
lunes, 24 de septiembre de 2007
Locura de pecho

martes, 14 de agosto de 2007
¿Es esto el amor? Historia T y M



domingo, 5 de agosto de 2007
...

martes, 17 de julio de 2007
Noches de alucinaciones

Un ruido sordo, incesante, trascendente
Son noches en las que dejo volar mi cuerpo,
mis manos, mis labios,
mi sexo.
Noches que no tienen hora ni medida
La luz no es luz
Yo no soy
Alguien grita abajo de mi balcón
Es él
Ha venido a buscarme, meses, años más tarde.
Ha llegado tarde a nuestra cita, no llego a aquel café en el que habíamos quedado.
Olvidó todo y cuanto pudo, en su sabiduría de hombre extraño el olvido era una ciencia, la más exacta de todas.
Pero hoy ha mostrado su carne de hombre infinito
No la he querido tocar, por miedo a perderme en sus cicatrices
No menciona el por qué de su larga ausencia, aun menos el por qué de su regreso
Me quiso perder
Lo logró.
Conoce a caso mi debilidad
Sabía acaso que si regresaba una noche de alucinaciones,
Yo le abriría la puerta.
Escaparía con él.
Abandono mi templo
Ni siquiera me doy tiempo para ordenar, para guardar
Sus entrañas tiran
arrastran
condenan
ciegan
Mi sangre le sigue, como un perro amaestrado
No recuerdo si quiera el daño o las heridas
Nada me puede importar si él está abajo y me quiere con él
aunque sea una noche
Dormiremos dos noches juntos
La tercera él ya no estará
Lo sé
No quiero perderme si no es con su aliento en una copa de cristal
No quiero dormir si no es con sus manos entre mi piel
Hoy quiero arriesgarme
Lanzarme al abismo de su voz
Me dicen que no le siga, que sus alas no saben quedarse en tierra mucho tiempo
No quiero escucharlos
Quiero que sus manos me condenen
Mi cuello es blando, no tardarás en matarme
Pongo mis manos en la lumbre
El amor crucifica
Y bajo sus alas esconde una espada
¡Crucificáme!
¡Quemáme!
Pero no me niegues tu cuerpo
No guardes esa hierba
Busca fuego
que ésta noche, juntos fumaremos
Y cuando la cordura al fin se consuma
No lo pienses
Miráme
Házme el amor en una noche de invierno
Después,
después olvidáme si quieres
No voy a suplicarte
Tengo que irme
Bueno, entonces adiós
Te buscaré, llamaré, escribiré
Vale... ¿pero casi mejor si no te vas, no?
Sabes que no puedo quedarme para siempre...
... Aún queda vino, ¿qué dices si te invito una copa?
Una copa lo mantuvo una noche más en la cama
Pero el vino se acabó....
Él se marchó
La noche terminó con cenizas y sin cenicero
Dos copas vacías
Yo cogí mis cosas y me fui a caminar por un domingo de madrugada
Noches de alucinaciones
martes, 3 de julio de 2007
La mujer que soñaba



sábado, 21 de abril de 2007
Aquí no hay nada, nada suficiente

es sólo campo y tierra
Algunas casas orilladas en abruptos precipicios, adobe de vieja historia
Nada más
Aquí se han quedado aquellos que los montes han declarado rehenes.
El mundo acaba aquí
Somos ciudadanos de una tierra exiliada
Huele a tragedia, la tierra ardiente habla de pasados oscuros, de sinos de familias, de mujeres locas, de hombres y cuchillos, de viudas negras, de cuatro paredes...
¿Qué haces aquí? Viajero...
Estás tan lejos de tu tierra...
Aquí estoy, las manos abiertas... no hay nada para ti, no hay nada que ofrecer...
La lluvia no tardará en llegar, lo he escuchado en el magullar de las hojas...
El temblor de los árboles ha susurrado... dime viajero ¿lo has oído tu?
Llevas lodo en tus botas, las manos curtidas y los ojos abandonados... ¿ de dónde vienes?
¿Qué has venido buscando en esta tierra como olvidada por todos?
Algo me quieres decir... Balbuceas y te escucho mas no entiendo.
Viajero hablas otro idioma, otras son tus guerras, otras tus desventuras... ¿Qué has venido a decirme?
No soy buena en aconsejar, nunca supe mucho de la vida yo misma.

