y que no basta sentirse libre para romper las cadenas que con el tiempo hemos forjado, a nuestra exacta medida.

sábado, 27 de enero de 2007

Le désir des choses simples





















Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el
pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes
verdades
o las más grandes mentiras
que me
dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del
mundo
que me quieres mucho
cosas así tan
sencillas tan repetidas





Gioconda Belli









Es un deseo de cosas simples





Es querer una flor cogida de un jardín





un beso antes de dormir





la comida que hacía mi abuela





una tarde de verano; floja y regalona









Es el buscar lo pequeño de la vida





Y ser feliz con aquello....









Entiende





soy pobre





y sólo me basta





un sueño





un beso





para vivir









Quisiera entendieras mi idioma...





No sólo las palabras que conozco pero aquellas que ignoro, aquellas que invento...





Quisiera que me miraras...





Y me vieras...





Desnuda...



cuando

visto...





Descalza





cuando calzo





tacones...





No te pido el mundo, que el mundo no quiero





Quiero simplemente me digas...





Dos palabras









La mentira más grande





Pero quiero que si me la dices tú, sea la verdad más grande









No me importa si soy ciega y no te veo





y no veo si te marchas





o te quedas





No me importa si perdura





o si simplemente marchita





Entiende





Quiero lo simple





Que es tanto más difícil de entregar....









No pretendo te quedes hasta mañana





ni que me llames luego





No quiero promesas





No las busco





Quiero aquello que el mar luego borrará





Quiero tu huella en mi piel





Como la huella en la arena









Quiero..





Amor....





Amor que no es tiempo





Amor que no es promesa





Amor que no es nada





Amor que es...





Amor













Un désir des choses simples













viernes, 26 de enero de 2007

Dejar el pasado atrás



Dejar el pasado atrás...


execivamente atrás...




Necesito olvidar, necesito la cura al pasado y sus abismos, necesito vivir el presente y desligarme del pasado.


Es urgente que mis ojos se vuelquen al exterior.


He vivido colgada de lo que fue, aferrada con uñas y dientes al resplandor benevolente del preterito. Siempre cuidadosa de no olvidar porque el futuro era incierto y el pasado seguro.


Y ¿Qué he ganado? Dime tú, qué he ganado.


Nada, no he avanzado.


No he querido y luego no he sabido avanzar, construír por miedo a destruír lo que el tiempo ya había desechado.


Es una venganza al dolor.




Pero hoy necesito caer, golpiarme en la cabeza y sufrir amnesia.




Porque el pasado no ha dejado que mi cuerpo y más importante aún, mi ser, sean libres.


Las cadenas que yo misma forje hoy estrangulan mi piel, cortan mi circulación y estoy a un paso de la auto destrucción.


El pasado fue un refugio. Alzé un muro y procuré nadie lo franqueara jamás, me hice rea de mis fantasmas.


Pero hoy me niego, hoy grito pero hoy nadie me escucha. Nadie tenía que escucharme, yo misma me asegure que nadie lo hiciera. Pero grito igual pero nadie me escucha.




Así fue, así me perdí.


Dejé todo de lado por no mirar, porque mirar hería mis pupilas. No quisé mirar y así me perdí.


Alguien soltó la cuerda, supongo se canso. No lo culpo.


Caí.


No fue que me hayan dejado caer fue que yo misma no quisé quedarme.


Callé.




El silencio fue el amenazado.




Y así sé que ya no estarás....


No te dije que te quedarás, tampoco dije te fueras...


Y por las palabras calladas entro el dolor.




Yo que no quise sufrir, yo quien se alejó por no herirse... Hoy por no hablar perdí.




El pasado sigue rondando, me asecha y no soy capaz de decirle que ya no le quiero.


El futuro se aleja porque no soy capaz de decirle que le quiero.


Y el presente es esta aritmica palabra que cuelga de la punta de mis labios.




Sólo quiero vivir


Sólo quiero amar


Quiero olvidar todo aquello que no me deja vivir ni amar.






....¿Alguien me escucha?

miércoles, 24 de enero de 2007

Reflexiones de media noche

¿Es acaso posible que en punto, inexacto e inequicovo de nuestras vidas, un simple deseo, la conjunción exacta de palabras y latidos, nos lleve a un futuro del todo desconocido más del cual todo anhelabamos?
Quizás les paresca estupida tal pregunta, estupida si pensamos que el común de la humanidad cree y necesita creer en el libre albedrío.
Pero ¿Qué tan libres somos? O mejor aún ¿Qué tan libres somos capaces de ser, queremos ser?
¿Cúantos de ustedes se sientes capaces de responder, sinceramente, a tales preguntas?
Yo, personalmente, no me siento capacitada aún.
Supongo que depende del día, de la hora, del pretexto adecuado, la respuesta que soy capaz de dar.
A tiempos me siento libre, creo tener la fuerza para ser libre y gritarle al mundo que seré yo quién decida, quién traze el mapa de mi vida, de mis logros, de mis errores. Pero no podría mentir y no decir que a otros me siento una pieza más de un historia escrita hace siglos. Que aveces las puertas que abro y cierro, son las misma puertas que debía cerrar y abrir. Como si el destino fuera esa fuerza mayor que me diera la impresión de elegir lo que siempre fue y tuvo que ser.
¿Qué si me siento menos humana pensando así? Lo dudo.
Una parte de mi grita por su fe en el destino y esa contradicción de elegir para después decir que "todo fue como tenía que ser, que todo llego en el momento preciso, ni un minuto tarde ni uno antes". Y entonces reflexiono sobre la perfección ¿ es acaso posible que la perfección sea esa precisión que sólo un predestinamiento puede otorgar? Si la perfección es esa conjugación exacta de elementos destinados a unirse y formar una simetrica figura, no estamos acaso hablando de que la perfección no es un deselance humano y por lo tanto elegido a conciencia pero el desenlace de una unión precisa, en el momento preciso de los elementos precisos. Es decir la obra de un destino anterior.
Podría hablar de religión, pareciera ser el cauce natural de tanta divagación pero una vez hace ya muchos años alguien me dijo que no hablará jamás de religión o politica en la mesa. Y no sé por qué hoy tales convenciones asaltan mi mente y mi escritura. Quizás porque aún soy parte de un libro de modales y convenciones. Quizás nunca me liberé del todo de esas cadenas familiares.
Quiero creer que lo hice pero esa soy sólo yo.
Tal vez el pasado fue lo que tenía que ser y en esa misma dinamica mi futuro no podrá jamás ser distinto al futuro que mi pasado ya revelaba.
Es como vivir entre rejas.
Y es que claro el pájaro se mueve en su jaula y sin ser del todo libre siente como el espacio de su encierro crece. Yo como ese pájaro he abierto la puerta de la más pequeña de mis jaulas y a medida que avanzaba el espacio de mi encierro crecía y sin entenderlo del todo me sentía más libre aunque las rejas se mostraran incolumes.
Podría escribir versos de ausencia pero en su lugar divago....

Podría volar lejos pero me quedo en tierra...

Podría... y el condicional de pronto mina mis deseos y todo es posible en un futuro, aunque el futuro puede que nunca llegue.

No sé si en algún momento un asalto de claridad me diga lo que quiero me digan, tampoco sé si lo que quiero me digan sera lo que realmente quiero.

¿Cómo saberlo?

Son tán sólo reflexiones de media noche... nada más, nada menos...

Son...

¿Basta?

Siempre.