domingo, 8 de abril de 2007
Desnuda

La muerte tal vez he sido yo.
Siempre supe jugar el juego del amor, siempre supe sonreír a tiempo y ocultar la esencia negra tras un semblante de ojos bizarramente abiertos.
A tiempos logré incluso engañar a mis sentidos...
Pero hoy que he despertado desnuda en mitad de la calle entiendo el peligro de mi disfraz.
Porque ayer alguien irrumpió en mi habitación, ayer alguien se invitó a mi claustro y ayer alguien me desvistió.
No recuerdo con exactitud su rostro ni su nombre.
Recuerdo el miedo.El miedo blanco que amenaza con la verdad.
A él lo olvidé.
Él a mi me olvido
Sólo escuché la puerta cerrándose en el instante mismo en el que te ibas.
Nunca entendí que habías venido buscando, si en mi desnudez lo habías encontrado, si pensabas acaso volver...
Supongo que como todos, la verdad callada te asustó.
Nunca su nombre dijo

martes, 27 de marzo de 2007
Era otoño aquella vez...


.domingo, 18 de marzo de 2007
Por qué escapo, por qué olvido
Parecía no entender mi actuar, mis razones, mi vida. Y no lo culpo, imposible desafío aquel.
Es más que evidente para todos aquellos que me conocieron, me conocen o a su debido tiempo me conoceran, que escapo, que no estoy hecha para perdurar.
Entonces asalta el imperdonable "¿Por qué?". Y es que claro, ellos necesitan de razones para aceptar, necesitan nombres para que sea real.
Quizás es innherente a mi esencia la mobilidad. Podría responderles así pero se con demasía que no llegaría jamás a explicarles de tal forma.
Mi vida es la vida de la mujer que soy y de la que quisiera ser. Ésta es mi dualidad y por lo mismo mi propia complejidad.
No soy, sin embargo, lo bastante real como para perdurar. Nada nunca será lo bastante real para esquivar la huída y el olvido.
Es imperativo para mi destruír lo conocido.
No busco lo eterno, de hecho es justamente a aquello a lo que más le temo. Lo eterno, engaña, lo eterno esclaviza y anula.
No diré que es libertad lo que busco en mi insconstante ir y venir, decirlo sería vanidad, sería pretender que lo humano es supremo (y no lo es).
Busco sin embargo caminos y espejos imposibles.
Vivo y muero todos los días. Existo pero han de saber que más temprano que tarde tendré que desaparecer. Lo que el mundo y sus habitantes pueden ofrecerme no es lo que necesito.
Nadie podrás jamás pretender darme aquello de lo que carezco asi que por favor no hinchen sus pechos y se crean mis salvadores, no lo son.
Es cierto que he amado, que he querido amar pero ¿por cuanto tiempo? No por mucho.
Los hombres saben bien herir mi carne mas enmendar lo perdido, no saben.
No me conocen; yo no he querido que lo hagan pero tampoco podrán. No saben, no pueden...jamás sabrán, jamás podrán. Son limitados, periodicos, lo siento.
Y quizás en mi tránsito he jugado a que me entiende pero ,desengañense, ha sido sóla y
únicamente por no desilucionarnos más.
Hace no mucho tiempo existió, como siempre han existido, un hombre en el cual vi un deseo profundo y sincero por conocerme y hasta cierto punto le entre abrí mis puertas. Pude ver su contento y su gloria de creerse conocedor de una esencia oculta. Pero llego ese punto, impreciso, en el que lo tuve que dejar, tuve que olvidarlo. ¿Por qué? Porque su ilusión era tamaña y peligrosa, no para mi, pero para él. Claro que las razones que le dí, el por qué lo dejaba no eran éstas que hoy expongo. Pero en el fondo lo abandoné porque habíamos llegado a callejón sin salida. Yo no podía ofrecerle nada más ni él a mi.
Él quizo ser mi amigo. Pero no sabía que yo no necesitaba su amistad, porque en ningún caso él podía darme lo que yo necesitaba. Fue sólo saciarle su deseo por saber de mi lo que permití y en lo que se basó nuestra relación.
Hoy por hoy entiendo su perdida mas en ningún caso me ha dolido. No porque no me duelan los detalles pero porque mi vida busca un desenlace mayor y mantenerlo a mi lado sólo podía cerrarme caminos y empequeñecer mi mundo.
El olvido fue rápido y no quedaron marcas. El tiempo compartido fue minimo y casi una quimera.
Yo jamás lo conocí y así el olvido tenía calle abierta para extirpar pequeños y ambiguos recuerdos.
No me faltaron sus gestos, ni su esencia pues nunca los tuve, nunca los conocí.
Nuestra relación fue unilateral jamás simetrica.
Él obtuvó en cierta medida lo que buscaba, yo le di lo que pude darle.
No me aferro a las cosas, el pasado que antes me protegía del dolor llego un momento en dónde me causaba dolor y entonces tuve que desligarme, olvidar.
Lo que puede parecer un acto de egoismo no es sino un acto sordo por en un futuro inmediato ser mejor.
Si no escuche sus palabras, sino vi sus deseos fue porque en mi algo gritaba más fuerte. Y antes de entregar dicha, tenía que yo misma encontrar mi dicha.
No es que él no me importe, osea ya no, pero antes, fue simplemente que su dolor no encontraría balsamo alguno en mi dolor.
Fue mi decisión. Mañana será la suya.
Fue mi tiempo, mañana será su tiempo.
Hoy renací.
viernes, 2 de febrero de 2007
Dialogo inconcluso entre un ángel y un fin o Intento de monologo imaginario

-¿Cuando mueres tú?- preguntó con esa voz que arrastraba trozos de azúcar.
- Creo que todos los días- cerré mis labios para no gritar.
- Yo quiero morir también.- susurró.
- ¡Ven! Muramos juntos.- exclamé, empapada de extraña certitud.
Y así, nos tomamos las manos, la suya guardó la mía, y corrimos calle abajo. El cemento húmedo amortiguaba cada paso, cada paso más cerca de la muerte. ¡Que ingenuos que éramos! Queríamos morir un momento y vivir lo que nos quedará del día. Quizás lo lográramos, pero la voz de una madre enojada, pudo más que nuestros sueños. No logramos morir un momento. Lo siento.
La calle recuperó su halo de cementerio abandonado. Y nosotros, niños, perdimos la risa de una calle primaveral.
La vida a la vuelta de la esquina.
No queríamos creer, queríamos saber, queríamos ser.
-¿En que crees tú?- me pregunto una noche última.
- No lo sé, pero creo, me basta creer.- dije y pensé "¿En que creo?"
- Yo no sé bien si creer. ¿Gano algo creyendo?-
- Ganas tanto como pierdes al vivir-
- Pero yo quiero morir, acuérdate que me prometiste morir juntos.- Una promesa más que no he cumplido. Callé. El comprendió mi silencio y calló también. Fue entonces que descubrí que éramos amigos, el silencio no era molesto entre nosotros. Sabíamos callar a tiempo y a des tiempo. Hablar era cuando no queríamos pensar, callábamos para ser.
Nuestro idioma secreto.
Buscábamos entonces tesoros, queríamos lo imposible y nada más, éramos héroes, éramos dioses.
-Quiero ser princesa-
- Se princesa- que lógico que era.
- ¿Me ayudas?- reí con risa fresca.
- No lo dudes- respondió el, que lógico que era.
Abrí mis alas en su busca, quería ser princesa. Entonces, lo vi. Vestía, me avergoncé, yo llegaba desnuda a una cita muchos años tarde. Rió de buena gana. Reí con el.
No preguntó el porque de mi retraso, yo tampoco lo mencioné, era más fácil, siempre será mas fácil el no mencionar lo obvio. Llegaba tarde porque no sabía volar. Tuve que caminar.
Muchos años quedaban atrás. Apenas y conocía su voz. Pero jamás lo olvidé, el por su parte si lo hizo. No lo culpé entonces no lo culpo ahora. El, ahora me recuerda.
Nos vivimos unas horas. Luego moriríamos solos.
Solos al final, solos, lo juro.
Muchos años pasaron y nos volvimos a encontrar.
Sentados, juntos, en una fría acera, de cruel gris, jugamos.
-¿Tú eres católica o no?-
- No, cristiana.-
- Ah! Cierto.-
- Creo en Jesús, no en una institución. Creo…- ¡Creía al fin!- creo que Jesús si se casó con María Magdalena, y que su sangre esta aquí, entre nosotros.-
- Jesús político- rió.
- Jesús en todas partes, Jesús en un loco, Jesús en un padre alcohólico, Jesús en un prisionero… Jesús en dos adolescentes sentados en una fría calle, hablando de él.-
Jesús apareció, lo sentí, y me susurro al oído que ya era hora de arriesgar el todo por todo.
- ¿En que piensas?- preguntó.
- Pienso acaso si una noche, muchos años más tarde, tú también me pensaras.- dije pensativa, casi filosófica. Que típico mío.
- Es muy probable…- calló. Y reconocí en su silencio una promesa que no estaba seguro de poder cumplir. El sabía bien que el tiempo desgastaba y que más temprano que tarde un muro se alzaría entre su casa y la mía. Y no bastaría, entonces, quererse para volver a verse.
Un silencio de cripta, húmedo y hasta fangoso se nos incrusto. Sellaron nuestros labios y escarcharon el pensamiento volátil.
Tomó mi mano. Se estremeció mi cuerpo y entumecieron mis venas. Era un gesto tan repentino, tan poco él. Lo miré, le sonreí, sentí como la sangre de mi cuerpo pintaba mis mejillas. Enternecido por un gesto como ese, acarició mi mano que para entonces ya se perdía en la suya. El era el final y yo talvez un ángel cualquiera, sin gracia, caído. Reconocí entonces mi par de alas rotas. No podía volar. Era entonces y para siempre prisionera. Cuanto tiempo me había tomado descubrirlo. Mucho más de lo necesario, el lo presentía ya, lo adivinaba en sus ojos. Con el tiempo se hizo vidente y ya no quedaban secretos por disimular. Las inútiles magias de un amor, habían de perder todo su encanto en un instante.
El rumor caprichoso de un final cada vez más inminente. Y quizás por primera vez en mi vida tuve miedo. Ese miedo blanco que anuncia la crecida del mar y de sus tormentas. El miedo ancestral de no saber luchar contra el enemigo… el tiempo y sus destiempos. ¿Cómo resolver las distancias con el simple parpadeo de unos ojos bizarramente abiertos? Imposible desafío. Presagios de una extinción.
- ¿En que piensas?- preguntó, había aprendido bien a preguntar y muy tarde a responder.
- En nada- mentí, no sería la primera vez pero aún así, no sé por qué, me sentí culpable. Mentir sobre el pensamiento era algo tan básico como sumar pero me parecía tan incorrecto mentirle al fin, aún sabiendo que él algún día lo descubriría, tendría que hacerlo. Quizás fuese la certeza que aquella mentira no tendría sentido lo que me martirizó.
- Aún tenemos tiempo- anunció seguro.
- ¿Tiempo para qué?- pregunté aún sabiendo la respuesta.
- Tiempo para darle al tiempo, tiempo para olvidar que aún nos queda tiempo para sobrevivir.- Tenía razón. Y hoy lo lamento. Tuvimos tiempo aquella tarde pero nos faltó tanto tiempo después. Tiro y aflojas, el desvío fue más brusco que lo planeado y ahora tan solo recuerdo tu rostro más no lo veo. ¡Mis manos aún recuerdan tu anatomía, tan imperfecta como la mía! Imperfectos seres que juntos vislumbraron un segundo la eternidad más perfecta de una amistad cenicienta y moribunda. ¡La perfección de una muerte por venir! Nada más bello que un cuerpo cayendo en el abismo.
Reí.
Y ya nada recuerdas de la nada que fuimos, si es que alguna vez fuimos. ¿O es que en tu sabiduría el olvido es una ciencia? Quizás la mas exacta de todas, la más humana.
Y no volviste a hablar, callaste, y sentí como me dolía tu nombre en todo el cuerpo.
- Me tengo que ir- anunciaste. Te miré y sonreí. ¿Reconociste en mi sonrisa el adiós prometido? No. Aún creías que podríamos luchar contra nosotros mismos. ¡Que ingenuo! Pero no, no podríamos y finalmente no pudimos.
Sabías para entonces quien eras tú, un trabajo de psicología lo había confirmado, yo en cambio me alejaba, a cada paso, de mi esencia, no sospechaba aún lo que sería, tan poco me importaba entonces. Quizás de haberlo sabido en ese instante, doblando esa esquina, nos hubiéramos mantenido. Pero estaba escrito, de una vez y para siempre, que cumpliríamos esa edad y la autonomía nos engañaría y nos alejaría. Descubriste entonces el peligro de estar vivos. No quise ser yo pero tampoco tú quisiste. Nos perdimos en un mar de presagios y desventuras venideras. Sabíamos bien la tormenta que se avecinaba y no lográbamos tener miedo. La certeza se yuxtapuso a la ansiedad y nos resignamos, frente a frente, a perdernos.
No pude, sin embargo, enfrentar tu perdida. Quizás nunca lo haga. Más no me aflijo, pienso en un pasado viviente, y te tengo para siempre. Te poseo como nadie lo ha hecho, te poseo en el recuerdo más íntimo y clandestino. Te transfórmate en una entraña, creciendo, así, silenciosamente, a la par de mi vida y de la tuya más creciste mío. El cuerpo termina tarde o temprano desvaneciéndose, carcomido por gusanos y olvidado por los demás. Pero el recuerdo… el recuerdo prevalece en el sueño. Y es así como te quedas por siempre conmigo aunque yo desaparezca de tu lado.
¡Al fin eres eterno!
Lo humano, olvide decirte, es lo que yo he hecho de ti en mis cuentos y fantasías. Tú no eres para mi lo que otros ven, ni siquiera lo que tú crees ser, eres el personaje que he querido y he creado… una simple ficción, una sombra… nada más. Pero me basta. Basta con saberte vivo, de la forma que sea, para no perder el aliento o la ilusión. ¿Perderte? No lo haría. ¿Dejarte? Ya lo he hecho. Y entonces no distingo el umbral que nos aleja, la frontera que cruzo o cruzas, hacia la otra orilla.
- Nos vemos antes de lo esperado- prometiste.
- ¿A sí?- pregunté algo confundida. ¿De donde venía tal reflexión sobre un futuro incierto? Tan solo divagamos, nada era real ni permanente, todo se iría con la primavera y sus flores, hasta la próxima primavera. Volvimos a callar. Las palabras no encontraban la salida, el pensamiento se desvanecía. Las mentes atrofiadas por un acto de humanidad. Y ya estábamos frente al barranco prometido. ¿Quién saltaría primero? ¿Quién sería el cobarde en abandonarse, primero? Nos miramos, como si se nos fuera la vida en aquello. Busqué su mano, me la ofreció sin mirar, y con toda la fuerza que encontré, prometí a voz muy baja, casi para no prometer, que juntos saltaríamos, que seríamos los dos o ninguno. Asintió. No quisimos, no pudimos mirar hacia abajo, hacia el futuro. –Uno, dos y tres- cuales niños jugando, saltamos.
Caíamos, nada nos podría proteger. La caída era libre y sin argumentos, caíamos porque presentimos que teníamos que caer…nada más. Porque sí. ¿Y la lógica? No teníamos, ni tú, menos yo. Te dejaste llevar, quizás tan solo me seguiste, quizás yo te seguí a ti, quizás ambos nos seguimos sin saber por qué. Porque te quería. Por miedo a perderte, una vez más.
Y es que, no eras tu mi príncipe azul ni yo tu princesa. Éramos tan solo personajes de una novela singular. Un quijote y un sancho, un sueño y una realidad… nada eterno, no estábamos hechos para perdurar. Y ambos lo sabíamos desde siempre y para siempre. Lo lamento. Este era sin duda el final del que tanto hablaban los libros, de los que solía contarte. El final, eras tú. Y yo, quizás, solo un presagio de un sueño, un mal sueño.
Seguimos nuestros pasos, a destiempo a contra tiempo, al margen del reloj y de sus inútiles minutos. Debíamos de encontrarnos, una vez más y volver a surcar las calles. Lo sabíamos. No éramos eternos pero siempre habría algo que nos llamaría. Habíamos de construir nuestras vida, juntos pero sin tenernos.
Y así fue como una trémula invitación nos reunió. Nos miramos confundidos, sin saber que decir, hacia muchos años ya que no nos veíamos. Quizás nos habíamos olvidado… quizás. Sonreí tímidamente, dolieron mis labios y supiste que hace mucho tiempo que no sonreía. Devolviste la sonrisa y me ofreciste tus brazos.
- Te extrañe-
Callaste. Me miraste, nada más.
Caminábamos nuevamente, siempre habríamos de caminar pero esta vez algo parecía distinto. Esta vez, era yo, sola sin otro nombre que no fuera el tuyo en mis labios, hace tan solo unos días había de terminar una larga relación. Caminantes, caminábamos. De pronto, bajaste los ojos y dijiste asombrado - ¡Mira! Caminamos sincronizados.- Era exacto, por quizás la primera vez nuestros pasos habían de seguirse al mismo ritmo.
¡Habíamos descubierto la magia!
Nos tomamos las manos, muy fuerte, como diciendo "No te vayas". Y continuamos nuestro viaje, por calles primaverales. Esta vez decidiste romper una rutina, y aventurarnos en parques vírgenes, nuevos caminos, nuevas luces. Todo un horizonte se abría expectante, nada sabíamos de lo que vendría, era la exquisita sensación de lo desconocido.
Una tarde de memorias y de mil cuentos. Todo era risas. Éramos mayores entonces, éramos más de lo que habíamos sido antes. Cobijábamos sueños venideros así como la posibilidad del error que esto conlleva. Habíamos, por fin, pisado tierra y sabíamos bien que lo que viniese después de este viaje, habría de ser el camino más definitivo.
Pero mientras durara la tarde, acariciaríamos encuentros y nada más. No hacía falta despertar a la conciencia. Nos bastábamos entonces. ¡La ilusión más perfecta! De ser un momento, nada más.
Frente a tu puerta, esta vez sería yo quien te acompañaría, nos despedimos, sin malos presentimientos, las mentes vacías y los ojos llenos.
- Nos vemos-
Seguramente algún día nos volveríamos a ver.
-¡Despierta!- Todo fue una ilusión.
martes, 30 de enero de 2007
La historia de aquella mujer...

Quería mostrarse sin máscaras ni armaduras, querían la vieran en la esencia más extrema, quizás esperaba de igual manera la quisieran.
Se supo mujer amante mucho antes de conocer las palabras y sus peligros. Y creyó entonces que el tránsito sería templado y seguro.
No sabía que el tiempo no creería en ella con ese fervor con el que se empecino en llenar sus venas.
Nada fue como esperado. Al final, se dice, nada nunca lo es.
¿Por qué esperar aquello que el mundo es incapaz de darnos?
Pero esperó, pero creyó...
No sabía, no nunca supo...
Una noche cualquiera, en ese minuto impreciso y olvidado por todos, vio como sus sueños despertaban para sufrir de insomnio crónico.
El mundo era ese abismo del cual no podría escapar.
No sé si lo aceptó, no sé si entendió o si simplemente se negó.
"Tiene que haber algo más" Se obligó a creer.
Se hiso, por necesidad, una mujer en el desierto.
Mujer por vivir, un desierto por no ver.
Quería vivir y no ver.
Y así vivió, así creyó vivir. Se coronó princesa de un castillo de arena y buscó refugio en la más alta torre. Esperaba acaso aún un príncipe aparecer. Nunca lo sabré.
Vanos fueron los años pero no cedió.
Cuando una mujer decide olvidar, el olvido es irreversible.
Olvidó.
Extirpó recuerdos, señales, esperanzas y en su lugar puso máscaras, imitaciones, ideales.
Nadie nunca le conocería.
Temía demasiado ser herida, una vez más.
Desnuda....
Desnuda de hojas en pleno verano, se encontró una noche tirada en mitad de la calle.
Alguien había de arrancar su armadura de cristal, ver su interior y marcharse.
Abrió los ojos a destiempo, se vio desnuda y contuvo la respiración. Se miró una vez más y esta vez gritó. Gritó con sonido sordo y desde sus entrañas. Nadie la escuchó.
Así la encontré, temblaba, tumbada en mitad de la calle.
Parecía un ángel caído, alguien había de llevarse sus alas.
Quise arroparla, arrancarle el frío de sus huesos pero como una fiera ella me alejó. Vi entonces el miedo en sus ojos bizarramente abiertos. Crisparon sus manos y de su boca vi nacer un demonio.
Rugía dolor y entonces sentí miedo.
Parecía sólo una niña y entendí que la mujer no es por su cuerpo pero por el dolor que en el retiene.
-Alejate, por favor, que vendrán por ti- me dijo, los labios escarlata y la voz deformada.
Intenté responder y me dio la espalda. Seguía en el suelo húmedo, como un feto en el liquido materno.
Se hiso sorda. Yo perdí la voz.
Así la abandoné, así la olvidé....

La mujer del desierto encontró alas en el cemento y supongo se alejó. Yo no la vi...
Me pasa de vez en cuando verla tumbada en el suelo y estremecerme ante la posibilidad de que aún está ahí, temblando.
La habitación
No pretende ser un gran texto pero creo bien refleja la desilución y la ansiedad que en algún momento sentí.
El mundo no es siempre un jardín un rosa y duele vivir. Somos todos reos en una habitación.

No hablen, que nos escuchan, susurren.
No quiero que nadie se entere, que nadie salga ileso de esta blanca habitación, donde duermen plegadas mis alas.
Ni siquiera Dios, que bien se esta solo y desesperado como yo. Pero no le abran las puertas. Déjenlo errar entre los vivos, no dejarlos vivir, como ellos hicieron con él, mientras vivía.
Callen. Que odio a la felicidad, que me ha quitado lo poco y nada que me hacía feliz. Y ahora rugen mis huesos por venganza. Quiero que el mundo calle para gritar mi desencanto, mi maldición.
Habitantes transitorios de esta habitación, los tomo rehenes, los condeno a leerme sin oír. A que sientan lo húmedo de estas paredes, a que desciendan conmigo en mi viaje dantenesco. Apago las luces. Bienvenidos a la nada. Les habla el personaje que viste de desnudes sus pecados.
Yo que amé, yo que muero en este agotamiento de encender velas a los muertos, que nada podrán venir a reclamarme, yo que vivo ilegalmente, sin papeles, en esta vida de la cual todos se hinchan. Yo y nadie más, les grita, los acurruca de palabras secas en un tintero embotellado.
Ahora bien, reconózcanme, mírense, y luego olviden. Olviden el mundo de gargantas abultadas, la plaga de palomas urbanas, el rebaño de ovejas cabizbajas y conviértanse en lo que yo he sido, parásito de esta fabrica, porque no produzco, porque finalmente no soy rentable, soy loca y me aíslan y me encierran. Ahora yo los aíslo, yo los encierro, yo les grito y yo los creo. Porque solo a los locos, a los ángeles caídos, nos huele la carne de enfermo, nos duelen los huesos vulnerables y nos asechan las flaquezas inhumanas.
No importa si la inercia del mundo los lleva gestar botellas vacías, me importa que en estos cinco segundos de ceguera sufran lo que yo he sufrido. Que duelan los pragmatismos, las imágenes y que le declaren la guerra a la Magia y al acopio de derrotas diarias. Que sientan, lo que yo siento, yo enemiga. Quiero que sepan que, yo, aún a costa del riesgo me niego y no me rendiré jamás. Si se asustan, si sucumben, si miran de arriba a bajo y no Lo ven, no hay problema para entonces ya habrán caído tan bajo que no serán ustedes.
No hablen muy alto, que estoy angustiada, con tanto por escribir y tantas rendiciones a la rutina y a la materia, tantas veces las rodillas hincadas en el suelo. A veces, me cuesta seguir, y aunque me parezca injusto, me empeño en conjurar todos esos humos de mentiras y bocas de ciegos desdentados. Ya no puedo elegir, ustedes tampoco podrán, es Mi deseo. Me hago carcelera de mi prisión, que decido compartir con ustedes. ¡No me miren piadosos! No soy victima, soy Díos.
La misericordia será mía o no será.
Ahora, cierren los ojos, que no quiero me vean. Ustedes que antes jamás habían querido verme, no supliquen lo que ahora les niego, solo porque no quisieron antes. Vuélvanse yo, sientan la indiferencia humana rasgar sus frágiles máscaras de cartón desechable. Como Edipo arranquen sus ojos, porque son culpables. Yo los miraré, piadosa. Yo que también arranqué mis ojos, pero por odio a ver las cicatrices que sus fusiles tatuaron en mi piel.

Ahora, mis yemas sangran, ha sido a su pulso que he construido este castillo, que he forjado esta absurda prisión. Y con su sangre remendaré el elixir perdido. Sacrificados como animales, beberé de sus cálices, me hastiaré de su esencia, me ahogaré en su materia. Succionaré sus vidas para no morir por falta de la mía. Seré Dios, me alimentaré de vidas ajenas para no morir en el olvido y en la falta de existencia. ¡Qué ilusión más perfecta! Yo, un Dios, ustedes, reos.
Callen. No hablen, susurren.
Las puertas se abren, corran, escapen pero no olviden jamás que la prisón más perfecta es aquella que nosotros mismos creamos. Y que no basta sentirse libre para romper las cadenas que con el tiempo hemos forjado, a nuestra exacta medida.
domingo, 28 de enero de 2007
sábado, 27 de enero de 2007
Le désir des choses simples

Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el
pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes
verdades
o las más grandes mentiras
que me
dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del
mundo
que me quieres mucho
cosas así tan
sencillas tan repetidasGioconda Belli
Es un deseo de cosas simples
Es querer una flor cogida de un jardín
un beso antes de dormir
la comida que hacía mi abuela
una tarde de verano; floja y regalona
Es el buscar lo pequeño de la vida
Y ser feliz con aquello....
Entiende
soy pobre
y sólo me basta
un sueño
un beso
para vivir
Quisiera entendieras mi idioma...
No sólo las palabras que conozco pero aquellas que ignoro, aquellas que invento...
Quisiera que me miraras...
Y me vieras...
Desnuda...
cuando
visto...
Descalza
cuando calzo
tacones...
No te pido el mundo, que el mundo no quiero
Quiero simplemente me digas...
Dos palabras
La mentira más grande
Pero quiero que si me la dices tú, sea la verdad más grande
No me importa si soy ciega y no te veo
y no veo si te marchas
o te quedas
No me importa si perdura
o si simplemente marchita
Entiende
Quiero lo simple
Que es tanto más difícil de entregar....
No pretendo te quedes hasta mañana
ni que me llames luego
No quiero promesas
No las busco
Quiero aquello que el mar luego borrará
Quiero tu huella en mi piel
Como la huella en la arena
Quiero..
Amor....
Amor que no es tiempo
Amor que no es promesa
Amor que no es nada
Amor que es...
Amor
Un désir des choses simples
viernes, 26 de enero de 2007
Dejar el pasado atrás



